El Prat y la inercia de la mala política

Carles Enric
5 min

No se preocupen, que estas líneas no entrarán al detalle del desarrollo de los últimos acontecimientos en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat. Para eso disponen de cumplida información en este medio. En estas líneas vamos a analizar lo que podríamos llamar la inercia de la mala política.

Supongo que pensarán que es un título muy rimbombante para mediados de agosto. Pero verán que tiene su qué. Giremos la historia. Si algo hemos inventado en España, Cataluña incluida, es copiar modelos. Aunque es algo cercano al tópico de la antigüedad lo podemos ver también en el mundo de la tecnología. No hay día que una nueva start up aparezca con un “invento” que, tristemente, es una copia del invento de un tercero.

Esa tendencia a coger ideas ajenas no es sólo del mundo de los negocios. La huelga y el chantaje de los trabajadores de Eulen también se han dado en la política y la sociedad. Si un gobierno como el de Puigdemont infringe la ley —nadie le dice nada, también chulea y chantajea a quien no piensa como ellos—, ¿por qué no hacerlo en otros ámbitos sociales? Por ejemplo, pidiendo un aumento del 30% de los sueldos, y si no, ¿te bloqueo el aeropuerto? Misma táctica de Puigdemont, la inercia de la mala política.

Lo peor de Cataluña no será el 1-O, sino reconstruir el territorio tras el paso de una banda sin otro oficio que poner la mano para cobrar a final de mes

Cuando esa práctica se la colocan a la consellera Dolors Bassa —otro currículum siempre pendiente del dinero público— se enfada y patalea. Está claro que el Govern es especialista en chantajear pero se siente incómodo cuando se lo hacen. Y señores y señoras del Govern, ¿qué cojones piensan que es negociar en la empresa privada? Ustedes llevan el día pelándose de dinero público y piensan que la vida es ordeno y mando. Les digo que se equivocan.

La vida es negociar a diario. Han roto la baraja por incompetencia e ineptitud y han trasladado su forma de actuar, nefasta en política y horrible en la vida, a cualquier ámbito de Cataluña. ¿Cómo quieren respeto si ustedes no respetan ni las leyes? ¿Cómo quieren que en una reunión alguien no se ría en su cara si su máxima experiencia profesional ha sido chupar dinero público tras dinero público? Nunca hay que defender un chantaje, pero es cachondo que la inercia de la mala política de Puigdemont y su banda les enfrente a su misma realidad.

Hace unos días se olía el hedor de las meadas de los cuperos ante los Mossos en el cuartel de la Guardia Civil. Tufo en su huida hacia las casas de sus papis (eh que sí, guapis!) tras la manifestación fallida. Ahora ha llegado algo peor que el hedor, la profunda humillación. La vergüenza ajena de ver cómo consellers y conselleres —según A. Mas de los mejores— son sonrojados en una simple mesa de negociación. Lo dijimos hace tiempo: lo peor de Cataluña no será el 1-O, sino reconstruir el territorio tras el paso de una banda sin otro oficio que poner la mano para cobrar a final de mes. No olvidemos que la gente con un pasado vergonzoso acostumbra a tener un presente oscuro, pero sobre todo un futuro negro.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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