No podemos, no debemos olvidar

Carles Enric
3 min

Aquellos que llevamos años escribiendo sobre el mantra del procés tenemos la sensación de que algunos nuevos políticos tienen mucha prisa por tapar estos años desgraciados. La percepción, desde fuera, es que para ellos es ideal la situación de Cataluña de los últimos 40 años. Y que harán todo lo posible para esconder lo pasado últimamente.

Dentro de la libertad de cualquier pensamiento, debemos decir con voz alta y clara que lo pasado estos años no sólo ha cambiado el pasado sino que, sobre todo, debe cambiar el presente y el futuro de Cataluña. No sólo ha muerto la unidad de acción del catalanismo respecto España, sino que ha sido derrotada --no por goleada, eso nunca debemos olvidarlo-- la Cataluña unida en una misma línea con un mismo discurso y una misma reclamación. Ahora, guste o no guste, hay dos Cataluñas o sólo una Cataluña pero fracturada.

Esa situación no había pasado en 40 años seguramente porque una parte de la población estaba dormida y aceptaba como normal una sociedad casi feudal al mando de unas pocas familias. El procés en algo ha sido excelente. No sólo ha roto ese pasado, proveniente de la época franquista como hemos recordado en las últimas columnas, sino que ha volado por los aires --y eso es muy positivo-- el silencio del dogma de fe en Cataluña.

Por eso, actitudes provenientes en general de gente alejada de Madrid, aún en algún caso con origen catalán, deben ser castigadas no sólo en el discurso sino también cuando llegue el momento en las urnas. Los catalanes no podemos, no queremos, no necesitamos olvidar estos meses, estos años, para sentirnos mejor. Más bien todo lo contrario, queremos avanzar en una dinámica para romper con tradiciones feudales que han dominado esta parte del territorio desde hace excesivos años.

Quizás algunos políticos de fuera de Cataluña deberían haber estado aquí en los meses duros. Es muy fácil venir, ir a un buen restaurante, a un buen hotel, echar unas sonrisas, quizás incluso alguna cana al aire, y creer que todo es fantástico. Pero igual que hemos criticado a los anteriores gobernantes, debemos poner en aviso a los actuales, que un gobierno gestiona desde un despacho pero siempre debe tener uno o los dos pies en la calle. Enric Millo era un mal informante, era parte del sistema. Miquel Iceta o Batet, nadie lo dude, también. Con ellos aconsejando, el futuro es negro.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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