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Autocrítica y exigencia en el independentismo

Carles Enric
6 min

Déjenme comenzar con una reflexión bien personal. Hace unos años, cuando me pidieron mi primera columna, dudaba sobre mi capacidad para escribir. Nunca había escrito en un medio de comunicación. Aunque siempre he estado en el mundo editorial, tenía graves dificultades para la lengua. La dislexia me había hecho sobrevivir gracias a juntar letras y memorizar frases. Había leído mucha prensa en mi juventud. Destacaba mi buena memoria para las frases sobre mi incapacidad para aplicar la gramática. Envidiaba, y en silencio aún envidio, esos compañeros columnistas capaces de explicar una historia en breves líneas.

En el procés se han querido tanto, se ha juntado tanta gente sin ninguna capacidad de crítica que al final están más camino de la involución que de la evolución

Todo era un reto. Creía tener buenas ideas. Me gustaba husmear entre bases de datos, boletines. Perdía la vista en hemerotecas. Apuntaba, y aún lo hago, en una libreta notas eternas, casi jeroglíficos indescifrables dejados en cualquier mesa o estancia de mi casa u oficina. La verdad, pensaba, y aún pienso, que se podía escribir sobre todo. Una columna no debe ser temerosa, tampoco debe arrodillarse en reverencias. Seguía juntando letras y, día tras día, inmolaba mi anterior columna para mejorar la siguiente. La exigencia y, cómo no, la autocrítica, eran mi motor redactor. Con los años, seguramente, he mejorado algo. Pero hay cosas que uno no puede aprender. Escribir es una de ellas. No he alcanzado, ni nunca alcanzaré, la capacidad de los buenos columnistas. Pero sí he hecho mi camino. Mi estilo, mi forma diferente de escribir. Ni mejor ni peor, personal. Al final, la autocrítica, la exigencia, me ha hecho mejor.

Uno en la vida puede ser creativo. Puede tener ideas. Puede incluso ser constante, esforzado y hasta una máquina en la comunicación. Pero sin autocrítica, sin exigencia, no evoluciona. Queda parado. Eso le pasa al procés. Se han querido tanto, se ha juntado tanta gente sin ninguna capacidad de crítica que al final están más camino de la involución que de la evolución. Y ya sabemos cualquier proceso 'involutivo' tiende a disolverse por su propia fuerza interior. Y esa explosión interna hace semanas que se está gestando entre los otrora líderes del independentismo.

Lo vivido lo falsean. Lo falseado lo quieren vivir, y al final viven para simplemente falsear lo vivido

Todo empezó como un juego. Una mentira aquí, otra por allí. Unas cifras maquilladas, algún dato erróneo. Todo valía en esa maquinaria rumbo a Ítaca. Pero olvidaron el combustible: la autocrítica. Ni una sola hemos escuchado en estos años. Cuando quedo claro que las cifras de las manifestaciones eran falsas, silencio. Cuando el padre 'putativo' de Cataluña, Jordi Pujol, explicó su metedura 'de mano', distancia. Cuando Artur Mas, bueno, ¿quién coño es ahora Artur Mas...? Perdón, sigamos... Cuando el presidente Puigdemont mintió sobre su Curriculum, risitas. A más distancia de los votantes, más presión en su comunicación. Más debates a la 'búlgara' en sus medios. Toda una maquinaria silenciando a quien no opine igual. Lo vivido lo falsean. Lo falseado lo quieren vivir, y al final viven para simplemente falsear lo vivido.

Siempre hemos dicho que la base del progreso en cualquier sociedad es la divergencia. Pero cuando una sociedad es más bien cerrada y endogámica, como la catalana, debe también surgir la autocrítica, y cómo no, la exigencia como principal valor. Y la verdad es que el procés ha adolecido de ambos. Quien ha criticado toda esta historia ha pasado a ser, en el mejor caso, un mal catalán. En el peor, un fascista español.

El procés ha adolecido de autocrítica y de exigencia. Quien ha criticado toda esta historia ha pasado a ser, en el mejor caso, un mal catalán. En el peor, un fascista español

Algunos dijimos, en los primeros tiempos, que la independencia podía ser posible. Pero siempre sin tipos como los actuales al mando. Cataluña tiene muchas capacidades, muchas virtudes. Los catalanes, todos, somos gente nacidas en el esfuerzo, en el trabajo. Ya ven, algunos juntamos letras para escribir columnas sin saber apenas escribir. Quizás, por todo ello, toque pasar página y volver a ser lo que siempre fuimos: catalanes esforzados, trabajadores, críticos y exigentes.

Algunos negados parásitos se han apropiado del país en base a mentiras. Su fin, vivir del sistema, vivir del hecho de ser catalán. No del esfuerzo. Hagamos, pues, más fuertes las críticas. Fomentemos las autocríticas desde el interior. Incendiemos esa involución con datos. Saquemos a la luz más mentiras. Para algunos, quizás, es tarde, pero debemos evitar hacernos más daño. Sólo así Cataluña, y nosotros los catalanes, podemos tener un futuro saludable.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.