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No es un Barça-Madrid pero lo parece

Roberto Giménez
4 min

Nunca había vivido nada igual: no existen puentes de entendimiento entre las dos aceras de la política catalana. No hace falta que las cite. Son dos paredes con ojos que se miran sordas con boca para quejarse. Es una boca de lobo a la que aún a nadie le han salido los incisivos pero la naturaleza tiene su instinto.

La política ha bajado al estadio primario de los forofos del fútbol. Leen el As o el Sport y hablan de otro Clásico que el Madrid y el Barça jugaron anoche. Porque no impera el razonamiento sino los sentimientos (polos opuestos), y todos sabemos qué la pasa a una botella de cava agitada por los medios cuando la destapan...

Los opinadores dicen que el gen catalán es pacífico. Quien dice eso carece de amnesia porque la violencia soterrada viene de lejos. Hace cien años, Josep Pla cuenta el viaje del noble bohemio Barón de Rosmithal de Blatna por España y Portugal a mediados del siglo XV con un séquito de cuarenta personas, para aprender las costumbres de la cristiandad en la Europa occidental: "Deja a la provincia [Cataluña] sino que los que la abatían son los más pérfidos y malvados de los hombres, y tales como no los hay en ninguna tierra. Tres provincias de infieles recorrimos, bárbaros, sarracenos y granacerenos y entre ellos estuvimos más seguros que entre los catalanes".

Cuando Alemania entregue al errante fugado a la justicia española, no estallará la violencia general pero sí casos esporádicos que llevarán la firma de los CDR

Me dirán que Pla hablaba de un pueblo del siglo XV, pero no hace falta viajar en el túnel del tiempo cinco siglos: en los años 20 Barcelona era la ciudad industrial más violenta, que los sindicalistas norteamericanos la bautizaron como La rosa de fuego. Ríete tú del Chicago de la Ley Seca, Al Capone y Eliot Ness. En Barcelona en cuatro años (1919-1923) se cometieron doscientos veinte asesinatos sin salir del casco antiguo, y eran los padres de la guerra, y los hijos mataron como descosidos durante la guerra, y después...

Que nadie tome mis palabras al pie de la letra porque cuando Alemania entregue al errante fugado a la justicia española --si no lo hace por rebelión, lo hará por sedición, y el reloj de arena es lento pero no dejan de caer granos hasta que se vacíe-- no estallará la violencia general pero sí casos esporádicos que llevarán la firma de los CDR.

Casos aislados porque afortunadamente, a diferencia de hace un siglo, Cataluña --y España-- es una sociedad de clase media, y esa clase tiene mucho que perder, por eso en Semana Santa los activistas de los CDR estaban esquiando en la Cerdanya.

No son rusos ni franceses que van a Bilbao para calentarse del frío invernal, pero tenemos descerebrados boixos nois y ultrasur en todas nuestras ciudades.

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.