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El nazismo en los orígenes de Òmnium

Manuel Peña Díaz
5 min

Hace unos días Òmnium acusó al rey de ser “un digno heredero” de Franco. No es casual que la organización independentista emplee ese calificativo y ese sustantivo. Su junta directiva y sus socios son fervientes admiradores del pasado de la entidad, de sus dignos padres fundadores (Carulla, Millet, Cendrós, Vallvé y Riera) y de su extraordinaria labor y herencia catalanista. Tienen tanto interés por el pasado que lo utilizan para subrayar los orígenes de su presidente, Jordi Cuixart, según consta en la web: “En su casa sus padres hablan castellano, porque su madre llegó de la región española de Murcia en los años 60”. El apunte sobre la españolidad no es baladí, no hay que dudar del gesto informativo de la entidad para que un socio despistado no se confunda y crea que su presidente encarcelado tiene raíces en las Murcias de Bolivia, Filipinas o Costa Rica. No, es en la Murcia española, ¿cabe mayor sinceridad en la conversión?

Desde que se fundara Òmnium allá por 1961, en plena oleada inmigratoria, la influencia de la organización ha crecido exponencialmente, incluso durante los años del cierre impuesto por el gobierno franquista entre 1963 y 1967. Esta clausura reconvirtió a los dirigentes de esta organización en catalanistas opositores al franquismo, después de haber colaborado con él. Una oposición moderada, como sus propios protagonistas la calificaban, repito, oposición moderada que no antifranquismo.

Uno de los protagonistas de esos años --en los que confluyó el catalanismo franquista y la oposición moderada-- fue Manuel Ortínez, economista, financiero, hacedor del retorno de Tarradellas y consejero de Gobernació en el primer gobierno de la Generalitat restaurada. Ortínez escribió unas memorias que publicó Edicions 62 en 1993. Por sus páginas desfilan lo mejor de cada casa, de esa burguesía catalana en otro tiempo tan poderosa y que él decía conocer tan bien. Reconocía que, en aquellos sesenta y mientras Franco viviese, lo mejor que se podía hacer era resucitar la conciencia catalanista, a través del arte y la literatura.

Òmnium fue clave en esa operación, y la estrategia que desarrolló Ortínez fue que dicha entidad no desviase su oposición moderada hacia la acción directa. Con ese fin organizó algunas comidas con catalanistas y opositores españoles. En 1966, en Casa Valentín de Madrid, reunió a Josep Pallach, Joan Baptista Cendrós y Dionisio Ridruejo, entre otros. Y cuando estaban en los postres, Cendrós, el todo poderoso secretario de Òmnium, muy serio y agresivo, hizo esta afirmación: “Yo soy un fascista catalán, yo soy un nazi catalán y no acepto nada de España y pienso que todo lo que se haga por matar castellanos es bueno”.

El silencio de los comensales se pudo cortar con un cuchillo. Se pueden imaginar como pudo reaccionar Ridruejo, Ortínez da cuenta de ello.Tarradellas tuvo conocimiento de esa extrema sinceridad del dueño de Floïd, y despreció ese comportamiento y, en general, el de Òmnium. Para el líder de ERC no había que enfrentarse al Estado, sino conocerlo por dentro y apoderarse de él cuando fuera posible. Este catalanismo de Poblet, como lo calificó Ortínez, fue el que preparó el retorno de Tarradellas con un objetivo concreto: “convenir amb la monarquia espanyola la separació de Catalunya de la resta de Espanya i arribar després a un pacte basat en la unió personal, entre el pacte entre Catalunya i la monarquia”. Un mismo rey, dos estados distintos. Nada salió como tenían previsto, salvo el totalitarismo identitario de Cendròs y su odio a España, guía espiritual de Ómnium hasta hoy, sus dignos herederos.

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¿Quién es... Manuel Peña Díaz?
Manuel Peña Díaz

Historiador y profesor universitario, autor de Una Historia no oficial de Cataluña (2019).