Matemáticas socioemocionales

Ramón de España
7 min

Me estaba recuperando de la Matria de la ministra Yolanda Díaz cuando me entero del proyecto del Gobierno para introducir en la enseñanza de las matemáticas la perspectiva de género y algo que llaman sentido socioemocional. Al mismo tiempo, leo unas declaraciones de quien fuera el cantante de los Sex Pistols, John Lydon (en arte Johnny Rotten), sobre su decepción con la izquierda, a la que considera compuesta actualmente por una pandilla de quejicas empeñados en reivindicaciones absurdas. Teniendo en cuenta que votó por Donald Trump, tal vez no debería hacerle mucho caso pero, en mi condición de ciudadano preocupado por la progresiva cretinización de la izquierda española (gracias, sobre todo, a Podemos y a los comunes de Ada Colau, aunque con la colaboración del PSOE, supuesta izquierda de toda la vida), y como antiguo fan de los Sex Pistols, acabo reconociendo que no le falta razón. Intuyo que la NII (Nueva Izquierda Imbécil) no es un invento exclusivamente español y que cualquiera, viva donde viva, puede darse cuenta de la expansión de este preocupante fenómeno.

Personalmente, encuentro muy triste que la izquierda esté perdiendo a pasos agigantados su altura moral, indiscutible durante mi juventud, mientras la derecha se conforma con seguir siendo lo que siempre ha sido y hasta consigue reclutar para su lamentable causa a pensadores que no voy a citar, pero que difícilmente pueden calificarse de energúmenos. La NII está expulsando de las filas del progreso a mucha gente que ya no puede más con las chorradas que tiene que escuchar provenientes de la gente que, en teoría, la representa. Yo diría que la entrada de Podemos en el Gobierno de la nación ha acelerado la creación de la NII, pues de ahí suelen venir casi todas las ocurrencias con las que éste nos castiga desde hace cierto tiempo. Hasta ahora, la NII se había centrado en temas como el feminismo o la violencia de género, temas que es necesario abordar, aunque probablemente no como lo hace Irene Montero, una mujer de una simpleza intelectual desoladora, como se demostró recientemente cuando se solidarizó públicamente con Rocío Carrasco mientras ésta hacía caja en Tele5 explicando sus desgracias conyugales a media España. Estoy seguro de que hay casos más graves (o peor remunerados) que el de la hija de La Más Grande, pero la señora Montero eligió ése porque era popular y salía en Tele5. Decirle que el maltrato a las mujeres es un asunto muy grave, pero que la historia de Rociíto tal vez no constituye el mejor ejemplo sería, me temo, una manera como cualquier otra de perder el tiempo.

Luego vino Yolanda Díaz con lo de la Matria, otra polémica estúpida que, además, intentaba culpabilizar oblicuamente a los hombres de la manera funesta en que, al parecer, nos relacionamos con el país en el que nacimos. El ministro Castells no tardó mucho tiempo en salirnos con que había que humanizar los estudios (o algo así) y que suspender a los alumnos (por burros que fueran) era ideal para amargarles el futuro, motivo por el que el hombre proponía que se pudiera pasar de curso prácticamente sin haber aprobado nada (si lo entendí mal, me disculpo). Y ahora se nos ataca con el sentido socioemocional de las matemáticas y la necesidad de aplicar a tan abstrusa materia la perspectiva de género.

Hasta ahora, las iniciativas de la NII me irritaban pero, hasta cierto punto, las entendía. Con lo de las matemáticas, ya no pillo nada. Cierto es que siempre estuve negado para su estudio. Y tengo la impresión de que las matemáticas siempre han sido un galimatías indescifrable para la mayoría de la población y un objeto de fascinación (y hasta de diversión) para una minoría. De todas las materias disponibles en nuestras universidades, si hay una en la que la perspectiva de género se me antoje inapelablemente imposible es la matemática. Sinceramente, no entiendo cómo se puede aplicar la perspectiva de género en este caso (por no hablar del sentido socioemocional). No sé de qué mente privilegiada habrán salido estos conceptos, pero reconozco que yo no estoy a su altura y que, a riesgo de ponerme machadiano y despreciar cuanto ignoro, creo hallarme ante una chorrada seudoprogresista descomunal. Lamento coincidir con el PP y Vox, pero me temo que cada vez tengo más puntos de contacto con el actual pensamiento político de Johnny Rotten.

En mitad de una pandemia atroz, con el precio de la luz por las nubes, en plena ola de calor y con la temporada de incendios in full swing, la NII me sale con la perspectiva de género sobre las matemáticas tras haberme hecho perder el tiempo con la Matria y con la solidaridad con Rociíto. ¿Toda una vida votando a la izquierda para que ahora me salgan con éstas? Como diría el Dr. Maligno de las aventuras de Austin Powers, mientras se llevaba la punta del meñique a la comisura, “¡Exijo un poco más de respeto!”.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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