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Una 'Marató de TV3' para Ferrovial

Guillem Bota
16.11.2020
6 min

Supongo que el spot de La Marató de TV3, con su lacrimógeno tema Serem més forts”, está patrocinado por Ferrovial. No hay duda de que, gracias a Cataluña y la gestión que su gobierno está haciendo de la pandemia del coronavirus, Ferrovial saldrá más fuerte. No es que antes estuviera precisamente débil, pero seguro que sus directivos agradecen que le vayan cayendo contratos. La fortaleza en las empresas, como en los humanos, no debe descuidarse nunca, por eso estos levantan pesas en el gimnasio y aquellas levantan contratos a la Generalitat. La gestión del 061 para rastrear posibles contagios es un ejemplo palmario de tarea que debería ejercer la Administración con sus propios recursos, pero que en Cataluña se prefiere adjudicar a una empresa privada. A Ferrovial. Para que salga más fuerte, por supuesto.

A los ciudadanos ya nadie nos engaña. Por más que contraten a cantantes de moda para que nos repitan con música que seremos más fuertes, sabemos que no va a ser así. Ni siquiera los que sobrevivan saldrán más fuertes, por más que Nietzsche insistiera en que sí, que lo que no nos mata nos hace más fuertes. El viejo Nietzsche no era pequeño empresario, autónomo o trabajador en Cataluña, o se hubiera guardado mucho de pronunciar tal sentencia, puesto que aquí solo saldrán más fuertes quienes tengan buenos contactos con el Govern, sean empresas como Ferrovial, sean estraperlistas como los Madí, Vendrell, Soler y compañía. Más valdría que en lugar de soporíferos programas navideños de cinco horas de duración, nos mostraran en TV3 cómo conseguir tratos de favor por parte de tal o cual conseller, que esta sí parece ser la forma de salir fuerte de cualquier crisis en Cataluña, sea sanitaria o económica.

Sabiendo que nuestros dineros sirven para que los que ya son fuertes salgan más fuertes y los débiles que tengan la mala fortuna de sobrevivir a la pandemia salgan todavía más débiles de lo que eran, será digno de ver cuántos catalanes llamarán por teléfono a La Marató para realizar una donación. Si ya en años anteriores, más de uno dudaba de si sus dineros iban en efecto a la investigación sobre la fibromialgia, el cáncer de próstata o lo que surgiera, es más que probable que en esta ocasión prefiera guardarse los diez euros para poder comer esta semana, en lugar de regalarlos por teléfono a vaya usted a saber quién. Aunque quizás se produzca el efecto contrario y haya más donaciones que nunca, al fin y al cabo, si hay que enriquecer a alguien, que sea alguien de quien conocemos su nombre y apellidos. O su sede social.

Este año, La Marató empezó hace tiempo, allá por el mes de marzo. Miles de catalanes han estado llamando al 061 ignorándolo, pero con ese simple y generoso gesto ya estaban haciendo donaciones para que Ferrovial saliera --como reza La Marató-- más fuerte. Naturalmente, buena parte del mérito es del Govern catalán, que le adjudicó el servicio, pero son los ciudadanos los auténticos héroes. Son ellos, aguantando minutos y más minutos al teléfono, esperando en vano ser atendidos mientras van cayendo los euros en alguna cuenta corriente, quienes consiguen que aumente la recaudación. De esta forma, no solo Ferrovial sale más fuerte, sino que cientos de empresas ven en Cataluña el lugar ideal donde ir a hacer fortuna.

Pero eso no es suficiente. No basta con que usted haya perdido a algún ser querido o que su empresa haya cerrado, es necesario un sacrificio navideño, a poder ser pecuniario. Llame, llame por teléfono y haga una donación, tenga en cuenta que este Govern, que lleva años recortando en sanidad y dedicando a sus cositas los impuestos que usted paga, necesita ahora dinero contante y sonante. De verdad que esta vez es para ayudarle a usted. Fíese. Serem més forts.

 

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.