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El ejemplo de Macron

Ramón de España
4 min

El primer ministro francés, Emmanuel Macron, anunció hace unos días su decisión de renunciar a la pensión vitalicia que debería corresponderle cuando lo desalojen del palacio del Eliseo. Un gesto que le honra, pero que aquí apenas ha sido comentado, tal vez porque nuestros políticos no parecen muy dispuestos a renunciar al chollo de pasarse el resto de su vida cobrando tras unos años de (supuesto) servicio a la patria. Nuestros (supuestos) representantes no le perdonan ni una merienda al estado, es decir, a nosotros. Aquí hemos tenido políticos que cobraban dietas de alojamiento y desplazamiento a Madrid que vivían en Madrid, políticos que pasaban unas facturas de papeos dignas del Gran Capitán, políticos que se agarraban a su pensión indefinida, aunque se hubiese prescindido de ellos por corrupción manifiesta…

¿Y qué decir de los presidentes autonómicos? En Cataluña tenemos a unos cuantos ex presidentes de la Generalitat con despacho (¿para qué?), coche con chofer, secretarios y asesores. El despacho siempre está situado en una zona carísima de la ciudad, donde espaciosos apartamentos alojan el pensamiento profundo de Mas o Montilla y alojarán el de Torra, un sujeto que ha dedicado todo su tiempo a fomentar el mal rollo entre catalanes y que no merece ni una jaula en el zoológico. Aparte de políticos y banqueros, nadie más disfruta de estas alegrías en España: ¿no iría siendo hora de acabar con este absurdo privilegio? Que cobren lo que haga falta -incluso el doble que el presidente del gobierno de verdad, como Torra-, pero una vez regresados a la vida civil, que esperen a cobrar la pensión que les toca y se acabó lo que se daba.

La pensión vitalicia es, junto a la inmunidad parlamentaria, un chollo inaceptable en los tiempos que corren. Puede que cuando los británicos se inventaron la inmunidad para impedir que el rey se quitara de en medio a los diputados molestos, la medida tuviese alguna lógica, pero en la actualidad no sirve para nada más que ayudar al corrupto Netanyahu a esquivar el trullo y para que Puigdemont, Comín y Junqueras puedan seguir dando la brasa desde el extranjero o desde el talego.

Estamos ante dos temas que justificarían unas manifestaciones que nunca tienen lugar porque los políticos mueven al populacho hacia donde les conviene con cualquier excusa, generalmente patriótica o (aparentemente) social. No he leído ninguna declaración de un político español sobre el gesto admirable del señor Macron. No sé si en Francia ha habido debate al respecto, pero aquí ha sido convenientemente evitado: nuestros padres de la patria han leído lo de Macron y se han puesto inmediatamente a silbar y a mirar hacia otro lado, con el beneplácito de la sociedad, más preocupada por el movimiento separatista leonés que por el abuso de confianza que los políticos llevan a cabo sobre el contribuyente.

¿Inmunidad parlamentaria? ¿Pensiones vitalicias? Un poquito de por favor, ¿no creen?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.