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La conexión catalana de los atentados

Carles Enric
4 min

A los pocos minutos del primer atentado en Barcelona había nervios en el Govern. Aún se desconocía el origen del terrorista. En aquel momento, supuestamente, un lobo solitario, que había zigzagueado Ramblas abajo. Las instrucciones desde el lugar de la política fueron claras: "Hay que desvincularlo de Cataluña".

En su primer respiro policial fueron encontrados en la furgoneta dos documentos claves: un pasaporte español a nombre de Mohamed Houli, nacido en Melilla, y un NIE a nombre de Younes Abouyaaqoub, nacido en Marruecos. Al cabo de pocas horas, el respiro fue intranquilidad. Un coche se había saltado un control en la Diagonal. Aunque parecía obvio que ambos hechos tenían mucho en común, los Mossos lo desvincularon, no una vez, sino en repetidas ocasiones. El coche estaba a nombre de un ciudadano cuyo origen catalán era más difícil de ocultar. No querían más sustos.

En la Cataluña actual, los marroquíes educados en nuestras escuelas son catalanes solo para lo que nos interesa. Pocos, o ningún medio, han hablado de que a efectos legales son ciudadanos con prácticamente los mismos derechos que cualquier catalán nacido aquí. Pero en la Cataluña de la uniformidad de pensamiento no es posible constatar la existencia de catalanes radicales, y aún menos catalanes yihadistas. Los muertos para el conseller Forn sí que son catalanes o españoles, sus asesinos son solo marroquíes. El lenguaje es la primera prostituta de la mal llamada integración.

En la Cataluña actual, los marroquíes educados en nuestras escuelas son catalanes solo para lo que nos interesa

Estos chicos no cayeron de un árbol en Cataluña. No vivían aislados en la Cataluña de pin y pon. Conocían suficientemente el territorio para moverse de norte a sur; de Ripoll a Alcanar hay 300 kilómetros. Tanto como para caminar, según la versión de los Mossos, más de 40 kilómetros en la oscuridad entre el Baix Llobregat y el Penedès. Algo que, seamos sinceros, pocos de los lectores, incluidos Forn y Trapero, sabrían hacer aún habiendo nacido aquí.

Total, deambular sin destino, según la versión oficial, 40 kilómetros de noche para entregarse a pecho descubierto a las armas de la policía. Sin ayuda, abandonado, solo, sin nadie que le asistiera, sin ninguna referencia, en medio de una zona que supuestamente no conocía... Sí, claro, y mañana es Navidad, y por suerte todos somos felices en Cataluña. Lástima de los 23 muertos en un par días, 9 desde que el supuesto héroe Trapero dijera en rueda de prensa que "no prevemos que pueda haber un ataque de forma inminente". Recordemos, dos horas antes del atentado de Cambrils.

El primer día había que tapar cualquier lazo de una supuesta conexión catalana; el último día había que tapar y olvidar directamente el atentado. Cuando las dudas y las preguntas surgen, algunos creen que la mejor política es refugiarse pasando página. Los mossos que patrullan las calles han hecho un brillante despliegue estos días. Pero algunos tenemos dudas --e incluso certezas-- sobre si tan ejemplar comportamiento fue seguido por sus superiores políticos. Dar medallas y al día siguiente cambiar de tema no solucionará el problema de fondo. La Cataluña de la versión única es un fraude.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.