El "general invierno" vía juzgado

Carles Enric
3 min

A quienes les gusta conocer un poco el pasado recordarán que los inviernos rusos tienen el sobrenombre de "general invierno". En la historia reciente, pongamos 250 años, de esa inhóspita tierra ha sido al menos el responsable de dos debacles militares. Por un lado la invasión de Napoleón (1812), y, por otro, la de la Alemania nazi (1941).

No seremos capaces aquí de comparar a Puigdemont con Napoleón y mucho menos con Hitler. Tampoco de comparar el clima de la Rusia central con el templado Mediterráneo que hace miles de años nos acoge a algunos. Pero sí es interesante ver una similitud en los tres casos. Algunos creían que se ganaría sin esfuerzo y de forma rápida, y al final, unos por el frío y otros simplemente por un juzgado, se han rendido de forma humillante.

Aquí los catalanes al mando son muy gallitos cuando están en su territorio feudal, pero se comportan como unas gallinas cuando toca dar la cara

Realmente leer las palabras "simbólicas" no sólo de Carme Forcadell, sino también de Lluís Corominas o Anna Simó, otrora acérrimos independentistas, tiene como mínimo un sonido parecido a la retirada de las tropas francesas y alemanas de Rusia. Ambos, recuerden --vuelvo a confiar en su conocimiento histórico--, dejaron no sólo cadáveres --aquí de momento sólo políticos-- sino un montón de prisioneros. Personas, por cierto, de las que nadie se acordó durante años.

Cataluña es un territorio acostumbrado a celebrar las derrotas. Uno puede ver el infumable rito anual a Casanova, un traidor a la causa. Al final uno piensa que aquí los catalanes al mando son muy gallitos cuando están en su territorio feudal, pero se comportan como unas gallinas cuando toca dar la cara. Triste final para el procés. Pero no duden de que, aunque esté muerto, aún dará mucho que hablar. Los que sí son radicales buscaran su real "general invierno" ruso.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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