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Retrato de Ana Bolena / GOOGLE

Ana Bolena, las amantes de los Borbones o las mujeres nazis: 'cherchez la femme'

Historiadores y expertos en distintas disciplinas trazan los pasos de las mujeres 'fatales' que han marcado épocas, con el afán de redescubrir sus verdaderas personalidades

12 min

«Cherchez la femme» es una célebre frase de Alejandro Dumas en su novela Los mohicanos de París publicada en 1854. Para Dumas, siempre hay que buscar a la mujer escondida discretamente, como clave para resolver una trama de cualquier tipo. El imaginario misógino ha acabado generalizando la expresión a la consideración de la mujer como la clave de hipotéticos conflictos. Se ha generalizado el tópico de que allá donde hay un problema, hay una mujer en medio como fuente del mismo, con toda la carga de la culpa. Con la frase de Dumas, hemos bautizado una serie de artículos que se publicarán semanalmente en este periódico, dedicados a penetrar en los perfiles sombríos de determinadas mujeres, fatales, seductoras, vampíricas, intrigantes, infieles, traidoras, criminales sin escrúpulos, mujeres que han apelado a sus propios recursos para sobrevivir de la mejor manera posible o escalar social y políticamente…y se han acabado convirtiendo en representaciones del mal para el imaginario masculino. Se trata de profundizar en los arquetipos de la perversidad femenina en la historia, la literatura, el cine, el arte…diferenciando bien la realidad de lo que fueron estas mujeres y sus representaciones imaginarias.

Retrato de Alejandro Dumas / GOOGLE
Retrato de Alejandro Dumas / GOOGLE

Vivimos tiempos de exaltación del género femenino en términos épicos o dramáticos. Épicos, glosando los grandes iconos del feminismo con sus conquistas de derechos para la mujer a lo largo del tiempo. Dramáticos, subrayando las peripecias de sufrimientos de las mujeres víctimas de la violencia machista. Aquí no pretendemos abrir otra vertiente de género. Simplemente queremos focalizar la atención sobre determinadas mujeres, huyendo de atribuciones genéricas, que han podido, sabido o querido deslizarse desde la periferia del poder a la hegemonía del mismo, con capacidad de resistencia, cuando ha habido que tenerla, o de audacia, cuando ha sido necesaria, para romper las reglas de los clichés convencionales asignados a la mujer y al hombre y superar las debilidades de partida a través de la inteligencia emocional y las presuntas “armas de mujer” o sus propios recursos del tipo que sean.

Armas de mujer

 Armas de mujer fue precisamente el título de una película dirigida por Mike Nichols, interpretada por Harrison Ford, Melanie Griffith, y Sigourney Weaver en la que se describe muy bien el mundo competitivo de la empresa y las estrategias de algunas mujeres para triunfar.

 

 

Trailer de 'Armas de mujer' / YOUTUBE

En esta serie escribiremos sobre determinadas mujeres puntuales sin voluntad alguna de establecer generalizaciones sobre presuntas cualidades intrínsecas y estructurales del género femenino. La historia de las mujeres es la historia de la lucha contra los arquetipos estructurales. El primer arquetipo negativo sobre la mujer vino de la mitología mesopotámica, a través de la primera mujer, Lilith, una especie de demonio femenino en el año 2100 a.C. Erika Bornay escribió un buen ensayo sobre la imagen histórica de las mujeres fatales que tituló precisamente Las hijas de Lilith.

La potencia del arte

Pero la primera cantera de mujeres-arquetipos de perversidad o malicia es el Antiguo Testamento. La pionera es la propia Eva, la mujer de Adán. El discurso bíblico no puede ser más implacable con ella. Por lo pronto, no es fruto sino de la costilla de Adán, lo que, de entrada, implica su inferioridad en tanto que producto fragmentario del varón. Por otra parte, ella es la responsable de la desobediencia de la pareja ante Dios, derivada de su propia curiosidad: ella es la que decide comer la fruta del árbol del bien y del mal, contra el mandato divino y se la da a comer al hombre. Serán infinidad de representaciones las que recuerden el momento del paraíso perdido (desde la obra de Milton a los cuadros de Durero, Tiziano, Miguel Ángel o el Bosco). Eva será la culpable del pecado original que necesitará de otra mujer, María, la madre de Dios, para a través de la Encarnación lograr la Redención. Eva versus María. Sobre este binomio de mujeres gira el discurso judeocristiano.

El cuadro 'La tentación de Adán y Eva y la expulsión del Paraíso', de Miguel Ángel / GOOGLE
El cuadro 'La tentación de Adán y Eva y la expulsión del Paraíso', de Miguel Ángel / GOOGLE

Hay otras mujeres en el Antiguo Testamento estigmatizadas por las acusaciones de perversidad. La misma curiosidad que impulsa a Eva a comer la fruta le hace a la mujer de Lot, cuando sale de Sodoma con su familia, mirar atrás incumpliendo, una vez más, la disposición divina. Y el castigo se produce: queda convertida en estatua de sal. Sobre la mujer de Lot, en la que los historiadores, en cambio hemos encontrado un referente de nuestro oficio, el de mirar atrás, se han articulado múltiples glosas literarias desde la de Eugenio Sell a la de la Nobel polaca Wislawa Szymborska.

Otra mujer bíblica a la que se ha connotado de perversidad es la Dalila de Sansón, según el relato del Libro de los Jueces. Sansón fue un juez de Israel, símbolo de la fuerza en la lucha contra los filisteos. Éstos contrataron a Dalila para que, a través de sus recursos femeninos lograra saber dónde radica la clave de la fuerza de Sansón. Seducción, enamoramiento, interrogatorio hábil al fuerte pero torpe Sansón hasta que la mujer consigue la información. El cabello, ahí está la razón de la fuerza. Mientras Sansón adormece en las piernas de Dalila, un filisteo por encargo de ella, le corta el pelo y Sansón es apresado. Dalila ha cumplido su función de entregar al hombre. Al final, la venganza. El pelo crece, y Sansón puede hacer ostentación de su fuerza, destruyendo el templo donde él estaba encadenado, muriendo y matando. De Dalila nunca más se supo, probablemente, estaba en otro lugar en el momento de la destrucción del templo.

La mujer bíblica Dalila de Sanson / GOOGLE
La mujer bíblica Dalila de Sanson / GOOGLE

Hedy Lamarr hizo de Dalila en 1949 en una película de Cecil B. de Mille y la literatura y la pintura la han representado múltiples veces. Ahí están los cuadros de Cranach, Giordano, Miguel Ángel, Rembrandt o Rubens y las obras literarias de Milton (1671 Sansón Egonista), López Sánchez o Almeida. Hasta Bruce Springsteen se acuerda de ella en su canción Fire y Sansón y Dalila fueron protagonistas de la ópera de Saint-Saens.

Películas sobre Salomé

La última mujer bíblica que quiero evocar aquí es la mítica Salomé, la hija de Herodías, la protagonista de la célebre danza (que más allá de la realidad ha sido categorizada como la de los siete velos) que seduce al padrastro Herodes y logra lo que quería su madre: la cabeza del Bautista. El personaje ha suscitado infinidad de imágenes desde la obra de Oscar Wilde (1896) que serviría de libreto para la ópera de Richard Strauss (1905) a las del portugués Eugenio de Castro, pasando por el drama de Mauricio Karton, las obras de Flaubert, Mallarmé o Apollinaire, los cuadros de Moreau o las películas sobre Salomé protagonizadas por Rita Hayworth (1953), Isabel Mestres, con Almodóvar como director (1978), Millais-Scott con Glenda Jackson como la madre en la película de Ken Russell (1988) o Aida Gómez en la película de Saura (2002).

 
Salomé la hija de Herodías / GOOGLE
Salomé la hija de Herodías / GOOGLE

Salomé es la representación de la capacidad de seducción de la mujer ante la permeabilidad masculina respecto a las “armas de mujer” con el chantaje como fondo, en este caso una víctima inocente, San Juan Bautista, a la que algunos relatos han añadido componentes morbosos como la relación de la propia Salomé, manejada por su madre, con el Bautista. La auténtica pérfida de la historia es la madre Herodías, con una hija cumpliendo su obligación de obediencia y explotando conscientemente las capacidades de su cuerpo. Herodes queda como el arquetipo del macho sexual descontrolado y el Bautista como la víctima del poder femenino.

Arrancando de estas figuras bíblicas la serie recorrerá múltiples comportamientos femeninos desde Cleopatra o Mesalina hasta las llamadas viudas negras actuales pasando por Lucrecia de Borgia, la Éboli, Ana Bolena, las colaboradoras del nazismo…y otros tantos personajes femeninos con capacidad para hacer y deshacer la historia.

Nos interesan especialmente las mujeres fatales. Según Valle Inclán “la mujer fatal es la que se ve una vez y se recuerda siempre. Esas mujeres son desastres de las cuales siempre quedan vestigios en el cuerpo y en el alma. Hay hombres que se matan por ellas, otros se extravían”.

Retrato de Valle Inclán / GOOGLE
Retrato de Valle Inclán / GOOGLE

Ciertamente, como quedará bien patente en esta serie “la mujer fatal” es muy antigua en el tiempo, aunque fue en el siglo XIX cuando emergió la imagen de peligrosidad de estas mujeres, como reacción del imaginario masculino al proceso de emancipación feminista. La exposición de hace unos meses de la fundación Thyssen de Málaga titulada: Perversidad. Mujeres fatales en el mundo moderno así lo demuestra. Aquellas pelirrojas de los cuadros de Edmund Much o Gustav Klimt acabaron siendo penalizadas con el adjetivo de fatales, a partir de la propia conciencia masculina de la peligrosidad de la mujer independiente. El cine desde los años treinta (aquella Marlene Dietrich) hasta la época actual se ha solazado en la contemplación entre la admiración y el temor de aquellas mujeres capaces de poner de relieve la profunda fragilidad masculina. Lana Turner en El cartero siempre llama dos veces, la Rita Hayworth de Gilda, la Kim Novak de Vértigo y la Sharon Stone de Instinto básico cruzando las piernas ante un grupo de policías estupidizados, son buenos ejemplos.