Avalancha de 'peix al cove'

Josep Maria Cortés
6 min

El president de la Generalitat, Pere Aragonès, utiliza un doble lenguaje: por un lado, mantiene el objetivo de máximos del bucle catalán --autodeterminación y consulta sobre la independencia-- mientras que, por el otro lado, utiliza la Comisión Bilateral Madrid-Barcelona para exigir solo los 56 traspasos --¿no se queda corto?-- pendientes en el ámbito social, cultural, patrimonial e infraestructuras. Esta segunda idea, que simula una apuesta por la normalidad federal, llega acompañada de un encarguito del vicepresidente del Govern, Jordi Puigneró: “Si el Gobierno de Pedro Sánchez apuesta por el autogobierno, que lo demuestre”. De momento, ahí va el medio centenar de inmarcesibles traspasos; a Pere Aragonès solo se le olvidó añadir, en su carta a Sánchez, un batería de cocina de acero inolvidable, un viaje del Incienso, luces alucinógenas para la piscina, una luz cándida en la salita y una prueba de alienígenos, bagatelas todas ellas que no se encuentran en el súper de la esquina.

El lunes quedó sembrada la dualidad: soberanismo y peix al cove. De lo primero, el presidente Sánchez no habla ni discute; respecto a lo segundo, el Govern vuelve a la política de pájaro en mano de Jordi Pujol, pero con un desborde que queda en nada ante la eficacia de Urkullu, coleccionista de competencias para Euskadi, con pausa y a la chita callando. El lehendakari gana la mano; los nuestros no han entendido nada. El Gobierno aborda inopinadamente la ampliación del aeropuerto de El Prat y seguirá por riguroso orden la retahíla de traspasos exigidos para ya, como si no existiera mañana. La independencia es menos posible que nunca y los traspasos mantendrán la cadencia de las necesidades con el cumplimiento de los plazos por ambos lados. Punto. Después de la Comisión Bilateral, el mundo de la economía, empezando por la patronal Fomento del Trabajo Nacional, terció como siempre en beneficio de todos. Los empresarios sostienen que Barcelona perdió la sede de la Agencia Europea del Medicamento por carecer de un aeropuerto con suficientes rutas internacionales. ¿Dónde estaban las autoridades catalanas? En su perdición plebiscitaria.

La espantada de Aragonès el día de la conferencia de presidentes autonómicos en Salamanca sentó en Moncloa a cuerno quemado. Como es conocido, el president no acudió a la cita, sino que fue a reunirse en Suiza con la número dos de ERC, Marta Rovira; y Sánchez, que no es precisamente Bambi, pilló un rebote monumental; cuando se le sube la bilirrubina, el hombre exhibe mala gaita como virtud de la praxis. En el equipo del presidente se da por descontado que éste ha hecho todo lo que estaba en su mano para favorecer un acercamiento con el nacionalismo, incluida la puesta en libertad de los presos, que el bloque ERC-Junts exigía antes de avanzar en cualquier negociación. A partir de ahora, diálogo creativo o tabla rasa.

La Generalitat no puede exigir la gestión a su antojo de los fondos europeos, como si éstos fueran recursos de libre disposición de los Presupuestos Generales de la Generalitat. En el compás de espera, los altos funcionarios operan con la amortiguada elocuencia que acostumbran las instancias responsables de la gestión pública. Disimulan. Cuando nadie sabe nada, la arquitectura institucional funciona a tempo especialmente lento.

En el Palau de la Plaza de Sant Jaume se dice bien alto: “este dinero es nuestro”. Pero no, los Next Generation llegarán al consejero de Economía, Jaume Giró, en forma de partidas finalistas. Él no tiene la culpa, sin embargo, diez años de frentismo y prevaricación no son ninguna garantía y, además, la mayoría social catalana se horroriza solo de pensar que estos señores metan el cazo en el dinero de Bruselas. ¡Cuidado con la European Court of Auditors (ECA)!, el duro árbitro de cuentas de la UE, con su sede ubicada casi en frente del Tribunal de Justicia de Luxemburgo. Los magistrados de la ECA no son precisamente del PP y Vox, como ocurre aquí, pero no veas como las gastan con la malversación. Sus expedientes corroen la vanidad de los poderosos países miembros.

Ayudar a Pere Aragonés es como trabajar en una biblioteca de libros no publicados. Él no ha empezado a demostrar nada, pero lo inunda todo de inclinaciones que serían respetables, si fueran ciertas. Exige montañas, pero vive del fetichismo y la idolatría de sus mayores; ha heredado el bucle catalán perpetuo. Es un conceptual de la política: su semisilencio goza de una cualidad vigorosa. Se apodera del centro antes de construir la esfera; quiere el punto que explica todos los círculos y piensa que tal vez así se eximirá de levantar la auténtica  geometría del poder que le corresponde. Detrás de su parquedad hay poquita cosa, a parte de los 56 traspasos pendientes, una catarata de sensaciones y anhelos, cuya finalidad abruma y confunde.

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¿Quién es... Josep Maria Cortés?
Josep Maria Cortés

Periodista de economía, realizó una parte importante de su carrera en El País y en los últimos años ha colaborado con La Vanguardia, Catalunya Ràdio y ED. Antes, desempeñó el cargo de director en Barcelona de la consultora multinacional de la comunicación Porter Novelli. Fue durante cinco años analista semanal en el programa Bon dia, Catalunya de TV3. Inició su carrera profesional en El Noticiero Universal y en El Correo Catalán, perteneció a la plantilla fundacional de TV3 y fue el primer corresponsal en Barcelona del diario financiero Expansión. Ha publicado, como autor y coautor, varios libros de investigación periodística, entre ellos, Memoria de Catalunya, del regreso de Tarradellas al pacto Pujol-Aznar (Taurus) o Los yuppies de Pujol llegan a la cima (ED).