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Con lo malo que era Franco...

Carles Enric
7 min

El otro día tuve un intercambio desagradable de emails con un personaje de segunda del mundo del lujo. Digo desagradable porque fue un bombardeo de insultos propios de la adolescencia extrema. La tipa era algo así como una directiva, de humos subidos, años mal conservados y lengua viperina de la empresa Bulgari. La verdad es que sabía de esa compañía, pero desconocía el bajo nivel intelectual y educativo de alguno de sus directivos. Supongo que mi ironía tampoco es entendible por quien basa sus relaciones en un estatus de clase tipo franquista donde ante todo se impone el origen, el apellido y, perdón, el dinero.

Hemos creado un sistema donde el único límite es el voto. Parece que los votos legitiman la mentira, el robo y la codicia. Una forma estúpida de prostituir el sistema

En fin, una vez despachado el asunto reflexioné en mi sofá. Gracias a Twitter uno puede saber el "tempus de una discusión". También puede discernir quién disfruta con el debate, aunque sea desde posiciones antagónicas, y quién simplemente tiene un concepto demasiado superfluo sobre el arte de conversar. Más aún, partiendo de que todos tenemos opiniones diversas, pensé sobre las responsabilidades de algunos personajes individuales en estructuras empresariales. Aquellos que confunden sus actos con la empresa representada. Usar, por ejemplo, un email corporativo para enviar porquería o cosas peores.

En estos tiempos convulsos, automáticamente trasladé mi reflexión al campo de la gestión pública catalana. En el mundo privado cualquier empresa diligente, sea de lujo o de extrarradio, con buenas prácticas, y una vez cotejada la información, pondría en la calle a personajes infectos como el indicado. Pero en el ámbito público es mas complicado. Hemos creado un sistema donde el único límite es el voto. Parece que los votos legitiman la mentira, el robo y la codicia. Una forma estúpida de prostituir el sistema. Nunca debemos olvidar, por concepto, que la democracia queda consolidada cuando cualquier gestor público tiene la misma responsabilidad patrimonial que un ciudadano anónimo.

Por ejemplo, alguien decide gastar casi 800.000 euros en el alquiler de una sede de la Generalitat en Bruselas mientras cierra plantas de quirófano. Si ese dinero fuera suyo, ¿asumiría ese gasto? ¿Se privaría de su seguro medico para tener una 'casa' en otro país? Seguramente, no. Pero algunos personajes asumen que los votos les ofrecen carta blanca para cualquier acción. Y, contra eso, debe establecerse un mecanismo de control del dinero público. Acciones punitivas deben ser castigadas como en la empresa privada. Si una administración pública incumple, por ejemplo, unos pagos, sus administradores deben responder con su patrimonio. Más control, menos decisiones cuanto menos sospechosas.

En estos más de 35 años de democracia, hemos pasado de ser el motor de España a ser la rueda de recambio

No hace falta ir muy atrás para ver casos extremos de incapacidad. En el campo de la política catalana tenemos personajes nefastos como Artur Mas. Su gestión ha generado más deuda en unos años que en toda la historia de Cataluña. El empobrecimiento de Cataluña ha sido notorio estos años. Podríamos asociar a su partido a un gobierno 'bolsillista'. Ya saben, unos abrían el bolsillo mientras otros, por ejemplo, el opositor sin estudios Iceta, miraban a otro lado. Total, él vive también de la actividad política desde antes de nacer. Sorprende que nadie se pregunte por qué después de tantos años de gobierno 'por' Cataluña seamos la cuarta Comunidad Autónoma en renta per cápita. En tiempos de Franco, ya saben aquel que castigó al país, eramos los primeros.

En estos más de 35 años de democracia, hemos pasado de ser el motor de España a ser la rueda de recambio. Y, curiosamente, los responsables de tal desaguisado siguen campando por las instituciones, o se han retirado amasando grandes cantidades de dinero. La política esta prostituida, sobre todo, por la falta de control de sus actos.

La política esta prostituida, sobre todo, por la falta de control de sus actos

Volviendo al inicio, un insulto, una mal frase, en lo público, está más castigada que una mala gestión. Todo lo contrario que en la empresa privada. Donde un solo comportamiento erróneo con la gestión es sancionado, antes que comportamientos vulgares y zafios, como el descrito. No en vano, lo privado parece ser que está regido por la economía antes que por la ética. Lo público, curiosamente, ni por la economía ni por la ética, sino simplemente por la estética. Y cuando la estética prima sobre la ética, o sobre la economía, es que algo realmente esta funcionando muy mal.

Por eso, quizás algunos medios y políticos catalanes tan proclives a abrir la boca sobre cualquier tema deberían también preocuparse por controlar en cierta manera actuaciones simplemente anormales. Es triste que personajes de la política catalana mediocres puedan retirarse con sus millones en el banco, mientras los ciudadanos ven cerradas sus plantas de hospital. Pero, sobre todo, es triste y de ciegos que ninguno de nuestros representantes sea capaz de ver cómo Cataluña ha perdido estos años su capacidad. 'Hay que joderse' al ver que la economía catalana fue mejor con Franco que ahora. Al final, a uno le dan ganas de volver a enzarzarse a discutir con quien sea simplemente para olvidar que el verdadero problema de Cataluña empezó no por falta de dinero, sino por mala gestión del gasto. Economía sencilla.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.