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La primera en la frente, Pablito

Ramón de España
4 min

Como nos acaba de demostrar con su rocambolesca investidura como presidente del gobierno, Pedro Sánchez cree firmemente que el fin justifica los medios. Con tal de asegurarse el sillón de mando, no le ha importado reunirse con lo peor que encontraba y hasta encajar chorreos desde el parlamento a cargo de insumisos varios. Pero ahora que ya tiene lo que quería, no sé muy bien qué va a ser de quienes le han ayudado a conseguirlo (por la cuenta que les traía, claro). De momento, las lágrimas de alegría de Pablo Iglesias al saberse vicepresidente del gobierno parecen estar convirtiéndose en lágrimas de rabia. Pedro lo ha nombrado vicepresidente, sí, y no ha puesto reparos a darle un ministerio a la parienta, pero se ha sacado de la manga tres vicepresidencias más que dejan ligeramente aguada la del marqués de Galapagar, al que le ha sentado como un tiro verse repentinamente rodeado por tres arpías del PSOE dispuestas a sacarle los ojos en cuanto se pase un pelo.

En cuanto a los demás amiguitos de ocasión, pues ya iremos viendo cómo los trata el bueno de Pedro. De momento, el poder judicial le va echando una mano inesperada, aunque le lanzó encima a la Abogacía del Estado (en la etapa de tejemanejes, claro, ahora ya le da lo mismo). Junqueras se va a quedar en el trullo por el momento. El Supremo ha confirmado la inhabilitación de Quim Torra, con el que Pedro ha quedado en verse en fecha no determinada: con un poco de suerte, Torra abandona el Palau de la Generalitat entre dos mossos d´esquadra, cargando con la caja de cartón que contiene los recuerdos de su paso por el cargo de president y un par de botellas de ratafía, antes de que se produzca la anhelada (solo por él) cita. ¿Quién va a perder el tiempo reuniéndose con un cesante? Ya les digo que Pedro no.

Puede que nuestro presidente no lo pasara bien viendo al gran Jové, alias el Tonto de la Moleskine, en la mesa de negociaciones, pero tú tranquilo, oh, gobernante providencial, que el Tribunal de Cuentas ya le está buscando las cosquillas por sus actividades del 1-O y puede que te lo quiten de en medio antes de tener que cruzar con él una sola palabra.

En cuanto al grueso de ERC -y no me refiero al beato Junqueras-, pronto tendrán que oír de boca del presidente que la constitución es sagrada, que gracias por la abstención, pero si os he visto no me acuerdo y, parafraseando a Sandro Giacobbe, que lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo.

Cuando le concedieron una estrella en el celebre Paseo de la Fama de Hollywood al humorista Paul Reubens, en arte Pee Wee Herman, éste pronunció un breve discurso en el que decía, entre otras cosas, que “que quiero expresar mi más sentido reconocimiento a todos aquellos cuyas cabezas he pisado para llegar hasta aquí”. Pedro Sánchez no verbaliza el concepto, pero lo pone en práctica que da gusto verlo. Y si tenemos en cuenta que, hasta ahora, solo la está emprendiendo con gente que no soporto, no seré yo quién le afee la conducta, francamente.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.