El arte y la política de Trapero

Carles Enric
4 min

Hace unos meses escribíamos que Josep Lluís Trapero sería una pieza clave del fin del procés. El argumento era sencillo, el mayor de los Mossos era el único personaje del circo --ya podemos llamarlo así sin acritud-- que sabía lo que quería. Y, por ende, también sabía lo que no quería. En este caso, ir a la cárcel.

En la vida, pero sobre todo en la política, el arte de las palabras y de los gestos debe ser siempre muy bien interpretado. Hay momentos donde no hace falta decir las cosas para que algunos las puedan entender. Que Trapero haya salido de la declaración en la Audiencia Nacional con una petición de fianza de la Fiscalía de sólo 50.000 euros, luego revertida incluso por la juez Lamela, es muy significativo.

Para aquellos que no entienden la política como un arte, debemos decir que seguramente --no duden de que saldrán los audios en breve-- Trapero no ha largado en el sentido delator que algunos creen. Pero seguro que ha insinuado, ha abierto puertas, ha mostrado una actitud de cooperación, que tanto la fiscalía como la juez han entendido de una forma manifiesta. Y, en mi opinión, de una forma muy inteligente y positiva.

Aunque la historia empezó de otra forma. Hoy el héroe, el paradigma de la gran verdad, el mejor policía del mundo, el 007 catalán que vendieron los políticos independentistas, ha sido abandonado a su entrada al juzgado. Simplemente no es de la famiglia y, por eso, no ha merecido ni un miserable aplauso de esos diputados que pasean por Madrid con menos vergüenza que incapacidad en su cerebro.

Mientras Trapero salía caminando del juzgado, Joaquim Forn se golpeaba la cabeza contra los barrotes

Un par de horas más tarde, mientras Trapero salía caminando del juzgado, Joaquim Forn se golpeaba la cabeza contra los barrotes. Recordando alguna película juvenil, en esta historia "ganará quien más corra antes, no quien corra más deprisa". Y de los cuatro candidatos, el mayor de los Mossos siempre fue el favorito en esa carrera. Forn, en su momento de dudas, volvió a confiar. Junqueras siempre ha vivido en otro mundo, y Puigdemont, literalmente, nunca ha vivido, ni se espera que viva.

Eso sí, el expresidente, con su juego de manos y móviles, insinuó ponerse en la parrilla de la carrera, pero a Puigdemont no sólo le falta valor y coraje sino incluso conocimiento para lograr alcanzar un acuerdo que cualquier bachiller lograría en minutos. El ego, a veces, hace creer unas voluntades que ni existen, o peor, nunca han existido.

Ahora sólo hay clara una cosa. Si definimos el fin del procés como carrera, que lo ha sido, hay un ganador claro, el mayor Trapero. Algunos hasta nos alegramos, no por el personaje, perfectamente definible en cualquier película de serie B, sino porque ha confirmado que el resto de actores --Forn, Junqueras y Puigdemont-- son ciertamente malos, muy malos. Indignos del arte y de la política catalana.

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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