Más allá de Colau y Rufián

Carles Enric
6 min

Ciertamente llevaba todo el día pensando en escribir sobre algún personaje del siniestro binomio Colau y Rufián, Rufián y Colau. Monta tanto, tanto monta. Sobre el número uno de ERC en Madrid esta columna, este medio, fue el primero, hace ya unos meses, en descubrir sus 'cualidades ocultas'. Entonces el poeta Rufián era aún un tipo bien desconocido. Ya ven que incluso escribía versos en la intimidad. Curiosamente, tras estos meses, ni una coma debemos mover de aquella ya lejana columna. Quizás deberíamos incluso plantearnos cierta culpa de la paternidad de tal personaje.

Sobre Colau... seamos sinceros, ¿qué cojones vamos a decir que no se haya dicho ya? Ha actuado más que ha vivido

Sobre Colau... seamos sinceros, ¿qué cojones vamos a decir que no se haya dicho ya? Ha actuado más que ha vivido. Un trauma muy común en nuestra sociedad. Aunque su mayor problema es que no ha pegado golpe en su vida. Por no hacer, estilo Puigdemont, ni una carrera ha podido finalizar, eso sí, beneficiándose de una beca erasmus cuyo fin recordemos no es viajar sino estudiar.

Vende su pasado como revolucionaria, destacando en su novelesca biografía grandes frases como: "Me quedé a 30 créditos de la licenciatura. En casa no había dinero y pronto tuve que buscarme la vida". Eso sí, la chica se cascó un 'interrail' (vaya, como yo, y no era gratis para un estudiante, pero a ella le pagarían los papis). Iba de vacaciones a Arbúcies y al Montseny --como cualquier familia sin recursos, claro--. También se 'pagó' un Erasmus (curioso, como yo; recordemos que los Erasmus de esa época --la mía-- tenían becas miserables). Pero, claro, no pudo acabar la carrera por 'temas económicos'. A mí, como creo que a muchos lectores, para hacer todo eso nos tocó trabajar al mismo tiempo que estudiar. Pero ya sabemos que Ada es alérgica a esas cosas. Es más bonito fingir un currículum, actuar sobre un pasado, que haberlo vivido. Por cierto, olvida en su biografía grandes momentos 'individuales' (porque no hay nada como jactarse de actos en común cuando uno lo hace estúpidamente solo) como la Abeja Maya o su serie en Antena3.

Mientras pensaba en cómo enfocar mi columna sobre esos personajes me he cruzado con gente. Gente que parece orgullosa de su pasado, con poco que ocultar. Poco que actuar y mucho que vivir. Gente fruto del esfuerzo real. Gente educada, silenciosa a veces, pero siempre agradable. Quizás incluso podrían ser los padres de esos dos personajes grotescos. Como, por citar, lo fueron mis abuelos o los suyos. Confieso que estaba hace unos minutos, papel y bolígrafo en mano, tumbado en una hamaca tras un circuito termal en un hotel de media montaña del norte de la Península. La única persona allí con menos de 50, e incluso diría de 60 años, era yo. El resto, viajes del Imserso. No es que lo expliquen, es que se nota que lo viven. Una experiencia única.

Ambos personajes se han beneficiado del esfuerzo de muchos en este sistema social imperfecto. Han roído su posición asaltando lo que otros han logrado con esfuerzo

He tenido la suerte de conocer a mucha gente mayor. Me gusta escuchar sus historias. Todos tenemos un pasado. Algunos más glorioso, otros más intenso, otros ciertamente más aburrido y monótono. Cada uno, al final, vive la vida que quiere vivir. Las circunstancias son las que son pero, con voluntad y esfuerzo, todos podemos salir adelante. Algunos, acabar carreras, otros vivir de la farándula. Elegir el camino no siempre es fácil, pero sí es cierto que es nuestra responsabilidad, nuestra, única y solemne.

Uno echa la vista atrás e imagina qué hubiera sido de personajes como Rufián y Colau en los duros años 50 ó 60 de nuestros abuelos. Más allá de la imaginación, parece difícil no pensar en ellos como dóciles elementos del sistema. Porque, aunque no lo crean y esa es la clave, ambos personajes se han beneficiado del esfuerzo de muchos en este sistema social imperfecto. Han roído su posición asaltando lo que otros han logrado con esfuerzo. Son el prototipo de personaje siniestro surgido de un sistema siempre mejorable. Y su punción dolorosa es tal que su fin no es ya mejorar sino perpetuar a los suyos. El Ayuntamiento de Barcelona como claro ejemplo. Esto no va de méritos, va de amigos.

Por eso, más alla de Rufián y Colau, me quedo con esos abuelos que disfrutan en el circuito termal mientras un simple columnista va pensando en qué escribir. Quizás sea fácil criticar a personajes, quizás sea sencillo desdibujar su escaso talento. Pero, la verdad, trazar su escaso pasado real, sus mentiras, sus falsedades, sus currículums sesgados por la vaguedad es más interesante. Nunca pediré que un presidente, un alcalde o un diputado deba tener un título, o una carrera. Pero sí que no mientan. También que se hayan esforzado como el que más. Para gestionar gente, uno debe haber vivido como la mayoría de la gente. Esfuerzo, lucha y formas. Vivir la vida de los otros, como estos personajes hacen, es simplemente una película. Y todos entenderemos que el dinero público no puede ponerse en manos de gente que no vive sino que interpreta su vida. Porque, al final, esto no va de tener un Oscar sino simplemente de gestionar dinero público.

Artículos anteriores
¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

Comentar
EduardoPinzolas 16/03/2016 - 11:41h
Cuando alguien escribe (o se hace escribir) su biografía y empieza (o se hace empezar) de esta guisa: “Nací la madrugada del 3 de marzo de 1974 en Barcelona. Pocas horas antes, el régimen fascista de Franco asesinaba en la cárcel Modelo a Salvador Puig Antich, un hecho que mi madre me ha recordado aniversario tras aniversario y que ha marcado mi compromiso…” no hace falta seguir leyendo lo que ha puesto (o se ha hecho poner) detrás, porque sabes positivamente que ese alguien es pura fachada y que, si miras detrás, sólo verás vacío y largos, negros y polvorientos palos apuntalando la fachada. Ada Colau es eso: fachada (generosa, eso sí, tipo Rubens), pero nada detrás.
¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información