La democracia no es votar, es cumplir las leyes votadas

Carles Enric
5 min

Estos días muchos políticos se han llenado la boca con la palabra democracia. Algunos la han usado exclusivamente en paralelo a la acción de votar, olvidando otras partes de su conjugación. Hablan de futuro como sino existiese un pasado real. Un pasado donde se ha votado y donde, entre todos, hemos acordado con esos votos unas normas, unas leyes.

Para ellos el pasado no existe, excepto el de las fábulas, claro. Todas las leyes votadas gracias a nuestro derecho a votar desde el lejano 1977 quieren ser extinguidas por un supuesto fin democrático denominado votar. Se equivocan. Votar sobre la nada es el principio del fascismo. También Franco creaba nuevas leyes sin cumplir las que fulminó con su golpe de Estado. Por cierto, algunas ciertamente discutibles.

La democracia no comienza con los votos sino que comienza con cumplir lo que se ha votado. Excepción hecha para el caso en que nunca se hubiera votado en democracia. Algo de perogrullo es desconocer eso en una Cataluña y en una Europa del siglo XXI. Pero lo tristemente cierto es que un partido que alardea de historiadores es incapaz de entender la historia.

La democracia no comienza con los votos sino que comienza con cumplir lo que se ha votado

Algo que no por repetido desde esta columna --aún recuerdo la primera vez que puse la palabra muertos-- no dejará de ser cierto. La democracia se acabo el otro día en el circo montado por Forcadell en el Parlament. Ha seguido la fiesta con medios prostituidos o que directamente siempre han estado bajo la mesa. Todos en pos de mantener la tensión. Inconscientes medios que no han sabido ver que cuando un fascista no logra sus fines recurre a otros medios, no precisamente orales.

Las CUP, o los CUP --vamos, los hijos de papá de toda la vida--, ya se han encargado de filtrar que esta guerra --así le llaman-- se ganará en la calle. Cuando lo oigo, recuerdo a Coscubiela hablar de su hijo y de lo que no quiere dejar. Pienso en los míos, y no sólo suscribo sus palabras, desde las antípodas políticas, sino que creo que hay que ser contundente en esta situación. No sólo hablamos de políticos que deben ser castigados con el máximo rigor, e inhabilitados para tocar dinero público, sino que hablo también de periodistas que deberían no sólo ser expulsados de la profesión por sus mentiras, sino inhabilitados y condenados como responsables subsidiarios en cualquier acción judicial.

Los independentistas honrados, que los hay, lloran amargamente ante una oportunidad única perdida

Como imaginarán, la gentuza no tiene nada que perder. Los independentistas honrados, que los hay, lloran amargamente ante una oportunidad única perdida. Perdida por la ignorancia --por no saber explicar el procés-- y por la continua apelación a una supuesta superioridad del "fet català" humillada por una persona indigna como Carme Forcadell y por un presidente y un vicepresidente que han demostrado su nula experiencia en la vida fuera del dinero público.

Ambos son personajes siniestros con una cohorte de aduladores que esperemos que, después de enterrar los muertos, sean justamente sentenciados. La partida está prácticamente cerrada, incluso ganada, pero no duden de que los locos sacrificaran piezas para lograr algún golpe de efecto. Y, recuerden, cuando algún radical de los que aún pueda razonar les diga que esto va de democracia y de votar, pueden responderle con el título de la columna de hoy: la democracia no es votar, es cumplir las leyes votadas. Luego, eso sí, nunca le den la espalda. La mala gente, la mala gente también catalana, es así.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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