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Independencia a sangre

Carles Enric
5 min

Algunos creen que el procés se ha desactivado en las últimas semanas. Aunque los números, los votos, la realidad del país deberían ir en ese camino, lo cierto es otra cosa. Puigdemont aplica desde su despacho aquel mecanismo de tortura asiática denominado la 'gota malaya'. Poco a poco, sin aparentarlo, va dando pasos. Ya saben que algunos siempre hemos dicho que Artur Mas era un iluminado, carne de psiquiatra. Pero otra historia es Puigdemont. Un auténtico lobo vestido de cordero. Vamos, un tipo peligroso, muy peligroso.

Siempre hemos dicho que Mas era un iluminado, carne de psiquiatra. Pero Puigdemont es un auténtico lobo vestido de cordero. Un tipo peligroso, muy peligroso

Su pasado oscuro es sintomático. No hablamos ya de sus supuestos estudios, desmontados en esta misma columna hace semanas. Hablamos de más temas complicados de entender en una sociedad competitiva. Por ejemplo, su 'supuesto' año sabático en 1993. Alguien debería explicar si fue tal, o fue más bien una huida de la realidad que le atenazaba. Ya pueden imaginar que no es lo mismo irse por placer que irse a viajar por Europa para refugiarse. Quizás el presidente debería explicar por qué, de qué, o de quién.

Hay más detalles sórdidos que entran dentro de la esfera personal que quizás deberían también ser explicados por el president. No en vano, todos y cada uno de los ciudadanos de Cataluña debemos saber quién nos gobierna y cómo ha llegado hasta ahí. Anécdotas hay muchas. Pero un presidente debe funcionar por hechos, no por historias. No hay que olvidar que, hasta días --incluso horas-- antes de su elección, el presidente estaba poco considerado en su partido. Era un radical, alejado del poder. Un pequeño 'rey de taifas de comarcas' en un despacho oscuro del Parlament. Él lo sabe, él no olvida. Tan alejado estaba que hasta compartía urinario con la pérfida oposición.

Y, claro, los tipos con pasado oscuro no acostumbran a cambiar. Por eso, lentamente, el presidente ha mantenido e intensificado el 'órdago' de Mas. Con una pequeña diferencia: el primero se debía a su afán por esconder su pasado 'económico'. El segundo, Puigdemont, por algo menos trivial: retar a diario a su pasado más 'personal'. Y la verdad, entre elegir unos argumentos económicos sospechosos o un argumento personal tendente al gris, uno tiene dudas sobre cuál de los dos es menos malo. Eso sí, sin duda, en ambos casos su único camino está bien trazado: la indepedencia. Bien poco importa que enfrente este a un 52% o a un 70% del pueblo. Los radicales peligrosos son así. Primero ellos, y luego ellos. Más tarde... ellos también.

Ahora, reducido el proceso al mando de un peligroso radical con un oscuro pasado, las esperanzas son escasas

Por eso, estos días, estas semanas incluso estos meses no se dejen engañar por el poco ruido de las campanas. Como un veneno mortífero, como la 'gota malaya' indicada, una parte mínima de la sociedad. Y digo mínima porque muy poca gente es consciente de que están inoculando ese líquido mortal para Cataluña. Hace unos meses había vuelta atrás. Aún asistiendo a una presión importante, todo era soportable. La lógica, las cifras, los argumentos, podían descabalgar cualquier locura. Ahora, reducido el proceso al mando de un peligroso radical con un oscuro pasado, las esperanzas son escasas.

Jugando con las palabras, "cuando lo oscuro se impone a la luz, la sangre brota sobre los caminos". Siempre ha sido así y nosotros, los catalanes, tampoco vamos a cambiar la historia. Por mucho que algunos lo repitan, no somos un pueblo privilegiado. A día de hoy, sólo podemos constatar que somos un pueblo engañado, con oscuras historias nunca explicadas y regidos bajo un sistema claramente feudal. Para más inri, seguramente, el más antiguo y corrupto de la civilización europea. Ahora túmbense en su sofá, en su silla, reflexionen y piensen qué triste será entrar de lleno en una nueva época oscura. Porque, aunque no lo crean, ganarán los de siempre. Ya ven, aquellos que hace decenas, cientos de años, rigen Cataluña. Aquellos a los que no les importa marcar la independencia a sangre. Ellos bien saben nunca será la suya.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.