Ayuso-Casado: la bicefalia que favorece a Sánchez

Josep Maria Cortés
8 min

La canícula cae sobre paisajes abruptos. Una semana después de la carta de Junqueras, Ayuso le llama a Felipe VI cómplice de los indultos, pero rectifica al día siguiente. Colón pincha y Pablo Casado envuelve la rectificación en el celofán de la retórica sobre la neutralidad de la monarquía. Las palabras del domingo volaron sobre la concentración que lideró Vox, más allá del énfasis de Andrés Trapiello y de la metedura de pata de la presidenta de Madrid; pero ayer, un día después, volvieron al Congreso, gangrena de la elocuencia. La pelea en lo alto del PP cicatriza las heridas del Gobierno. Mientras la palabra analiza, la imagen concentra. Y la última imagen de Colón es explícita: la derecha pierde fuelle, pese a que los sondeos le conceden al PP la victoria en unas hipotéticas elecciones generales. La cuestión hoy --y dentro de dos años también-- no es quién saca el mejor resultado sino quién puede articular una mayoría en las cámaras. Y para alcanzar este objetivo, el PP, después de canibalizar a Ciudadanos, solo puede sumar con Vox.

Vox manda en la calle y Ayuso habla más alto que Casado. Pero la calle no da votos y, en el rebufo de Colón, la rectificación de la lideresa va acompañada del reproche profundo de un sector con mucho peso dentro del PP, que exige a Génova una mirada más amplia respecto al problema catalán. Las baronías territoriales del partido conservador se manifiestan en contra de los indultos, pero buscan razones para poner en marcha una conllevancia con la España territorial, capaz de dialogar con la Cataluña constitucionalista y con el reformismo del PNV.

Estar a favor o en contra de los indultos ha dejado de ser relevante. Lo relevante es tener una posición sobre el modelo territorial, después de la carta de Junqueras, que cayó como una sentencia: “la vía unilateral no es viable ni deseable”. Desde aquel día, la carta sigue abriendo en canal a la política entera del país. A partir del segundo domingo de Colón, la inquina en contra de la medida de gracia no hace sino aislar a quien la exhibe. A Vox le va bien porque por definición es un movimiento aislado --“de jefes, no de políticos”, escribió Sánchez Dragó-- pero al PP de Casado lo perjudica seriamente. Y a la misma Ayuso, pronto empezará a pasarle factura la púrpura de la intransigencia, a menos que no destrone de una tacada a su contrincante y jefe de filas. Si estamos ante un nuevo PP, la presidenta de Madrid debe forzar unas primarias al calor de la Convención que prepara Casado, cuya celebración está prevista en Valencia, el próximo octubre, para contrarrestar el Congreso del PSOE. Casado quiere llegar a Valencia con la renovación del su partido muy avanzada. El verano de postpandemia no ofrece resuello; en el PP se seguirá combatiendo palmo a palmo, hasta el otoño.

Ayuso y Casado son la mejor expresión de la bicefalia española. Reproducen los esquemas que han ido minando al cesarismo de la Nueva Política, que ha sido especialmente sonoro en la salida de Pablo Iglesias de Podemos. La crisis de Iglesias también es bicéfala; no olvidemos que empezó alimentada por su antiguo número dos, Íñigo Errejón, hoy jefe de filas de Mas País. Ya hay quien dice que la vicepresidenta Yolanda Díaz no se atreverá a subir peldaños porque no es militante del partido que representa, lo que le ofrece a Iglesias la oportunidad de volver por todo lo alto y encaramarse de nuevo en la presidencia de Podemos. Aseguran que será un regreso a la vasca, es decir, mandando más que los cargos institucionales. Y atención, salvo en el genuino caso vasco, cuando un comité central se impone a los cargos electos por sufragio, estamos a las puertas de una dictadura de partido único. El tristemente famoso empoderamiento del profesor Ernesto Laclau, fe del marxismo populista, ha hecho mucho daño a la generación del 15M.

Cuando la política nacional mira a la periferia encuentra la bicefalia estable entre Andoni Ortuzar, presidente del PNV, e Iñigo Urkullu, el presidente del País Vasco; y todos sabemos que, desde siempre, el Euzkadi Buru Batzar manda más que la Lehendakaritza del palacio de Ajuria Enea (Vitoria). Por su parte, en Cataluña, las dos cabezas del soberanismo, Junqueras y Puigdemont han sido una constante, hasta llegar a su actual implosión, y a su descrédito actual, después de anunciar el plante del Govern a la cena del rey con empresarios en el marco de la Reunión Anual del Círculo de Economía. ¡Ridículo mundial del soberanismo montaraz!

En toda bicefalia, el ascendente se enmascara al principio y solo se va desvelando con el paso del tiempo. Así lo hicieron los autorretratos de la mayoría de los grandes pintores, como Picasso, que se interpretó a sí mismo entre lo grotesco y lo circense, o el mismo De Chirico, que se pintó primero como sombra y después como busto.

A Isabel Díaz Ayuso puede faltarle la paciencia de lo implacable, tan propia de los artistas. En Colón dio un traspié a causa de sus prisas por aprovechar el tirón de los comicios autonómicos y ahora en Génova concluyen atentos que la lideresa debe renunciar a sus altas aspiraciones nacionales a cambio de una cómoda presidencia en Puerta del Sol. Pero no creo porque, ayer mismo, ella recuperó el timbre al tratar de acercase a Zarzuela, tras la concesión a Felipe VI de la medalla de Honor de Andalucía, concedida por la Junta de aquella Comunidad. Ayuso busca la complicidad imposible que ella denunció en la concentración del domingo, pero olvida que la Corona no está en almoneda; la Casa solo habla desde el gesto y el silencio. Y firma, por mandato constitucional, los indultos de Sánchez.

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¿Quién es... Josep Maria Cortés?
Josep Maria Cortés

Periodista de economía, realizó una parte importante de su carrera en El País y en los últimos años ha colaborado con La Vanguardia, Catalunya Ràdio y ED. Antes, desempeñó el cargo de director en Barcelona de la consultora multinacional de la comunicación Porter Novelli. Fue durante cinco años analista semanal en el programa Bon dia, Catalunya de TV3. Inició su carrera profesional en El Noticiero Universal y en El Correo Catalán, perteneció a la plantilla fundacional de TV3 y fue el primer corresponsal en Barcelona del diario financiero Expansión. Ha publicado, como autor y coautor, varios libros de investigación periodística, entre ellos, Memoria de Catalunya, del regreso de Tarradellas al pacto Pujol-Aznar (Taurus) o Los yuppies de Pujol llegan a la cima (ED).