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Admito que hoy me he levantado a las dos de la tarde. Una mañana lluviosa. Realmente está lloviendo desde que llegue a mi destino, ayer por la mañana, en el norte de España. Fue levantarse temprano para coger un avión, luego conducir 200 kilómetros, buena comida, relajación, temperatura ligeramente por encima de los 0 grados y lluvia. Ya saben, tiempo para olvidar todo.

Aquí, en medio de ningún lugar, apenas encuentras gente. Pero no hay persona que no te pregunte por Cataluña. Y la verdad es que mi respuesta se mueve entre la que creo lógica de "están acabados y no tienen nada que hacer", y la menos lógica viviendo inmerso en el conflicto de que "quizás acaben engañando a todo el mundo". Entre ambas opciones surge la gran duda de qué visión tendrá razón.

La razón, ya ven, la razón. Una palabra que en Cataluña no tiene ahora realmente mucho significado. Si fuera por ella y por la lógica, nunca habríamos llegado tan lejos. Tampoco hace falta ignorarla. La razón de otros quizás nunca es nuestra razón, pero, al fin y al cabo, es un hilo argumental para algunos sobre el que basar su línea de actuación. No ser nuestra razón no es atacarla. Pero, por eso mismo, debemos contraargumentarla.

Si fuera por la razón y por la lógica, en Cataluña nunca habríamos llegado tan lejos

Cada vez veo a más gente que ha olvidado que la palabra es la base de la política. Aquellos que priman su voz sobre el diálogo son precisamente los que violan la palabra cada vez que se opone a sus intenciones. Hablar, dialogar, siempre debe ser el mejor camino. Pero cuando el diálogo es monólogo, las palabras son amenazas o los gestos son odio, uno debe pensar en que es más bonito escuchar simplemente el ruido de la lluvia.

Lloviendo, nevando, haciendo frío, alejado de casa, uno puede ver las cosas con más claridad. No hay nada como mojarse con las lágrimas del cielo para entender que mojarse en un tema es simplemente la mejor forma de entender una situación. Algunos nos mojamos contra el fascismo hace tiempo. Quizás otros deben empezarse a mojar, a sentir la lluvia, para entender que Cataluña ya que no es un tema de política, sino principalmente de sentimiento. Y de verdad, desde la distancia, no hay nada mejor que sentir la lluvia resbalar sobre tu cuerpo para entender cuándo hay cosas que están bien y cosas que están mal.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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