Miguel Ángel Rodríguez, el muñeco diabólico de Ayuso

Ignacio Vidal-Folch
12 min

Hay que ver la de cosas que pasan en plena pandemia. Me dicen mis fuentes que el miércoles, en la sede de los Genovese (calle Génova), a la cúpula de la famiglia se la llevaban los demonios. El consigliere, o secretario general, Teodoro García Egea, alias “Teodorico”, es murciano. Sabía, desde la víspera, que Ciudadanos, hartos de respirar los tufos de la “Corrupción Genovese” en la comunidad, que los infamaba, planeaban sumarse a la moción de censura socialista, salirse del hedor y fungir de centristas, como antaño. Pero Teodorico creía que estaba a tiempo de convencerles y mantener la coalición. ¡Ay! El campeón mundial de lanzamiento de huesos de aceituna "mollar chafá 2008"  --con una admirable marca de 16,8 metros-- pecó de iluso.

Tampoco fue una buena noticia para el equipo de Casado que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, conocida como “IDA” (¡qué bien le sienta el alias a esa mujer de mirada extraviada, que parece estar siempre buscando, entre las nubes del famoso cielo velazqueño de Madrid, una pastilla gigante de Diazepam!), adelantase elecciones.

Mientras Casado y sus consiglieri van sudorosos llenando cajas de cartón para abandonar la sede de Génova, medida cosmética para borrar las huellas de Bárcenas y sus sobres, medida que, dicho sea de paso, ya intentó en su día el clan de los Pujolone y no les salió muy bien, pues de hecho su partido ya no tiene ni representación en el Parlamento regional catalán…

Ida se está cincelando un monumento a sí misma, y parece que se va a sacar muy elevada, sobre un alto zócalo de ataúdes, símbolo de los muertos de su catastrófica gestión de la pandemia.

Y me dicen también mis fuentes que en ese monumento ella figurará con expresión compungida, con una lágrima de rimmel, como en la inolvidable foto de portada del Mundo, su diario amigo.

Bajo la bandera de la libertad (“¡Oh, Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, dijo Madame Roland), Ida presumiblemente ganará las elecciones, ya que enfrente no tiene a nadie. Quizá incluso con mayoría absoluta, si consigue devorar a Ciudadanos. Y si no, gobernará con Vox. A Casado, ocupado ahora llenando cajas de cartón y haciendo sacar humo a la trituradora de papel, esto le avería su accidentado “viaje al centro”. El hombre ya no sabe adónde mirar.

En cambio, a los socialistas todo este enredo les va de perlas: ahora disponen de un C’s disminuido para cuando los de ERC se pongan gallitos, y los Genovese se ven arrastrados, por la reacción de Ida hacia lo carpetovetónico y antediluviano. 

Esa IDA está resultando que no es tan justita como podía parecer a juzgar por sus…

--¡Que no te enteras, badulaque! –me interrumpe Chucky, el muñeco diabólico que vive en mi interior—. Ayuso no sabe por dónde le da el viento. Ella no es más que una paseadora de perros, un Makoki narcotizado, una palmípeda fuera del agua, una analfabeta fosforescente…

--¡Ep, alto ahí, Chucky! –le interrumpí, en mi tono de voz más severo--. ¡Decoro! ¡Decoro! ¡No te consiento que insultes a nadie! ¡Y menos a una mujer!... ¡Caballerosidad, Chucky! Y también con los hombres. Puedes ser crítico con los demás, pero siempre manteniendo las formas. ¿comprendes?

--Comprendo, Ignacio. Oye… ¿me llevas al Marsella y me invitas a una copita de absenta? Creo que aun tienen una botella, un poco polvorienta, en el estante de arriba, de cuando Alfred Jarry lo frecuentaba…

--¿Alfred Jarry? ¿El de “Ubu, rey”? Nunca estuvo en Barcelona.

--Que sí. En bicicleta, vino.

--¿Y tú cómo lo sabes?

--Pues como tú sabes tus cosas: me lo han dicho “mis fuentes”.

--Bueno, da igual. Vamos al Marsella, si quieres. ¿Qué me estabas diciendo? Pero sin insultar a nadie, ¿eh? ¡Recuérdalo!

--Sí. Te estaba diciendo que esa convocatoria de elecciones no se le ha ocurrido a Ida. Pondría una mano en el fuego (una mano de… de Pepe Antich, por ejemplo, ¡no voy a poner la mía, que algo vale!), a que la jugarreta es idea de su muñeco diabólico.

--¿Ella también tiene un muñeco diabólico, como yo?

--Sí. Todos los seres humanos tenéis uno. ¿No lo sabías?... El de Ida se llama Miguel Ángel Rodríguez, alias “MAR”. Mar es… ¿cómo definirlo?

--Sin insultar, ¿eh, Chucky?

--…Un matón de faca y esquina, un killer con un cinismo al nivel de Iván Redondo, quizá con menos escrúpulos aun. Un Genovese de manual, prepotente y rapaz.

--Otra vez estás insultando, Chucky. ¡Y me estás apenando mucho! Entérate de una vez de que en un estado de Derecho, en una democracia madura como la española, se puede discutir de todo si necesidad de degradar al adversario. Es degradante, ¿comprendes? Venga, comportémonos, por el bien de todos.  

A todo esto, habíamos llegado al Marsella y pedí una absenta para Chucky (“¡que sea doble!”, exclamó con su agresiva voz de tiple, agradable como una uña rascando una pizarra); y, para mí, pedí un cortadito de café descafeinado de máquina; es que, si no, luego no duermo. Pero además, también me pedí un chupito de ratafía.

--Es que es mi cumpleaños, Chucky. Para celebrar… 

--Ya. ¡Camarero, ve poniéndome ya otro doble de veneno!... Y cuando veas vacía la copa, la rellenas pero ya, a la voz de “ahura”… ¡Estate atento, chaval, no me hagas llamarte! ¿estamos?

--Oye, Chucky, yo te invitaba a una copa, no a…

 --Mira, Ignacio, yo conozco bien a Mar. Cuidadito con él. Mira cómo está transformando a la tonta del bote en lideresa libertaria, en Agustina de Aragón. Ese lema de Ida, “que sean los madrileños los que elijan, entre socialismo o libertad”, tiene estampado su sello. Ya verás como… Acuérdate de que Mar cogió a Aznar cuando era una figura insignificante en Valladolid y lo llevó, con bigote y todo, a presidir España con mayoría absoluta.

--Es verdad. Tiene mérito.

--…Ahora, gracias a su muñeco diabólico, Ida navegará con todo el viento a favor. Y cuanto más la ataquen con mociones de censura y discursos, mejor para ella.

 --¿Ah, sí? ¿Y dónde más ves la huella de “Mar”, Chucky?

--Pues… ¡Tú, bonono con delantal! ¿No te dije que tengas mi copa siempre llena?... ¿Yo para qué coño hablo? ¿Se puede saber?

--Respeta al camarero, Chucky, que el personal subalterno es merecedor de un trato humano y digno… Y para empezar, trátalo de “usted”.

--Sí, de acuerdo, tienes razón, pero es que el excelentísimo señor camarero hideputa bonono de mierda me está matando de sed...

--La huella de Mar, el muñeco diabólico de Ida, decías, Chucky…

--Sí, la huella de Mar… ¿qué dónde la veo? Pues fíjate: ahora, por ejemplo, dice Ida que ella “no cierra Madrid” en Semana Santa. ¡Gracias a ella, todos los madrileños podrán entrar y salir a plena voluntad!

--Ya; pero si cierran las dos Castillas eso no sirve de nada.

--Claro, es solo un brindis al sol --alzó la cuarta copa, la vació de un trago--, pero ella ya ha quedado como la lideresa disidente. La que ofrece libertad a su pueblo mientras otros se la coartan. ¿Entiendes? ¡Mar puro! Mar-quiavelo. Jejeje.

Se reía de su propio calembur, aunque a mí, francamente, no me pareció gran cosa…

--Ya… oye, Chucky, ¿y por qué dices que cuanto más le ataquen, mejor?

Se me quedó mirando, el rostro de pronto incandescente, no tanto de ira cuanto, me pareció, de impaciencia:

--¿Y tú, siendo catalán, me lo preguntas, cacaseno? ¡Jugará la carta del victimismo, pobrecita de mí todos me atacan, y atacándome a mí atacan a todos los madrileños. ¡A España!... Etcétera etcétera… Cosas de Mar. A ver porqué van a ser solo los catalanes y los vascos los que usen esa mierda… Hay un moro por ahí fuera que tiene un costo guapo. ¿Vamos a ver si lo encontramos?

--Vamos. Total, a mí también se me ha subido mi chupito de ratafía, y ya está tirada la tarde a los cerdos...

--Esperemos cinco minutos, a ver si dejan de llover estrellas en llamas en la calle San Ramón. Ten, guárdame la anaconda multicolor…

--¿Qué estrellas, Chucky, qué anaconda? Tú deliras… tienes los ojos muy raros.

--L’hydre-univers –recitó­–, tordant son corps… écaillé d’astres…

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.