El gran truco: elecciones autonómicas el 1 de octubre

Carles Enric
2 min

Todo el mecanismo ya está en marcha. La decisión, tomada. Ahora, sólo falta tensar un poco el ambiente durante las próximas semanas. Fecha tope: 8 de agosto, a 54 días del 1-O, el periodo límite que marca la ley para poder convocar elecciones. Entonces, en un giro que muchos no esperan, Puigdemont, como presidente de la Generalitat, disolverá el Parlament y convocará comicios autonómicos para el domingo 1 de octubre.

¿Objetivo? “Urnas para la independencia al lado de las urnas electorales”. ¿Motivo explicado? “Es la única forma con la que podremos cumplir la voluntad de Cataluña”. ¿Conflicto? Fijo y duro. ¿Cuántos presidentes de mesa se negarán a una segunda urna puesta por presuntos delincuentes encolerizados?

¿Es posible parar unas elecciones ilegales dentro de unas elecciones legales?

Encima no hará falta ya el censo. Un problema legal menos. A su vez pondrán en un compromiso a los partidos demócratas, ya que las elecciones autonómicas sí estarían convocadas de forma legal. Se hará difícil discernir, sobre todo en poblaciones pequeñas o del interior, entre una votación y otra. ¿Pedir a los mossos que retiren todas las urnas ilegales? Son más de 8.000 mesas... La presión será ebullición, y la ebullición no solo será humo.

Se abre un escenario dantesco. Terrorífico. ¿Es posible parar unas elecciones ilegales dentro de unas elecciones legales? ¿Hay fuerzas parar bloquear 8.100 mesas electorales duplicadas? ¿Se puede poner en un compromiso a ciudadanos elegidos como presidentes de mesa cuando los políticos han demostrado su incapacidad? Esto no es una partida de póker. La confirmación de la convocatoria electoral de Puigdemont, si no se para antes, puede ser el principio del fin de Cataluña. Duro, muy duro, pero real.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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