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En su acepción como adjetivo, el diccionario de la RAE define zombi como "atontado, que se comporta como un autómata", es decir, alguien que no razona. En la era tecnológica en la que vivimos y en la que manejamos cantidades ingentes de información, tal vez deberíamos preguntarnos si el flujo constante de noticias y de imágenes no nos está transformando en autómatas, en zombis, en seres carentes de opiniones propias y lo que es peor, que no seamos conscientes de ello. Es suficiente ver los informativos de cualquier cadena de televisión para darnos cuenta de las sutilezas que usan a fin de modificar nuestras opiniones. Y a la larga, ello conlleva cambios en nuestro comportamiento e incluso en nuestro modo de vida.

La noticia que no convenga a los intereses del medio en cuestión será abordada porque no queda más remedio y básicamente para evitar que se les acuse de faltar a su labor informativa. La noticia que alimenta la dirección a seguir será tratada con todo lujo de detalles para reafirmar las convicciones de su audiencia y minimizar los posibles efectos negativos de la anterior. Las imágenes llegan a nuestro cerebro, mueven nuestras emociones más básicas y no todos somos capaces de valorarlas con objetividad.

Seamos libres, mantengamos las mentes abiertas y limpias de parásitos, porque las moscas zombis revolotean a nuestro alrededor decididas a ser nuestros huéspedes

En el reino animal hay ejemplos claros de que la necesidad de perpetuar la especie tiene como primera consecuencia la alteración de la conducta de la víctima que conduce invariablemente la su muerte. Una clase de mosca, la Apocephalus boreales, autóctona de América del Norte, sobrevive depositando sus huevos en el abdomen de abejorros, hormigas y abejas. Cuando las larvas crecen, se alimentan de los tejidos internos y poco a poco van ascendiendo hasta el cerebro de su huésped que empieza a comportarse de forma extraña. En concreto, las abejas se desorientan, caminan en círculos, ni siquiera se acercan a las flores, vuelan por la noche y se apartan de la colmena. Los científicos consideran que es una de las causas principales de la desaparición de estos insectos, tan necesarios en la cadena trófica.

Otra devoradora de cerebros es la Pseudacteon obtusus, una mosca que se ha empleado como enemigo natural para acabar con la plaga de hormigas rojas en EEUU, procedentes de Argentina y que también se han extendido a China y a Nueva Zelanda. También llamadas "hormigas de fuego", son capaces de devastar poblaciones de hormigas nativas y atacan ranas, lagartijas y pequeños mamíferos. Su picadura genera reacciones alérgicas e incluso puede provocar un shock anafiláctico. Así que nada mejor para liquidarlas que usar a la mosca zombi que actúa como sus congéneres de América del Norte. Las hembras introducen sus vástagos en el cuerpo de la hormiga que en su evolución, llegarán al cerebro y alterarán el comportamiento de su víctima hasta el extremo de que dejará de trabajar, abandonará el hormiguero y se refugiará en zonas húmedas hasta morir. El último acto, simbólico, es la decapitación de la hormiga y la salida al exterior de la larva.

En el prólogo a su novela Rebelión en la granja, George Orwell escribió: "Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír". Seamos libres, mantengamos las mentes abiertas y limpias de parásitos, porque las moscas zombis revolotean a nuestro alrededor decididas a ser nuestros huéspedes. 

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Graziella Moreno

Licenciada en Derecho por la UB con un postgrado en Derecho Civil Catalán. Funcionaria de la Administración de Justicia, primero como agente judicial (1991-1993) y después como oficial (1993-2002). Ingresó en la carrera judicial en 2002, ocupando plaza en los juzgados de Gavà, Amposta y Martorell y, desde 2010, en el Juzgado de lo Penal número 6 de Barcelona. Es formadora de la academia de oposiciones Eureka y del Centre d'Estudis Jurídics. Es autora del dossier 'El Codi Penal, part general' y de dos novelas: 'Juegos de maldad' (2015) y 'El bosque de los inocentes' (2016), ambas editadas por Grijalbo.