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¡Échales algo, Peeeeeedro!

Ramón de España
6 min

El próximo miércoles asistiremos a uno de los paripés más notables de la política española contemporánea, el primer cónclave de esa mesa de diálogo entre el gobierno español y el catalán que, según Carmen Calvo, va a poner orden en la Cataluña que Rajoy y el PP destrozaron con su insensible reacción al nuevo estatuto de autonomía alumbrado por Pasqual Maragall (hace falta cuajo para echarle la culpa al PP de la actual situación catalana, pues Rajoy lo máximo que hizo fue empeorar una coyuntura que llevaba gestándose desde 1980, con el primer gobierno de Jordi Pujol, pero si cuela, cuela). A un lado de la mesa, los representantes del gobierno español, con Pedro Sánchez a la cabeza. Al otro, miembros de ERC y el PDeCat que se detestan mutuamente, encabezados, en teoría, por un cesante de la política, el inhabilitado Quim Torra.

De momento, la parte española del asunto (bueno, las dos lo son, pero si a Torra le hace ilusión creer que acude a la cita como presidente de la república catalana, ¿qué más nos da ya a estas alturas del sainete?) se ha mostrado más tolerante que la catalana: ¿que al señorito no le va bien el lunes porque tiene que celebrar el Día del Tortell Català en Vilamerda de l' Arquebisbe? Ningún problema. ¿Qué tal el miércoles? Los políticos nacionales saben que solo se representan a sí mismos y que su principal objetivo en esa reunión es alargar hasta la náusea su tiempo de estancia en el sillón; los regionales, por el contrario, creen representar a una nación milenaria y oprimida, aunque no representen ni a la mitad de la población catalana. Premio a la lucidez para los de Sánchez, quien nunca habría convocado la Mesa de marras de no verse obligado por las circunstancias. En el bando independentista, la lucidez es un concepto desconocido: tanto Torra como Aragonès creen que podrán hablar de la amnistía para sus compadres y de un nuevo referéndum de auto determinación, aunque ya les han dicho desde Madrid que esos temas no figuran en el orden del día.

Yo diría que el principal defecto de Sánchez (su obsesión por atornillarse al sillón presidencial hasta el Día del Juicio) puede ser también su mayor virtud. Si de él dependiera, con tal de seguir en su puesto de trabajo, aceptaría la amnistía y el referéndum y hasta incluiría a su propia madre en el paquete regalo. Pero sabe que, si lo hace, ese puesto de trabajo peligraría notablemente, pues a una gran mayoría de los ciudadanos no les haría ninguna gracia que un trepa se rindiera por conveniencia propia a los nacionalistas catalanes. Así pues, se trata de echarles algo a los separatistas para que le aprueben los presupuestos, pero no tanto como para que le cueste el cargo, que es lo que hay que conservar como sea: ¿de qué, si no, se iba a reunir él con esa pandilla de pelmazos monotemáticos que aburren a cualquiera con sus absurdos delirios?

A cambio de su presencia en la capital del Gran Satán Español, los separatas recibirán sonrisas a cascoporro, palmaditas en la espalda y comentarios displicentes sobre lo mala que es la derechona. Y puede que algunas transferencias menores, ya que las importantes se las guarda Sánchez para los vascos, como todo el mundo sabe. Es de prever que el presidente de verdad saldrá de la reunión diciendo que todo ha ido estupendamente, mientras el presidente ful (y, además, suplente) asegurará que todo ha sido un timo, pues esa es la misión que le ha encomendado Puigdemont: cargarse la iniciativa en la que participa. Los políticos de ERC y el PDeCat volverán a Barcelona odiándose un poco más que antes del viaje, pero asistirán a la próxima reunión, y a la siguiente, y a la de después, y a todas las que monte Sánchez a la espera de que lleguen las elecciones autonómicas catalanas y el hombre se aclare acerca de con quien tiene que bregar para no soltar el sillón.

En eso no anda desencaminado. A fin de cuentas, a Torra le quedan dos Tele Noticies, por lo que bastante hace Sánchez aparentando que prestará mucha atención a lo que vaya a decirle un inútil que no se sabe muy bien a quién representa ni por cuanto tiempo. ¡Lo que hay que hacer para comer por España!

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.