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Jordi Baiget, el conseller de Empresa sin empresa

Carles Enric
6 min

Estos días son tantos los dislates leídos que uno vuelve a dudar sobre que escribir. Uno duda, incluso, sobre sí la inteligencia ha desparecido de nuestra pequeña Cataluña. Ya saben, vivimos en "ese país tan pequeño" de la canción del otrora líder de los fascistas Cruzados de Cristo Rey en Figueres, Lluís Llach. Tan pequeño que al final todos nos conocemos. Por eso, todos sabemos los que trabajan. Todos sabemos los que parasitan. Todos sabemos los que rodean, volando en sus alas de papel, sobre la mierda maloliente para simplemente comer a final de mes. Este país es tan pequeño que un pequeño fascista, en la época de Franco, como Llach puede incluso creer convertirse en un adalid de la democracia.

Este país es tan pequeño que un pequeño fascista, en la época de Franco, como Llach puede incluso creer convertirse en un adalid de la democracia

Con esas conversiones tan humanas nada puede ya sorprendernos. Ahora, por ejemplo, el conseller Vila destaca una obviedad para la mayoría de catalanes: "El castellano es parte de la cultura de Cataluña". Mientras el conseller Romeva, en una entrevista en un medio local, Tot Sant Cugat, estrella, nuevamente, la inteligencia contra su absurda realidad: "Nosotros estamos recibiendo muchos líderes internacionales. Entre otras cosas porque el Govern tiene una agenda internacional extraordinaria". Triste cuando uno debe reírse a la cara de sus representantes. Por suerte, queda TV3. Allí simplemente se limitan a censurar la democracia en sus tertulias gracias a los votos de los amigos de la Famiglia, Junts pel Sí y la CUP.

Pero, catalanes todos, a pesar de todos esos personajes grotescos, aún tenemos suerte. Como indica el conseller de Empresa y Conocimiento, Jordi Baiget, en sede parlamentaria --detalle importante el lugar--, no hay huida de empresas de Cataluña. Cito literalmente: "Deslocalizaciones por el proceso no hay, y todos los días se anuncian nuevas inversiones". Pero, ¿qué podemos esperar de un conseller de Empresa que nunca ha tenido una empresa? ¿Qué podemos esperar de un conseller de Conocimiento cuyo 'conocimiento' en su currículum empieza y acaba en organizaciones políticas?

Personajes así no podemos achacarlos a nuestro president. Hay que reconocer que Puigdemont --nunca recuerdo su nombre--, nunca insinuó que su gobierno fuera "el de los mejores". Frase épica, por no decir estúpida, camino de Ítaca, antes de virar, de Artur Mas. Aunque, bien es cierto, poco podía decir el nuevo presidente de un gobierno impuesto que ni nombró ni conocía. La verdad es que es un tema recíproco porque tampoco nadie conocía al 'número no uno' de la lista de Girona. Y, entre nosotros, algunos dicen todavía no conocerlo. Peor aún, con ningunas ganas de hacerlo. Pero eso es otra historia.

Volviendo a Jordi Baiget, la verdadera sombra de Artur Mas en el Palacio Oscuro de Puigdemont. Desde sus tiempos en las Juventudes Nacionalistas --no sean malvados-- de Convergència (FNEC) en 1985, siempre ha vivido de la política. El personaje, como referencia, ya estaba en la lista de los 'cien mil euristas' en la anterior legislatura como secretario del Govern. Suficiente garantía para la 'famiglia de Mas' como para ascenderlo a conseller de Empresa. Curioso, siendo alguien que en su puñetera vida ha pisado un suelo no público. Esto sería como poner a un Bárcenas cualquiera a vigilar la recaudación diaria de la ONCE.

Manipulan sus medios, pagando a gente --que tampoco tiene otro valor que su ignorancia-- y crean un país imaginario para seguir viviendo del trabajo de todos

Al final, en Cataluña --como en cualquier lugar del mundo, ya que ni en eso somos diferentes-- todo es lo que es. Y todo es más simple de lo que parece. Hemos dicho muchas veces que la gran dificultad de analizar, incluso de vivir, es reducir los escenarios supuestamente complejos a sencillos. La 'economía de la sencillez', se podría definir. Y aquí, en nuestro pequeño país, ese donde algunos pasan de fascistas franquistas a demócratas independentistas de sonrisas abiertas y cuenta bancaria repleta, todo es susceptible de ocurrir. Hasta lo supuestamente complejo es sencillo.

Tan sencillo que uno se avergüenza de cómo aún algunos puedan reírse en la cara de tantos catalanes. Volviendo a la 'economía de la sencillez', el tema es fácil. Esos tipos no saben dónde caerse muertos. Y ya sea abrazando a Franco con Franco; o si es un país imaginario, lo inventamos; y, si toca vivir con independencia, pues, con independencia. La cuestión es robar. Y, o roban, o no tienen otro sustento. Manipulan sus medios, pagando a gente --que tampoco tiene otro valor que su ignorancia-- y crean un país imaginario para seguir viviendo del trabajo de todos.

Sencillo, vergonzosamente simple. Tanto como poner de conseller de Empresa a alguien que ni ha tenido, ni ha creado, ni ha dirigido una empresa 'privada' (específicamos privada, porque sí lo habían colocado en empresas a dedo). Y ese es el escenario donde debemos levantarnos cada día. Algunos para trabajar; otros, como Baiget, para seguir cobrando sus cien mil euros por hacer algo que en la vida personal nunca ha sabido hacer, o peor, nunca ha sabido emprender. Aunque, claro, si tenemos un president que dice ser filólogo sin serlo, o emprendedor con dinero público, ¿qué leches podemos esperar del resto de acólitos?

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.