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El paro de Gabriel Rufián: clave 21

Carles Enric

por Carles Enric

09.12.2015
7 min

Reconozco que he tenido que comer una tableta de chocolate con leche, buena leche en este caso, por cierto de Polonia, para contrarrestar el esfuerzo mental de escribir esta columna. Cuando pensaba todo estaba inventado en política, ha aparecido Gabriel Rufián. En agosto le llamamos el “misterioso”. Con su candidatura al Congreso en Madrid por ERC es lógico que su pasado fuera iluminado. Pero señores, ¡de que manera!. Pocos adjetivos hay para entender la nueva situación, los hechos, los detalles, las frases. Entiendan ahora la necesidad de chocolate, mucho chocolate, para poder digerirlo.

Para Gabriel Rufián opinar en este país contra la maquinaria del poder es ser simplemente algo valiente. Malo... muy malo. Ahora se llama valentía a opinar

Admito sin pudor que el tipo siempre ha sido muy amable conmigo, cuando me he comunicado con él. La última vez, creo no explicar ninguna intimidad, me comentó que aún en las antípodas de las ideas me felicitaba por “escribir de forma valiente”. La verdad, pensé, “qué mal debe estar este país para que escribir con libertad fuera definido como un acto de valentía”. ¿No era el procés de las sonrisas? ¿No era un procés que no dividía? Me quedó claro que para Gabriel Rufián opinar en este país contra la maquinaria del poder es ser simplemente algo valiente. Malo... muy malo. Ahora se llama valentía a opinar.

En esas, hace unas horas he leído su entrevista en La Vanguardia. Aparecen múltiples confesiones. Cada una para una columna. Vamos, una vida de aventura. Ahora con la nota a una desconocida en el metro. Antes, citado mil veces, el encuentro de sus padres en Bandera Roja. Todo como una película en segunda sesión cualquier sábado televisivo en el sofá. Aunque, entre todas, una me deja inquieto: “En estos momentos estoy cobrando el paro, tuve que dejar mi trabajo para dedicarme a esto”. Apuro el chocolate por, simplemente, preguntarme tres puntos claves.

Para cobrar el paro, uno debe ser despedido. ¿Gabriel insinúa que se ha hecho un arreglo en su empresa --por cierto sin nombre-- para arreglarle el paro?

El primero. Para cobrar el paro, en resumen, uno debe ser despedido. Pueden leer la normativa del Inem. ¿Gabriel insinúa que se ha hecho un arreglo en su empresa --por cierto sin nombre-- para arreglarle el paro? Algo que no debe escandalizar en este país por lo habitual, pero quizás es feo, muy feo. Sobre todo en alguien que, en meses, va a cobrar miles de euros de todos. La política no sólo son hechos, sino apariencia de hechos. Y es cuanto menos extraño que alguien enseñe sus vergüenzas, y actos previsiblemente no legales, de una forma tan descarada.

El segundo punto es peor aún. Que dicha frase salga de alguien que en teoría ha estudiado precisamente esos temas laborales. Lo cual dice realmente muy poco de esa universidad. ¿En qué universidad sus diplomados no conocen temas que cualquier trabajador a pie de calle conoce? ¿Cuál es el nivel de las universidades es este país que permite decir semejante aberración a la normativa? ¿Con qué criterio se dan los títulos universitarios? ¿Cómo alguien con tan escaso conocimiento de la norma puede 'asesorar' a otros trabajadores? Más de un juez de lo social estaría escandalizado.

Es cuanto menos extraño que alguien enseñe sus vergüenzas, y actos previsiblemente no legales, de una forma tan descarada

La tercera, más compleja aún. ¿Acaso los partidos políticos no aseguran a sus candidatos? Resulta que hace unos meses hay una ofensiva contra “los críos que entrenan equipos de fútbol” por no cotizar, y los políticos que es obvio están todo el día en campaña no están asegurados. ¿No tiene la obligación el partido político de asegurar a sus representantes? ¿No están trabajando para el partido? ¿O realmente sólo se aseguran si ganan un cargo? Es decir, ¿los partidos cobran una parte del sueldo sin apenas riesgo? ¿Cuántos candidatos cobran el paro?

Tres cuestiones que deberían hacernos reflexionar sobre el estado de la política. El dinero público es sagrado. Es un tema que siempre insistimos. No es un dinero para disponer según medida, sino un dinero para pagar los servicios a todos. Y la política es servir, no servirse. Al final, podemos discutir si es lícito o no pedir la bajar de forma voluntaria en una empresa y llegar a aun acuerdo para que te arreglen el paro. Podemos llegar a discutir si ciertos candidatos son tan inocentes como parecen, diríamos que hasta cándidos. Podemos pensar en que hay que trabajar, y mucho, para dotar a unos partidos políticos de unos recursos para desarrollar su labor. Todo eso y más, podríamos estar horas, semanas y meses, pero... insisto en que creo que nadie discutirá que si eso no ha llegado es por culpa de los políticos.

Si es cierta su “confesión” de que pidió la baja voluntaria (clave 21 en el parte) y está cobrando del paro de forma cuanto menos no lícita, debería plegar velas

Y, si no ha llegado, no se puede aplicar. Al final lo lamento por Gabriel Rufián pero, si es cierta su “confesión” de que pidió la baja voluntaria (clave 21 en el parte) y está cobrando del paro de forma cuanto menos no lícita, debería plegar velas. Pero le daremos un respiro al joven. Volviendo al misterioso personaje que siempre ha sido quizás no todo lo que parece. Ya saben, el metro, la Bandera Roja, todo muy propio de una mente de poeta. Divertida para un sábado de historietas pero no acorde a la política.

Al final no duden de que su llegada al paro también puede haber sido fruto de su imaginación. Y si realmente hubiera sido así. Imaginen que cumplió la normativa. Imaginen, por ejemplo, que fue despedido por no asistir a su puesto de trabajo y no fuera una baja voluntaria (clave 21). Claro... entonces no habría mentido al Ministerio, simplemente a la opinión pública. Seamos francos, el pan de cada día de cierta clase política.

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