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Artur Mas, crónica de un enfermo

Carles Enric
4 min

A uno se le acaban las palabras para intentar explicar el comportamiento de Artur Mas. En su última rueda de prensa ha atacado con virulencia a una formación como la CUP. Por cierto, coherentes dentro de la incoherencia brutal de su mundo revolucionario. Mientras lo hacía, la autocrítica se ha pegado un tiro en el mundo imaginario del 'astuto'. Quizás hubiera sido más sencillo pensar que, si Junts pel Sí hubiera logrado un apoyo suficiente, tanto discurso solemne hubiera sobrado. Tampoco hubiera hecho falta la humillación pública tanto del presidente como casi del conjunto de Cataluña.

Artur Mas ha perdido escaños elección tras elección, también ha abandonado su dignidad, y sólo una gran perturbación mental puede explicar su locura

En definitiva, Artur Mas ha perdido votos. Artur Mas ha perdido escaños elección tras elección. El presidente ha abandonado también su dignidad, y sólo una gran perturbación mental puede explicar su locura. Nadie en su sano juicio puede tener tan poca vergüenza como el aforado Artur Mas. Decimos aforado porque esa es su única esperanza para evitar ser citado por algún juez de instrucción. No es ninguna sorpresa decir que en la agenda de reuniones del tesorero de Convergència Viloca salía bien grande el nombre de Artur Mas. No es ninguna sorpresa decir que cuando pierda el aforamiento será citado ipso facto.

Artur Mas perdió su carrera en la política hace años. Su carrera judicial, aunque la quiera dilatar con artimañas, empezará en breve. Será seguramente más larga y tortuosa. Pero en ese impasse ha perdido su escasa dignidad. Quizás este planificando en su 'astucia' esgrimir una enfermedad mental para alegar como atenuante en un futuro juicio. Triste cuando uno esta enfermo por no poder soportar su insoportable levedad del ser. Aunque más triste es cuando uno pone por delante de Cataluña su propia insolvencia como personaje. Un personaje oscuro, indigno, humillado, y humillante en sí mismo.

Sea cual sea el final, el camino ya ha sido marcado. El personaje enfermo no tiene solución. Ojalá en su partido alguien sepa medicarlo

Quizás su última petición de traición a cinco diputados del la CUP pueda entenderse como su corolario definitivo. Ahora sólo los más fieles e incompetentes tienen cabida en su mundo. Gente sin otro beneficio que ser tan leves e insoportables como el líder supremo. A todo eso, Artur Mas se ve sólo y abandonado. Muchas ratas han abandonado ya el barco a Ítaca. Otras roen los huesos del líder en busca de cualquier migaja embrutecida del recuerdo. Quedan días hasta que sea su último acto. La firma de las elecciones o la consumación de la traición pedida.

Mientras, horas de sufrimiento. No es agradable ver a alguien --aunque no compartas su forma de vida-- pudrirse en su propia vulgaridad. Muchos pensarán que es el final ideal para un personaje tan siniestro. Otros aún creerán en el milagro de la traición. Sea cual sea el final, el camino ya ha sido marcado. El personaje enfermo no tiene solución. Ojalá en su partido alguien sepa medicarlo. Para una generación, para un país, para un pueblo, para un catalán, pensemos lo que pensemos, es muy lamentable ver a un presidente consumido. Al final, sus últimos actos no son más que la crónica de un enfermo. Un enfermo llamado Artur Mas.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.