Menú Buscar

Ni Gary Cooper puede salvar a Rajoy

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

24.03.2016
7 min

En el artículo 'El nacionalismo es la perversión del sindicalismo', sobre el nombramiento de Josep María Álvarez como secretario general de UGT, argumenté que la izquierda tenía un problema grave por este efecto bumerán: refuerza a la derecha por el complejo de no defender el concepto de la nación española y sus símbolos. Los sentimientos no son patrimonio de los separatas. Los que no lo somos también tenemos.

Son cientos de miles de compatriotas los que tienen el sentimiento nacional en las entrañas y se resisten a votar a las izquierdas porque detectan cierto desapego

No sabría decir cuántos, pero son cientos de miles de compatriotas los que tienen el sentimiento nacional en las entrañas y se resisten a votar a las izquierdas porque detectan cierto desapego. Muchos de los electores del PP lo hacen tapándose las narices porque el hedor de los amigantes (los amigos mangantes) es inaguantable. Siguen votándoles como mal menor.

Si hasta hace un tiempo se podía argumentar que la corrupción era una dolorosa excepción a la regla general, hoy, tras el reguero de comisiones que escandalizan a toda persona decente, que indignan a la izquierda y avergüenzan a los electores del PP, lo que está aflorando no es que la regla tenga alguna excepción sino que las excepciones han matado a la regla. Por eso, ni el bueno de Gary Cooper que estás en los Cielos en 'Solo ante el peligro' podría salvar el papelón que tiene el presidente Mariano Rajoy.

En política hay una regla de oro sin firma que dice que todo buen político tiene que ser mejor actor, pero esa interpretación no puede aprobarla ni el mítico actor norteamericano, por un principio que escapa del arte de la interpretación, incluso de la política, que ya entra en el terreno de la filosofía: justificar lo injustificable es corrupción de baja intensidad.

Hoy todo el mundo, también el electorado del PP, sospecha de la inocencia de cualquier concejal con mando en plaza hasta de tercera regional. Ojo, estoy convencido de que una mayoría de ediles, y de todos los partidos, son gente decente, pero esta mácula la llevan grabada en el anagrama de la gaviota que ya se asocia a una ave carroñera, el buitre.

El enfermo resiste, pero esa resistencia no es por méritos propios (pese a la mejora económica) ni valor, sino porque la bomba de oxígeno se la da el PSOE

Este estado de ánimo es lo que ha permitido crecer a un partido de aluvión como Ciudadanos, y la crecida por aluvión también es peligrosa. Pese a todo, las encuestas dicen que en unas nuevas elecciones generales el PP volvería a ser la fuerza más votada. Con menos votos, porque con la hemorragia de los casos abiertos ha perdido una tercera parte de sus hematocritos; empero, aunque demacrado, el enfermo resiste, pero esa resistencia no es por méritos propios (pese a la mejora económica) ni valor, sino porque la bomba de oxígeno se la da el PSOE.

Pedro Sánchez, pese alguna pájara, lo sabe; no es un ZP remendón, y la prueba notarial pudimos verla en la campaña electoral del 27S con esa sorprendente pantalla gigante de plasma con la rojigualda de fondo de 4,40 metros de ancho y 2,60 de alto. No en Madrid sino en BCN.

Al verla recordé la mítica Semana Santa de 1977 cuando el PCE fue legalizado, y Santiago Carrillo convocó un acto publico abierto a la prensa presidiendo la mesa la rojigualda, anatema simbólico de los viejos luchadores comunistas.

Para la izquierda ideológica es un problema sentimental. La política tiene mucho de sentimiento. La filosofía tan centrada en lo racional no ha reparado en ese sustrato que anida en el subconsciente de las personas. Hay muchos viejos, aunque por edad no lo sean tanto, que se han amamantado en ese manantial de leche agriada. El tiempo no pasa en balde.

Quien hoy ante la bandera de España piensa en Franco sufre una neurosis. La izquierda más ideológica debe aceptar esta realidad, aunque sólo sea para no apuntalar a la derecha

Franco hace ya 40 años que está en Cuelgamuros. La mayoría de las personas vivas que lucharon contra la dictadura son clientes del Imserso. La mayoría de españoles de toda edad y condición se identifican con la bandera de España. El franquismo es sólo una página de la Historia tan ajada como la guerra de Cuba para nuestros padres.

Quien hoy ante la bandera de España piensa en Franco sufre una neurosis.

La izquierda más ideológica debe aceptar esta realidad, aunque sólo sea para no apuntalar a la derecha. Si deja la defensa de los símbolos de España al PP, es como aceptar correr los cien metros lisos con una pesada mochila cargada de resentimiento.

Y, con esa carga, ningún atleta inteligente acepta correr, porque es una almendra amarga de Historia. El caso español hoy es exclusivo, pero si echamos la vista atrás no ha sido el único.

En Estados Unidos, dos generaciones confederales no aceptaron la bandera de las barras y las estrellas hasta principios del siglo XX. Y no hay que ir otro hemisferio para ver lo mismo, sino mirar a Francia...

Hoy la derecha y la izquierda francesa pasean la tricolor con orgullo, como en Cataluña la senyera, pero no siempre fue así: durante 120 años la bandera de la revolución francesa que simboliza los valores universales de igualdad, libertad y fraternidad, sólo era aceptada por la izquierda republicana, no por la derecha monárquica que tenía a Juana de Arco como heroína nacional. Fue en la Gran Guerra, con más de seis millones de bajas, en defensa de la France, la que hizo el milagro aunar a todos los políticos tras una misma bandera. Una envidia.

Espero que el PSOE aprenda la lección, aunque sólo sea por interés...

Artículos anteriores