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Lo importante es el fútbol

Ramón de España
4 min

El fútbol es tan importante para nuestra supervivencia que rigen para ese deporte unas reglas distintas a las que nos gusta respetar en otras categorías. La moral o la ética, por ejemplo, no pintan nada. Hay partidos en los que ha habido muertos y no se han interrumpido; simplemente, se retiran los cadáveres y continúa el juego como si ahí no hubiese pasado nada.

Este año, celebramos el Mundial en Rusia, un país que es, prácticamente, una dictadura en la que se machaca a quienes se manifiestan contra el Gobierno, se detiene a los disidentes y mueren en extrañas circunstancias los que no gozan de las simpatías del presidente. Pero nos da lo mismo porque lo importante es que se juegue al fútbol. Para otro tipo de celebraciones nos miramos con lupa la sede designada, no sea que se maltrate a las mujeres y a los homosexuales o se reprima a la oposición política, pero con el fútbol hacemos la vista gorda y nos va bien cualquier sitio en el que estén dispuestos a dejarse una pasta para organizar el campeonato de turno. No pienso sorprenderme cuando el Mundial se desarrolle en Pyongyang. Nadie lo hará. Sobre todo, los aficionados al fútbol, que, con tal de animar a su selección, ésta podría jugar en Dachau o Auschwitz. Porque el fútbol es tan importante que pasa por encima de cualquier consideración moral.

¿Qué me dicen del caso de Cristiano Ronaldo? Elude al fisco, lo pillan, reconoce sus trapisondas para no pagar, ¿y qué le pasa? ¿Lo cesa de inmediato el Real Madrid como hizo Pedro Sánchez con el brevísimo ministro de cultura Màxim Huerta? Ni hablar. La justicia le impone dos años de cárcel --que no tiene por qué cumplir--, Hacienda le sopla 19 millones de euros y ya está, a seguir jugando tranquilamente. Ni bochorno público ni cese inmediato ni indignación alguna de sus hinchas. Porque lo importante es el fútbol, e impedir que un jugador tan bueno siga jugando porque es un delincuente avaricioso es algo que ni se contempla.

Recordemos cuando Messi se vio en una situación parecida. Hasta hubo quién se inventó que se trataba de una represalia española contra el prusés, que la dictadura de Madrid le arreaba un sopapo a Artur Mas en la cara del jugador argentino. También Messi aforó lo que le correspondía y siguió jugando porque no se podía privar al mundo de la magia de sus pinreles. Los hinchas se dejan timar sin quejarse. Y los futbolistas tienen una especie de bula para hacer lo que les sale de las narices sin que nadie les afee la conducta. Cuando alguno de ellos es pillado haciendo de Harvey Weinstein, cosa que ocurre con cierta frecuencia, se echa tierra sobre el asunto rápidamente y aquí paz y después gloria.

El criterio moral que hunde la carrera de ministros y magnates del cine no se aplica al fútbol, que va por libre en cuestiones éticas. Y se lo puede permitir porque sabe que es lo más importante del mundo, aunque aún haya algún ingenuo convencido de que lo que mueve el mundo es el amor.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.