Les faltaron bemoles...

Carles Enric
3 min

A veces, en algunas situaciones extremas es bueno usar palabras gruesas para explicar las cosas. El denominado procés todavía no ha muerto, pero no debemos esconder que está a la deriva. Siguiendo el símil del barco a Ítaca, las vías de agua son tan grandes que sólo unos pocos creen que pueden salvarse.

Los líderes del procés, el Govern, de la mano de Puigdemont y Junqueras, y la autodenominada sociedad civil de la mano de los Jordis, han demostrado que una cosa es liderar la calle y otra transformar ese liderazgo en hechos. Tuvieron dos días clave: uno, la manifestación del 3 de octubre; otro, la primera declaración y suspensión de la DUI. En ambas, si le hubieran echado bemoles, esto no sería lo que es.

La mayoría, por no decir todos los líderes del procés, no sólo no están oprimidos sino que viven de puta madre del procés. ¿Quién va a echarle narices para perder su estatus social y económico?

¿Pero saben qué pasa? Que uno le echa bemoles cuando realmente su situación es complicada. Y la mayoría, por no decir todos los líderes del procés, no sólo no están oprimidos sino que viven de puta madre (otra palabra gruesa) del procés. ¿Quién va a echarle narices para perder su estatus social y económico?. Son inconscientes, malos gestores, seguramente malas personas, pero no son idiotas...

Esta nunca ha sido la revolución de las sonrisas pero tampoco ha sido nunca la revolución de los idiotas. Unos oprimidos con cuentas millonarias a cargo del Estado. Unos vividores del dinero público. Unos personajes con graves problemas de autoestima, como Puigdemont o Junqueras, han llevado a una situación límite a Cataluña. Ellos acabarán en la cárcel​, pero Cataluña acabará en la ruina. Y lo peor es que esos horribles personajes de la Cataluña más oscura, más feudal, seguirán comiendo caliente gracias a los catalanes que nos esforzamos cada día.

Artículos anteriores
¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información