Menú Buscar

'Hacer un Puigdemont' en las franquicias dentales

Carles Enric
7 min

Sorprende que una empresa como Vitaldent sea procesada antes por un fraude fiscal que por su mal servicio. En una sola tarde uno puede visitar cientos de foros de internet para comprobar que la mayoría de franquicias de dentistas, que no la profesión de dentista, son en general un fraude al consumidor. Como comentaba un doctor: "El criterio médico es aplastado por el criterio comercial".

La irrupción de las clínicas dentales regidas por un criterio exclusivamente comercial es abominable

Vitaldent no es un caso aislado. Y la mayoría del sector de franquicias de clínicas dentales deberían ser investigadas. El consumidor tiene unos derechos fundamentales. En temas de salud todavía más. La higiene bucal siempre ha sido la gran olvidada del sistema sanitario español. Es un lugar donde muchos profesionales han invertido para lograr su legítimos frutos. Pero también un lugar donde muchos desalmados, especuladores sin conocimientos médicos, han abusado de la confianza y el desconocimiento de los pacientes.

La irrupción de las clínicas dentales regidas por un criterio exclusivamente comercial es abominable. En temas de salud no solo hay un juramento de los doctores, sino también debe haber una salvaguarda del Estado, o en este caso de las Comunidades si es un servicio transferido. Su fin, no deberían olvidarlo, es hacer vigilar la salud de los ciudadanos donde su actuación no llega. Sí, obviamente, los gobiernos deben preocuparse de las cosas serias de cada día, no sólo de las chorradas fantasiosas de las epopeyas.

En la vida, cuando una experiencia es casual acostumbramos a ignorarla. Pero, cuando dos experiencias casuales se suceden, tendemos a dudar. Aún más, cuando uno comprueba que su experiencia es reiterada por otras personas, su duda se hace temor. Podemos, entonces, ya no pensar en más casualidades sino simplemente en una organización dedicada simple y llanamente a delinquir contra el consumidor. Eso debe ser perseguido de forma inmediata, antes incluso que el delito fiscal.

Ya es casualidad pero este submundo de las clínicas dentales lo he vivido en mis carnes estos días

Ya es casualidad pero este submundo de las clínicas dentales lo he vivido en mis carnes estos días. Estoy asegurado en una mutua, de esas bien conocidas. Fui, por primera vez, a una simple limpieza bucal y la extracción de un diente. Ambos incluidos gratuitamente en mi póliza. Sonrisas, buenas palabras, gente agradable. Allí, tras una placa, no hubo extracción ni limpieza. Fui pasado a un despacho donde me quisieron colocar un tratamiento de más de 4.000 euros. Como soy un tipo despistado me olvide de volver.

Al cabo de unos meses, mi diente no extraído se dedico a 'extraerse' él solito mientras conducía por una autopista. Pensé en mi seguro de nuevo: ya que tengo una mutua tan prestigiosa, miraré otra de sus clínicas dentales. Llamé a una nueva y, amablemente, tenía hora de urgencia al día siguiente. Puntualmente llegué. Nueva placa. Nueva visita a despacho privado. Ahora ya no eran más de 4.000 euros, simplemente 2.500 euros. Según parece, cada franquicia tiene su propio 'criterio médico'. Obviamente, mientras, el diente caído en la autopista sigue ahí medio retorcido. Se invirtió más tiempo en el presupuesto que en mi salud, los 'restos puntiagudos' de mi diente siguen reposando en mi boca. Misma mutua, diferente clínica dental, mismo procedimiento. Lo importante no es la salud de los pacientes, sino la salud del bolsillo de la franquicia. Sigo siendo despistado, pero dos veces me fastidia ser engañado. Una me despisto, dos escribo poesías.

Y, la verdad, creo que la mayoría de dentistas son buenos profesionales. Pero, quizás, más de uno debería pensar si los criterios comerciales deben estar por encima de los criterios médicos. Las franquicias, un sistema puramente basado en el escalado de un beneficio de marca, no parece un método ideal para temas de sanidad. Beneficio y medicina son dos palabras que en una sociedad justa no son sinónimos. Por eso choca que el sistema de franquicias dentales que ha saltado, y el que falta por saltar, sea perseguido antes por un fraude fiscal que por un fraude médico. No nos engañemos, el sistema de franquicias dental tiene tendencia a abusar de la confianza de los pacientes, en muchos casos gente mayor, para conseguir sus beneficios. Vitaldent es la punta de un iceberg que podría dejar en ridículo otros escándalos.

Choca que el sistema de franquicias dentales que ha saltado, y el que falta por saltar, sea perseguido antes por un fraude fiscal que por un fraude médico

Aquí no hablamos de robar dinero público. Tampoco de arrebatar a unas personas su dinero privado. Sino de jugar con la salud de millones de ciudadanos para obtener unos beneficios particulares. La regulación del sistema de la salud bucal es una necesidad urgente en un país con una tasa envejecimiento tan elevada. Eso sí es una prioridad nacional. No es decente que juguemos con la salud de las personas por un simple afán recaudador. Los sistemas de gobierno están para establecer mecanismos de control.

Sorprende, aún más todavía, la pobreza del legislador. Una oficina de farmacia debe estar bajo tutela de un licenciado en Farmacia. Una clínica dental, por su parte, de cualquiera que tenga dinero. Buen número de los franquiciados de clínica dentales no son dentistas. La salud bucal no importa al gobierno de turno. Aunque, en el caso de nuestra querida Cataluña, quizás eso no sorprenda tanto. Aquí eso tiene un nombre: 'Hacer un Puigdemont'. Ya ven, aparentar tener un 'título' para ejercer una actividad. Mientras nadie pregunta, ir medrando y ganando dinero a costa de los contribuyentes o, peor, de los pacientes. Un pan consentido cada día en nuestro mercado. Pero todo con un pequeño matiz. Seamos serios, 'hacer un Puigdemont' en política es vergonzoso, esperpéntico. Pero, claro, hacerlo con la salud bucal de todos es algo aún peor, simplemente es nauseabundo.

Artículos anteriores
¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.