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José Antonio Bueno

¿'Sayonara', Nissan?

02.11.2019 00:00 h.
7 min

Hace 11 años escribí un duro artículo con un título similar, pero sin interrogantes, ante los tremendos recortes que planteaba el recién llegado Fumiaki Matsumoto para garantizar la viabilidad de la planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona. Yo pensaba entonces que en realidad habían comenzado una estrategia para cerrar la planta.

Matsumoto-san tuvo la deferencia de explicarme personalmente sus planes y con un esfuerzo más que notable de los trabajadores, un excelente trabajo de las administraciones, capitaneadas por el Govern del MHP Montilla --quien se involucró personalmente en buscar la solución al problema-- y la colaboración discreta de muchas personas, el ajuste fue posible. Llegaron las ayudas y Matsumoto-san cumplió su palabra, logrando la continuidad de la planta. Seis meses después fue una alegría escribir otro artículo rectificando mi primera opinión y agradeciendo a Matsumoto-san su liderazgo.

La noticia publicada recientemente en Bloomberg alertando del posible cierre de todas las plantas de Nissan en Europa no es buena. Es verdad que la compañía ha dicho que por ahora no hay nada, pero podría ser que alguien se fuese de la lengua en el Salón del Automóvil de Tokio: hay muchos tiempos muertos en los salones y no sería la primera vez que alguien hablara más de la cuenta en un entorno similar.

Que Nissan esté valorando abandonar la fabricación en Europa no es imposible. Sus mercados estratégicos son Japón, Estados Unidos y China, su cuota de mercado en Europa es baja, solo el 2,5%, desde febrero de este año se pueden importar coches japoneses sin pagar aranceles y, además, Europa es territorio de su socio, Renault. Hay que considerar que Nissan no está en su mejor momento y se analizan muchos escenarios cuando hay que ajustar costes. En marzo ya se anunció que dejaría de vender en Europa su marca de lujo, Infiniti, y el nuevo CEO ha pedido ideas para reducir en 12.500 empleados la plantilla global de Nissan, todos ellos de fuera de Japón. En este entorno cerrar las plantas europeas no es una idea que no pueda estar valorándose por alguien.

De igual modo que en otoño de 2008 todas las voluntades se aunaron, ahora tocaría hacer lo mismo. La empresa debería compartir sus planes de futuro, sobre todo indicar qué productos podrían venir a Barcelona, para que empresa y sindicatos puedan hacer un plan con el que solicitar ayudas si es que se necesitan. También sería necesario conocer los planes de la alianza, pues si Renault comienza a producir coches de Nissan estaríamos frente una buena noticia para España pero que no tendría que serlo necesariamente para Barcelona, salvo si aquí viniesen otros vehículos de la alianza. De igual modo que la Generalitat trabajó codo con codo con el Gobierno de España en 2008 y 2009 deberían hacerlo ahora, por muy tensas que sean las relaciones en este momento.

Y, también, es imprescindible despejar dudas sobre la estabilidad y la seguridad en nuestra ciudad. Si llegase a cerrar la planta de la Zona Franca de Barcelona no sería por la inestabilidad, la violencia en las calles o la inseguridad, pero no creo que a ningún japonés le ayude a decidir a favor de la ciudad verla en llamas y con cortes --día sí, día también-- de varias vías de comunicación. Como tampoco ayuda el fallecimiento de una viceministra coreana en Barcelona a comienzos de este verano como consecuencia de una caída tras un robo producido por un tirón, ni la epidemia de inseguridad que --aunque ahora no cabe en las noticias de primera plana-- sigue enquistada en nuestra ciudad. No quiero ni imaginar lo que podría pasar si una delegación nipona se viese atrapada en el aeropuerto, su hotel estuviese rodeado por barricadas en llamas o les robasen nada más llegar al centro. Y, lamentablemente, éste no es un escenario imposible sino más bien lo contrario.

La alianza Nissan Renault pasa por sus peores momentos: Nissan está en pérdidas; la planta de Barcelona cada vez tiene menos pedidos estando ahora al 26% de su capacidad, una ruina; Barcelona y Cataluña padecen una ola de violencia, inestabilidad e inseguridad como nunca; Govern de Cataluña y Gobierno de España ni se hablan… Pero hay que intentarlo, porque tres fábricas (Zona Franca, Sant Andreu y Montcada), cerca de 3.000 empleos directos, más de 10.000 indirectos e inducidos, proveedores, transportistas, etcétera están en juego.

Si llegase la decisión de cierre no habría que perder el tiempo esperando el milagro chino. Ya se intentó atraer a Chery a Cataluña en 2010 y luego a Brilliance en 2012 (en esto, tripartito y CiU cayeron en la misma trampa), pero tras pagar varios estudios y realizar varios viajes el resultado fue el mismo: cero inversión. Y pasará lo mismo si se fía el futuro de las plantas de Nissan a una marca china, mucho ruido y pocas nueces. Si la decisión fuera la de cierre, con suerte, algún empleo se salvaría reconvertido a operador logístico, pero desde luego no los 10.000 o más afectados, siendo además mucho más volátiles y peor retribuidos.

Ser profeta del apocalipsis es sencillo y bastante injusto. Ojalá todo quede en un mal entendido y dentro de unos meses se asigne un nuevo modelo a la planta de Zona Franca. Entonces escribiré otro artículo reconociendo mi actual error de apreciación, como ya hice hace diez años, pero ante lo que nos jugamos lo único que no puede hacerse es esperar y mirar para otro lado. Hay que aprovechar una supuesta indiscreción para que todos lo que pueden intentar hacer algo, que no son pocos, se muevan para intentar salvar un importantísimo e irremplazable activo industrial.