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La mafia catalana

31.12.2015 00:00 h.
6 min

Tránsito de un año a otro. Buen momento para reflexionar sobre esos conceptos, a veces, ocultos en nuestra Cataluña. Digo nuestra porque, aunque algunos lo quieran olvidar, es una tierra de todos. Ya saben, algunos confunden ser catalán con aprovecharse de ser catalán. Algo tan tristemente recurrente estos años. Sin duda, deberá ser estudiado por los historiadores en el futuro. Para entenderlo entonces, y quizás ahora, es bueno usar la palabra mafia.

Mafia, no en el sentido estricto del clan siciliano, sino en el más amplio de la Real Academia de la Lengua: “grupo organizado que trata de defender sus intereses”. Como cualquier organización con una estructura definida. Aquellos que mandan y aquellos que son mandados. Todos, no obstante, con un fin común: “vivir mejor gracias a sus contactos y su forma singular de aprovecharse de Cataluña”. Una mafia requiere de unas estructuras. Curiosamente, por citar el mundo de la comunicación y la cultura, es bien fácil encontrarlas.

Tienen un fin común: “vivir mejor gracias a sus contactos y su forma singular de aprovecharse de Cataluña”

A estas alturas nadie duda que hay medios, editoriales o fundaciones denominadas culturales destinadas exclusivamente a vivir de Cataluña. A saquear el dinero público por medio de subvenciones y otras dádivas. Hay personajes claramente definidos porque han sido incapaces de salir de ese escenario. Como ya hemos citado en otras columnas gente como Toni Soler, Miquel Calçada, Joan B Culla, Xavier Sala i Martín (este, tras su estancamiento en Nueva York) o Mónica Terribas. Todos presentan un currículum cubierto exclusivamente por empresas e instituciones públicas, o con fondos públicos. No se les conoce otra actividad fuera de ellas. Sin la Cataluña actual, ellos serían unos vulgares desconocidos.

Personajes siempre envueltos en una bandera, un himno y un idioma como cualquier activista de la extrema derecha más rancia de Europa. ¿Qué bromas haría el Toni Soler en su “Polonia de la Cataluña de las sonrisas” si un sólo intelectual llevara la bandera española, tarareara el himno o dijera que sólo hay que educar en castellano? Seamos sinceros. Como mínimo sería calificado como un facha de extrema de derecha, sin derechos ni opciones socialmente. En Cataluña, sin embargo, esa extrema derecha gobierna, y se aprovecha de la singularidad de ser catalán. Son catalanes para aprovecharse, no para servir.

Esta mafia organizada, cómo no, tiene diversos escalafones. No todos públicos. Piensen, ¿cuánta gente votante de CDC tiene su sueldo, su forma de vida, asociada a esa catalanidad más rancia? ¿Cuántos catalanes se nutren cada mes del dinero de todos? ¿Miles funcionarios a dedo, medios de comunicación, editores, actores, políticos...? Grupos organizados, en algún caso sin ningún tipo de vergüenza como en TV3, cuyo único fin no es el bien de Cataluña sino mantener su actual estatus. Para ellos, ser catalán es vivir de Cataluña. Algo que cualquier bien nacido nunca haría en su territorio.

La mafia tan organizada, al final es un grave problema social. Cataluña no está fracturada sólo políticamente sino, sobre todo, económicamente. Hay algunos, como los citados y decenas de miles más, que en su vida sólo han cobrado sueldo gracias al poder en Cataluña. En estos días, miren a su alrededor. ¿Cuánta gente puede decir que directa o indirectamente no ha ganado un euro “público” de Cataluña? ¿Cuántos de los que cree que sí han encadenado siempre los mismos trabajos, los mismos contactos? Al final, la mafia no es algo etéreo, sino que es algo que tenemos muy cerca. Y el problema es que muchos ni lo saben, porque han hecho de la mafia catalana su forma de servir al poder. Y ese sí es el gran problema de Cataluña. La mafia catalana no es tan visible como algunos creen, sino que se ha inmiscuido sigilosamente en la vida de muchos. Incluso alguno, sin saberlo, ya forma parte de esa mafia, de ese grupo de gente cuyo único fin es vivir de y saquear a Cataluña.

Mientras reflexionan sobre el tema, no quiero acabar sin desearles un buen final y buena entrada de año. Hay tiempo para todo. Hay problemas que no se solucionan en un día.