¿Queréis formar gobierno de una vez?

Ramón de España
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En España, donde ni el Estado es una cuestión de estado, formar gobierno deviene una misión imposible cuando nadie consigue la mayoría absoluta en unas elecciones. Lo estamos comprobando últimamente con el espectáculo lamentable que nos ofrecen el PSOE y Unidas Podemos: a la patria que la zurzan, que aquí lo importante es salirse con la suya. Pedro Sánchez tiene ideas para todos sobre lo que conviene hacer: “A ver, los fachas de Ciudadanos, abstenerse; vosotros, los bolcheviques de Podemos, regaladme vuestros escaños, que a cambio no pienso daros una mierda: Pablito, tú olvídate de la vicepresidencia, que das muy mal fario, y tus secuaces que se pinten al óleo los ministerios; si me levanto con buen pie, igual reparto algunas subsecretarías de chichinabo, pero todos los cargos guais son para mi gente”. ¿Verdad que ésta no es una oferta de las que, según Don Corleone, no se podían rechazar?

Los pabloides, mientras tanto, no ven la hora de meter la zarpa en un posible gobierno de coalición, y empiezan a adoptar una actitud un pelín servil a cambio de pillar cualquier cosa, lo que se pueda, ¡todo sea por cerrar el paso al fascismo! Iglesias ya ha dicho que vale, que se olvida de la vicepresidencia y hasta del ministerio más innecesario, pero intenta colocar a la parienta o a su fiel Echenique donde sea: “Es muy duro tener que pedir, señorito Pedro, pero más triste es tener que robar o que repetir elecciones, que igual nos vamos al carajo definitivamente. ¡Échenos algo, lo que sea, lo que no quiera nadie! It´s now or never, que decía Elvis.

Pero la munificencia de Sánchez es escasa porque no sabe por donde le pueden salir los pabloides si toca aplicar de nuevo el 155 en Cataluña. Para evitar esos posibles problemas, ¿acabará pactando con ERC? ¡Va a ser peor el remedio que la enfermedad, aunque la reciente mutación de Rufián permite intuir que esos carlistas seudo republicanos de misa diaria se han hecho a la idea de que hay autonomía hasta el Día del Juicio!

Como le solía decir Holmes al doctor Watson, cuando se elimina lo imposible, lo que queda, por inverosímil que parezca, es la verdad. Sánchez debería aplicarse el cuento. Es imposible pactar con el PP. Era posible pactar con los Ciudadanos de antes, pero con los de ahora, los que le montan un cordón sanitario -¡como si el PSOE fuese una pandilla de rojos recalcitrantes y no unos socialdemócratas de centro izquierda un tanto pusilánimes!- mientras pactan con los majaretas de Vox, no se puede ir a ninguna parte porque su líder cogió un partido que estaba muy bien y lo ha convertido en una birria neoliberal cada vez más escorada a la derecha más garrula. Con los indepes más vale dirigirles la palabra lo menos posible, que ya sabemos cómo las gastan y cuán poco son de fiar. Lo que queda, por inverosímil que parezca, es Podemos. Así pues, Pedrito, recuerda la teoría impecable de Sherlock Holmes, ofréceles a los pabloides un par de ministerios -vale, los más cutres que tengas- y forma gobierno de una puñetera vez, que para algo ganaste las elecciones. Las mayorías absolutas de cuando Felipe González ya no volverán. Entiendo que Podemos te dé grima -a mí también-, pero no tienes otro clavo al que agarrarte. Y como se te ocurra repetir las elecciones, las van a ganar los abstencionistas y yo entre ellos, que me tenéis podrido, hatajo de cantamañanas.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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