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Campuzano, la demagogia como forma política

Carles Enric
5 min

La crisis de los refugiados ha confirmado una de las peores enfermedades de los políticos: la demagogia. El partido de Artur Mas o Puigdemont --creo que ahora se hace llamar Democràcia i Llibertat (sic9-- ha denunciado la "dejadez de España y la Unión Europea con los refugiados". Así lo ha hecho el diputado Carles Campuzano en el Parlamento español. Como complemento, supongo que de cara a sus votantes, ha pedido ofrecer el derecho de asilo a todo aquel que lo pida.

El diputado Campuzano es un crack. Es otro de esos personajes que simplemente han vivido de Cataluña durante toda su vida

Por lo visto, el diputado Campuzano es un crack. Es otro de esos personajes que simplemente han vivido de Cataluña durante toda su vida. Esta será su sexta legislatura en Madrid. Antes también estuvo como diputado en el Parlamento de Cataluña. No hace falta decir que su currículum está trufado de cargos políticos. Entró en su juventud y, superados los 50, no ha tenido otra forma de vida. Lo cual podría llegar a ser respetable, si no fuera porque emana un hedor extraño.

Porque es sorprendente, por ejemplo, que con más de 25 años como diputado con un sueldo bruto de unos 6.000 euros mensuales (descuenten una parte, si desean), tanto en Madrid como en Barcelona, disponga en su declaración de bienes de escasos 15.000 euros en el banco. O sea un individuo que ha cobrado --sumando los cerca de 30 años-- casi dos millones de euros públicos, sin casa ni un coche pagados, ha ahorrado en ese periodo menos de un 1% de lo cobrado. No diremos aquello de que "rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras", pero está claro que, si su intervención pública es proporcional a su capacidad de gestión del dinero propio, es un poco negado.

Porque, vamos a ser serios, ¿cuál debería ser el sueldo medio en el mercado de alguien con 50 años y cero como experiencia profesional? ¿Alguien como Campuzano puede optar a sueldos tan altos? ¿Alguien con un gasto medio de 5.940 euros (brutos) por mes? ¿Alguien cree que Campuzano encontraría un trabajo para mantener esa forma de vida? Las respuestas son claras, y las conclusiones, peores. Hay gente que ha hecho de la política su única y exclusiva forma de vida. Campuzano no es mas que otro ejemplo de hedor en el vertedero de la política actual. Gente sin pudor que sería incapaz de acomodarse a una vida ciudadana normal. Gente que necesita ese calor económico de lo público como forma de supervivencia.

Con los años se han dado cuenta de que servir y vivir de lo servido es más sencillo que esforzarse cada mañana como la mayoría de los ciudadanos

En ese ejercicio perentorio de mantenimiento del cargo sueltan luego las frases que sueltan. Sabe Campuzano que los refugiados nunca dormirán en su casa. Pero queda bien decir que hay que acogerlos a todos. Él sabe que nunca deberá esforzarse por ellos. Vive, como la mayoría de políticos, en un mundo aparte. Los problemas pasan mientras las nóminas llegan a final de cada mes. Y, a veces, la vida no es simplemente quedar bien con todos, sino gestionar ese todo. Y los políticos, de aquí y de allí, deben anticiparse a los problemas, no poner la mano a final de mes para suplicar su paga.

La demagogia está instalada en la política desde hace años. Pero, no se engañen, la mayoría de políticos, incluso creo que Campuzano, entraron para servir a un país. Eso sí, con los años se han dado cuenta de que servir y vivir de lo servido es más sencillo que esforzarse cada mañana como la mayoría de los ciudadanos. La política debe ser para los mejores, bien pagados, no para aquellos que literalmente no saben dónde caer muertos sin ese maná público. La política debe ser asimismo regida por unos criterios de permanencia limitada. No es lícito que Campuzano, como otros, encadenen una vida exclusivamente a un cargo público. Porque, al final, su problema --que no saben hacer nada más-- es el problema de todos.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.