Ante todo, mucha calma

Carles Enric
5 min

En una situación extrema es muy complicado mantener la calma. Quien no está acostumbrado a gestionar marrones tiene una clara tendencia a manipular y radicalizar su discurso. Triste realidad adonde el equipo de Puigdemont y Junqueras nos lleva. Y no por avisado, en mi columna de finales de junio Provocación, violencia, y..., menos sorprendente.

A estas alturas los pasos están definidos. Por un lado la justicia, y, por el otro, al mando, la provocación. Aunque hemos notado un cambio los últimos días. Por primera vez, como hemos comentado por Twitter, la inteligencia, en el sentido literal de la palabra, se ha puesto por delante de la política, centrada en Soraya, en la gestión del denominado conflicto catalán. Recordemos que los grandes problemas no pueden ser nunca gestionados por gente cuya vida se ha centrado en estudiar libros y en vivir de dinero público. Lectura, por cierto, aplicable a los dos bandos. Sí, en esta columna no nos da miedo hablar de bandos.

La inteligencia lleva a un primer camino: eliminar la propaganda. En desbandada el diario Ara y TV3, tocaba ahora el turno de los digitales​. Quizás aún falten un par de días para reducir la propaganda a la mínima expresión. Y entonces... ¿qué le queda al procés? Porque estos días, con las manipulaciones de todo y aún más, ha quedado claro que sólo pueden vitorear sus triunfos sobre las mentiras. Alguno dirá, ¿han reunido a 5.000 personas en Tarragona?... Bueno, qué menos... ¿Han movilizado 400.000 personas en paseo de Gràcia?... En el mejor de los casos, la mitad de los que siempre iban. Y sin medios de propaganda llegará la segunda fase: las detenciones. Puigdemont, Junqueras y Forcadell tienen todos los números para acabar en la cárcel los próximos años. Lo triste para ellos que nadie pestañeará.

Algunos quieren, necesitan, víctimas para avanzar, para forzar la internacionalización del tema. Otros intentan evitarlas al máximo, no son necesarias para restablecer el orden

Mientras, del bando de la propaganda podría surgir la violencia tras explotar al máximo la provocación. Y como no finalizamos en aquella columna de hace unos meses, los puntos suspensivos ya tendrán nombre: las víctimas. ¿Cuántas? ¿Dónde? Esa es la gran duda de este jeroglífico de buenas y malas intenciones. Algunos quieren, necesitan, víctimas para avanzar, para forzar la internacionalización del tema. Otros intentan evitarlas al máximo, no son necesarias para restablecer el orden.

Y ese pequeño detalle sobre quién quiere las víctimas es el que debe consolidar estos días nuestro título, "ante todo mucha calma". Las provocaciones ya han comenzado. La inteligencia debe desbancarlas a través de la justicia. Objetivo primero, fulminar la propaganda. Una vez eliminada, tocan las detenciones, y ahí, aún con la poca efectividad de medios subversivos, no tienen otro nombre, la violencia estará al caer.

No duden que un análisis final dirá que los independentistas siempre han sido buenos en la propaganda. Cuando, a la propaganda, el Estado ha respondido con política, su derrota era evidente. Ahora que finalmente responde con inteligencia, reiteramos, en el sentido estricto de la palabra, el juego tiene poco recorrido. La propaganda nunca puede a la inteligencia, simplemente porque se basa en una mentira repetida muchas veces. Por suerte la sociedad catalana en su mayoría es madura. Eso sí, no duden que estas semanas aún serán difíciles y, como todos saben, sólo las víctimas pueden cambiar el camino. Contra las víctimas, y por ende los sentimientos, por desgracia, no hay inteligencia que valga. Y recuerden, piensen, ¿quién necesita víctimas sobre la mesa?

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¿Quién es... Carles Enric López?
Carles Enric

Soy un tipo corriente. Estudié una carrera en Barcelona e hice un Erasmus en Londres. Me casé, tuve hijos, me divorcié, me divertí, me junté, me separé… y siempre pensé que escribir era apasionante, sobre todo de lo cercano. Mi experiencia en el mundo editorial me permitió entender que vivía en un país que confunde profesionalidad con no tener ideas propias. Eso me preocupó y con los años sólo procuro ser coherente. No me caso con nadie, y eso no gusta. Si busca pleitesía al poder no lea mis artículos.

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