Gonzalo y sus hooligans

Ramón de España
6 min

Gonzalo Boye amplía su cartera de clientes. No contento con representar al golpista fugado Puigdemont y al narcotraficante Sito Miñanco --que lo puede llevar al talego por un quítame allá esa posible colaboración en el lavado de dinero turbio--, ahora se ha convertido en el abogado de unos hinchas del Bayern de Munich que se llevaron unos porrazos durante el descanso de un partido del equipo de sus amores con el Real Madrid (que, además, perdieron por cuatro a dos) y pretenden querellarse contra los maderos que les aplicaron el (puede que necesario) correctivo. Como diría mi difunto padre, ¡hasta los gatos quieren zapatos! Y aún va a resultar que los hooligans tienen derechos, cuando el único que merecen (y que suelen pedir a gritos) es el de que un antidisturbios les parta la porra en la cabeza. Pero, claro, todo lo que sea hacer la puñeta a su país de adopción es siempre bien recibido por ese calvorota mezquino que, encima, se sacó la carrera de Derecho, por cortesía del gobierno español, mientras cumplía condena por colaboración con banda armada (concretamente, ETA).

Dicen los hinchas del Bayern que nuestros maderos les atacaron con saña y sin motivo en el Bernabeu. No sé ustedes, pero yo no me lo creo. Antes me creería que han zurrado a Boye porque están de él hasta las narices, algo que nos pasa a un elevadísimo número de españoles, hasta el punto de que el calvorota anda haciéndose la víctima y diciendo que no puede ir a cenar a un restaurante porque siempre aparece alguien dispuesto a amargarle la digestión. No sé qué le sorprende: el asco que experimenta Boye por la democracia española es directamente proporcional al que él nos produce a muchos. Suerte tiene de que España sea uno de los países más tontos del mundo y no lo deporte, suponiendo que hubiera alguno en el que lo aceptaran, que ya es mucho suponer. Tras pasar por el trullo y reciclarse de terrorista en abogado, lo menos que podría haber hecho es mostrar cierto agradecimiento al país que lo acoge y soporta, pero, en vez de eso, lo único que ha hecho Boye es defender a enemigos del estado, ya se trate de golpistas catalanes que fabrican carnés de bambú que no sirven para una mierda o de narcos gallegos que han debido enviar al hoyo a más de uno con las sustancias con las que trafican.

Yo ya comprendo que, desde su peculiar punto de vista, los hinchas del Bayern le vienen de perlas para proseguir con su lucha en solitario contra España, pero dudo que haya algún juez que se tome en serio las quejas de una pandilla de hooligans. Supongo que son simples ganas de incordiar y hacerse con algún titular en El Nacional y demás panfletos separatistas subvencionados con dinero público, pero la maniobra resulta un pelín cansina. De hecho, Boye no se diferencia mucho del otro abogado marrullero español por excelencia, el inefable Rodríguez Menéndez. Mientras Boye defiende a indeseables con coartada socio-política, Rodríguez Menéndez prefiere a (supuestos) mangantes mediáticos (por eso se encarga de los asuntos de Antonio David Flores, a quien su ex mujer lleva unas semanas poniendo de vuelta y media en Tele 5). La diferencia entre ambos es que Boye es meramente siniestro, mientras que Rodríguez Menéndez se esfuerza en ofrecer un poco de diversión a sus compatriotas, cosa siempre de agradecer y aún más en estos tiempos de pandemia. Lo hizo en su momento desde la inenarrable revista Dígame, en cuya portada llegó a sacar a su novia del momento, Malena Gracia, ejerciendo la prostitución y redondeó la jugada con un editorial en el que nos informaba de que, con gran dolor de su corazón, había descubierto que su churri se dedicaba al comercio carnal (la cosa le dolía, dijo, pero era su deber denunciarlo por el bien de la democracia y del estado de derecho, como lo oyen). Y lo sigue intentando ahora con el cantamañanas del ex picoleto que se casó con la hija de la más grande.

Por el contrario, nada de lo que hace Boye contribuye al entretenimiento del personal. Todo es una permanente campaña de mezquina revancha contra el país que lo soporta. A ver qué carrera le financiamos cuando acabe en el trullo por su turbia relación con Sito Miñanco. Modestamente, sugiero unos cursos de jardinería. Para evitar males mayores, más que nada, que ese es capaz de estudiar economía y dar a luz nuevas estafas piramidales o cosas por el estilo.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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