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Mi ciudad, mis calles, Barcelona

Carles Enric
6 min

En la madrugada del atentado de Barcelona cogía un avión desde Barcelona. Una salida nocturna a oscuras entre calles vacías tomadas por la policía de mi ciudad. Nací a escasos centenares de metros de la esquina entre la calle Pelayo y Las Ramblas. Ese cruce es una zona habitual de paso para mí y para mi familia. De pequeño jugué miles de veces por la paralela calle Tallers, una callejuela para atajar en el camino del Eixample a la calle peatonal por excelencia de mi ciudad, Las Ramblas.

Esa tarde estaba sentado a unos kilómetros de la capital escuchando música, Sign o' the Times, del inigualable Prince. Un whatsapp de mi hija adolescente me sorprendió: "Papá, dicen que ha habido un atentado en Las Ramblas". La verdad, pensé en el típico rumor de algún grupo juvenil. Miré por internet y confirmé que aquel rumor era cierto. Dejé todo, cogí el coche, atravesé la ciudad, Paseo de Gràcia incluido, y en escasos minutos aparqué en mi ciudad.

Alguien había atacado mi ciudad, mis calles, mi gente. Pasé toda la tarde, con la máxima precaución y más de un susto, en los aledaños de la Plaza Universidad. Ya no había patinadores, sólo se escuchaban sirenas. Mossos, guardias urbanos, policías secretos --jamás había visto tantos armados--, incluso alguna furgoneta de la Policía Nacional. Todos al unísono trabajando por mantener, de forma eficaz, el orden en mi ciudad, en mis calles.

Tras unas horas, la intensidad dio paso a la reflexión. En los momentos difíciles uno jamás debe embargarse por la rabia sino por el razonamiento. Uno, entonces, se cabrea cuando oye preguntarse: ¿por qué en mi ciudad no había pilones de protección? Leo en horas al cobarde del segundo de la alcaldía --ni citar su nombre-- dar excusas. Mientras mi alcaldesa se esconde entre lloros vergonzantes.

Al final, la gente en la calle, en nuestras calles, demostramos que sin esa bazofia de los políticos que siempre buscan excusas, que lloran de forma asquerosa ante las cámaras para ocultar su debilidad y su incompetencia, podemos ser una ciudad mejor

Uno se pasó parte de la tarde y la noche ayudando a los turistas a tomar decisiones para llegar a su destino mientras ni un solo informador del ayuntamiento estaba en la calle por la ineficacia de unos llorones. ¿Dónde está la organización municipal? ¿No era día para sacar a informar al turismo de lo que pasaba? Organización, organización. Algo que sólo quienes somos profesionales de la vida entendemos.

Pero hay más. Cuando uno escucha que mis compañeros de la ciudad llevan agua a los afectados en atascos de horas mientras la alcaldesa pasea su sinvergüenza entre los medios. Cuando uno lee al grupo de ultras vomitivos de la CUP, socios todavía del violador de leyes Puigdemont, justificar el atentado por temas de "capitalismo". Unos personajes indignos de mi ciudad, de mis calles. Unos cobardes miserables que en un acto puntual no están a la altura. Unos sinvergüenzas profesionales del lloro. Un político, en los momentos difíciles, no tiene derecho a llorar, sino que debe ser eficaz. Imaginen que todos los cuerpos de seguridad en vez de actuar hubieran llorado como Colau.

Gracias a los Mossos, a la policía local, a los cuerpos de seguridad, incluida Guardia Civil, Policía Nacional y los omnipresentes agentes del CNI y sus análisis. Todos ellos me han hecho ver que mi ciudad funciona a pesar de los políticos chupacámaras, llorones en el pánico, cobardes en la acción. Al final, la gente en la calle, en nuestras calles, demostramos que sin esa bazofia de los políticos que siempre buscan excusas, que lloran de forma asquerosa ante las cámaras para ocultar su debilidad y su incompetencia, podemos ser una ciudad mejor. Que nadie dude de que Barcelona, Cataluña y España, con sus defectos y sus virtudes, son grandes por su gente, jamás por esas ratas que viven del dinero de todos y que cuando hay un problema de verdad simplemente saben llorar.

Ojalá todos los irresponsables que impidieron poner los pilones en Las Ramblas, que impidieron pasar información de primera mano a los servicios de información tras la explosión de Alcanar, que hablaban de un muerto cuando llevábamos horas con más de una decena de cadáveres visionados en las calles --aquellos como el conseller Forn, que decía que todo estaba tranquilo horas antes de Cambrils--, ojalá todos esos desaparezcan un día de mi ciudad, de mis calles, y vuelvan a su asquerosa vida de estúpidos personajes anónimos, meones e ineficaces como las ratas de una ciudad en la tormenta. Gracias a los cuerpos de seguridad, en especial a Mossos y CNI, por ayudar a mantener la calma ante estos ataques a nuestra ciudad. Barcelona, la ciudad de todos, y para todos.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.