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Pásate al modo ahorro

Mucha inteligencia artificial y poca natural

Pedro Vega
08.03.2021
8 min

Ernest Maragall, a la sazón concejal del Ayuntamiento de Barcelona y diputado electo por ERC, partido en el que milita tras su abrupto tránsito desde el PSC a la formación republicana, presidirá el próximo viernes la sesión constitutiva del Parlamento de Cataluña. Lo hará, salvo error u omisión, por razón de presidir la Mesa de Edad: el diputado de mayor edad y los dos más jóvenes. Nieto del poeta Joan Maragall y hermano del alcalde Pasqual Maragall, ya ejerció este cometido en 2017 con una memorable intervención, tan simbólica como excitada, acabando con aquella soflama de “¡Las calles serán siempre nuestras! ¡Este país será siempre nuestro! ¡Visca Catalunya!”. Por pura deducción cronológica, si ahora tiene tres años más, es de suponer que por méritos gerontocráticos repetirá tan institucional función. Es la norma. Será el arranque oficial de la legislatura catalana.

Esperemos a ver cuál es la sorpresa de la nueva temporada: tanto el discurso como la composición definitiva de la Mesa. Será un buen indicio para saber de qué hemos de morir. Políticamente hablando, claro. Al fin y al cabo, lo nuestro, lo de los ciudadanos de toda clase, condición o filiación es esperar. Siempre cabe alguna sorpresa. Sin ir más lejos: hace unos días se informaba de que Cataluña es la tercera región europea en número de proyectos de inteligencia artificial. Una buena noticia, supongo. Un amigo catalán residente en Madrid se lamentaba de la pena que le producía “tanta inteligencia artificial y tan poca natural”. Amigos ¡así es la vida y así son las cosas! Aunque tampoco hay que hacerse vanas ilusiones: un par de días después se sabía, según datos del Ministerio del Interior, que Barcelona es una de las tres ciudades más inseguras de España.

A estas alturas, es difícil saber si será posible o cuándo recuperar el daño reputacional que ha sufrido o está sufriendo Barcelona en los últimos tiempos. La capital catalana es una ciudad sin ley, orden, ni concierto. Suponiendo que sea posible, porque el tiempo, en un mundo global, pasa demasiado rápido y perder el tren significa no llegar a lugar alguno. Más allá de ese fantástico eslogan de “no dejar a nadie atrás”, lo que se está haciendo es centrifugar gente fuera de los lindes de cualquier espacio de confort o normalidad. Se olvida que la fatiga pandémica muta en enfado o apatía.

Vivimos una situación tan atípica, por no decir anormal, que los empresarios pasan a ejercer de oposición al desgobierno con un “¡Basta ya!”. Apenas vale la pena insistir en la importancia del acto del mundo empresarial, lo que representaba a nivel de PIB y de empresas. Sin duda, un acto que no hubiera gustado hacer a sus promotores para ayudar a sacar el país de esta situación. Es la más clara expresión de una dejadez y complacencia anterior, así como una representación del mundo al revés: el empresariado a las barricadas. El cambio en algunas organizaciones empresariales ha sido, sin duda, decisivo. ¡A Dios, gracias!

Consumado el acto, viene una fase compleja: gestionar el día después, dar continuidad al aldabonazo, ganar el futuro, recuperar la lealtad institucional, levantar la economía y sacar al país de la inacción. La tarea es titánica; la voluntad, imprescindible; y la imaginación, infinita. Entre otras cosas, porque el nacionalismo gana siempre por aburrimiento. Hasta cabe pensar con optimismo que algunos instalados en la obnubilación independentista hayan caído del burro a la vista de los nubarrones de ruina económica y social que nos acechan. Bienvenidos sean.

Los que supuestamente gobiernan, siguen jugando con fuego. Cabe, al menos, preguntarse qué pensarían los presidentes de Seat y Volkswagen al encontrarse faltos de apoyo institucional catalán: duda e incertidumbre; tal vez la sensación de que empresario, que antes es ciudadano, o empresa es sinónimo de depredador y sospechoso por principio para quienes gobiernan el territorio en el que operan, al menos, de momento. Mientras, nos conducen hacia la socialización de la miseria aquellos de los que resulta casi imposible creer que su dedicación como gobernantes a la cosa pública es por amor al arte. El kilo de indepe va caro en la Administración catalana: demasiado; el único pragmatismo real es su salario, sea al nivel que sea. Puede ser la razón fundamental que nos explique el mañana.

Resulta obvio que necesitamos un gobierno estable. Incluso, simplemente, un gobierno como expresión ejecutiva de la democracia. No será fácil. Tras el acto empresarial del jueves, el candidato republicano dictaba una conferencia. Cabía esperar una respuesta; pues no, no la hubo: siguió por su carril de amnistía, autodeterminación, referéndum… en la vía de “la nueva Generalitat republicana que queremos construir al lado de la gente”.

La alusión a la gente, así, en genérico, siempre está bien. Pero gente, como jóvenes, hay de muy diverso tipo. Hasta los que votaron PSC creyendo que era un valor refugio frente al independentismo. La pregunta entre muchos empieza a ser ¿para qué? Cuando se incumplen las promesas electorales, puede hablarse de fraude, de engaño. Sin embargo, cuando se olvida al electorado y se frustran sus esperanzas, podemos hablar de abandono y condena a la orfandad.

Es más que dudoso que Salvador Illa pueda llegar a la investidura, aunque no gane. En todo caso, lo que mucha gente –tanto que se habla de ella— puede esperar es que, secuestrada la democracia en el Parlament por el independentismo, se traslade a la calle una alternativa clara. ¿Cómo? Cabezas pensantes deben tener. Digo yo. Lo que, desde luego, no conduce a lugar alguno es dar respuestas airadas a preguntas sencillas: “Al final usted me indignará”, respondía ayer Salvador Illa a Cristian Segura en El País. ¿A qué jugamos? Porque dar respuestas simples a preguntas complejas se llama populismo.

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¿Quién es... Pedro Vega?
Pedro Vega

Santander; Aries, mientras los astrólogos no alteran las certezas zodiacales; cosmopolita residente en Barcelona tras pasar por Paris, Bucarest y Madrid. Colaborador de diversos medios informativos, es autor de libros como “Crónica del antifranquismo”. Dedicado desde hace tiempo a la consultoría de comunicación de grandes corporaciones empresariales.