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La diana Enric Hernàndez de Trapero y Forn

Carles Enric
6 min

Estos días uno entra en ebullición para escribir. Algunos de los que dialogamos sobre política catalana desde hace años decíamos que el procès buscaría muertos hacia el final de sus días. Ciertamente, no esperábamos --y menos aún, deseábamos-- que vinieran de esta forma: por un tercero. Parecía que la decencia evitaría mezclar ambos temas, pero la triste realidad es la que es. Hasta la CIA está metida en el asunto.

Dudaba al escribir sobre la diana del título en si citar sólo a Trapero, convertido en sheriff de la tragedia. Al final he añadido también a Joaquim Forn. No tanto por su presencia, sino más bien por su indolencia, al huir desde su pudiente clase alta burguesa catalana de la Diagonal parriba. Esos cuyos padres y abuelos trabajaron, se esforzaron, y muchos incluso abrazaron a Franco. Mientras sus cachorros, como una desgracia, han ido sumando sólo dinero público a su triste vida. No saben hacer otra cosa. Y no olvido al tercer inquilino de los Mossos​, un tal Soler, que ni está ni se le espera.

La historia de Forn y Trapero es tan mezquina como clásica. El chico rico tiene un problema, y el pobre --que cree que le respetan por su conocimiento-- se pega la bofetada por él

Barcelona es pequeña. Son curiosas las referencias a la CIA porque me ha recordado el famoso, curiosamente olvidado en la ciudad, SafeHaven Nazi report. Algo así como una investigación tras la Guerra Mundial de la CIA y el Tesoro de Estados Unidos para descubrir las maniobras para esconder dinero nazi después de la caída de Berlín. Documentos secretos, aunque desclasificados por la propia agencia de inteligencia hace unos años.

Como pueden imaginar uno de esos centros de tráfico económico postnazismo fue España, incluida como no podía ser menos Barcelona. Seguramente, alguno de los citados con pasado burgués reconocería, e incluso estaría vinculado, a más de un nombre y apellido de esas listas. No hay que ser un experto para imaginar que quien vivía de maravilla cursando estudios internacionales en una postguerra donde se pasaba hambre en España debía de tener alguna vinculación con el régimen de Franco. Pero esa es otra historia.

En Barcelona, en el interior de los Mossos pasa lo que pasa en la vida de los tristes. Cuando uno está limitado y no sabe qué decir, tira de un subalterno que con más agallas que conocimiento cree reconfortada su vanidad. Al final, aunque a algunos les cueste entender, la historia de Forn y Trapero es tan mezquina como clásica. El chico rico tiene un problema, y el pobre --que cree que le respetan por su conocimiento-- se pega la bofetada por él. El rico tiene las espaldas cubiertas, y el pobre, como en cualquier cuento de lágrimas, cae de nuevo al barrizal de donde venía. Una historia tan clásica --perdón, clasista-- como la clase burguesa de Barcelona. Sin lugar a dudas, uno de los últimos reductos de la peor calaña en Europa.

Forn pone el objetivo, Trapero apunta, y las hordas disparan

Por si alguien lo duda, es Joaquim Forn quien atiza a Josep Lluís Trapero para que ponga en la diana a Enric Hernàndez. Por cierto, un personaje cuando menos curioso --por ser elegante--, pero que ciertamente, en este caso a su manera, ha explicado una verdad sin paliativos. Los hechos nadie los discute ya. El día 25 de mayo sí hubo una nota recibida por los Mossos. Estos, en su análisis, no le dieron credibilidad. Como en el mundo fantástico de Forn no hay errores, y esa comunicación descubierta es uno muy grave, había que poner en el disparadero al mensajero, el director de El Periódico.

Sólo hace falta pasearse por las redes para ver todo tipo de amenazas e improperios creados a partir del pistoletazo de Trapero. Curiosamente, Forn pone el objetivo, Trapero apunta, y las hordas disparan. Uno lee el pasado de Barcelona y ve que nada ha cambiado desde el famoso 1714. Sigue habiendo señores que con copa en mano, billetes entre piernas y voz autoritaria que dirigen a su antojo a pobres indolentes que creen que han sido elegidos. Luego la purria o basura --y soy fino-- se encarga del resto. Un relato tan medieval que casi avergüenza hacer comparaciones con el siglo XXI. Con la fácil que hubiera tenido Trapero decir el primer día la verdad... pero quizás --y esto es información, no opinión-- a su jefe no le gusto la idea.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.