Y ahora, a por el Tribunal de Cuentas

Ramón de España
7 min

Tras la reacción del gobierno a la insufrible chulería de los presidiarios del prusés al recuperar una libertad que no merecen --si la pesadez fuese un agravante, deberían haberles caído diez años más--, me vino a la cabeza ese refrán que aconseja verlas venir, dejar que pasen y, si se te mean encima, decir que llueve. En fin, todo sea por la concordia y el sillón. Y si para ello hay que enmendarle la plana al Tribunal Supremo, se hace y punto. Y en cuanto otro estamento, aunque no forme parte del Poder Judicial, se empecine en hacer su trabajo, se le acusa de poner piedras en el camino (¿hacia dónde?) por persona interpuesta, que Pedro Sánchez no puede encargarse personalmente de todo. De eso se ha ocupado uno de sus esbirros máximos, José Luís Ábalos, que se ha apresurado a afearle la conducta al Tribunal de Cuentas, institución encargada de que no se tire a la basura el dinero de los españoles, especialmente cuando se hace para jorobarle la vida a todos ellos. Considera Ábalos, y en eso lleva razón, que el Tribunal de Cuentas no le facilita las cosas a su señorito al insistir en que los políticos del prusés devuelvan los monises que se gastaron en sus delirios soberanistas de hace unos años.

Pues no, no se las facilita porque no es ésa su función, sino vigilar a los listillos y poner coto a sus posibles despilfarros. De esta manera, el gobierno español les da la razón a todos esos lazis que ven venganza donde pretende haber justicia, pues, al parecer, todos los detallitos que se tengan con ellos son pocos. Mientras tanto, a los que sufrimos en su momento el fanatismo y la intolerancia de todos esos ganapanes patrióticos que ahora ven peligrar su patrimonio, que nos zurzan. Con nosotros no hay detallitos. Nos toca decir que sí a todo lo que propone el presidente --no fuésemos a crear alarma social--, olvidarnos de que los lazis pasaron de nosotros como de la mierda (con perdón) y, a ser posible, volverle a votar en las próximas elecciones para cerrarle el paso al fascismo o alguna chorrada semejante.

La separación de poderes es estupenda, salvo cuando pone en peligro tus planes y amenaza con hacerte la puñeta. En esos momentos, te la pasas por el forro, repartes moralina, te haces el bueno, recurres al Eclesiastés y te deshaces en detalles de hondo interés humano con gente que, en el fondo, te desprecia e interpreta interesadamente tus no menos interesados planes de concordia como debilidad del estado y fortaleza de su postura intransigente, intolerante, cerril y, en última instancia, estúpida. Si la intención de los presidiarios recién liberados era contribuir a la concordia sanchista, la verdad es que han tenido una manera muy peculiar de demostrarlo. Tan peculiar que dan ganas de volverlos a meter en la jaula a base de patadas en el culo. Si esa es su manera de crear un ambiente positivo para la reunión del próximo martes entre Sánchez y Aragonès, que Dios les conserve la vista.

Tampoco veo al niño barbudo que tenemos al frente del gobiernillo con un ánimo muy adecuado. El hombre solo quiere hablar de amnistía y de un referéndum acordado para la autodeterminación del terruño, que son, precisamente, los únicos dos temas de los que el gobierno no quiere saber nada. Si no se baja del burro, la primera reunión puede ser la última, aunque hay que esperar a ver qué conejos guarda Sánchez en la chistera (proporcionados, probablemente, por su fiel Iceta, templagaitas oficial del PSC): ¿un nuevo estatuto?, ¿nuevas transferencias?, ¿la promesa de no acercarse a la cartera de Mas-Colell, esa eminencia? Al niño barbudo todo le parecerá poco. Y si no se lo parece, tendrá que hacer como que sí para que los hooligans de la independencia no lo reciban a tomatazos cuando vuelva a Barcelona.

Tengo la impresión de que la mesa de diálogo, como los indultos, no servirá para nada más que alargar la tabarra indepe. Y creo que la misión del presidente del gobierno sería ponerse didáctico y decirles a los lazis que la autonomía no es el inicio de algo, sino el final. Que hasta aquí hemos llegado y que, si no les gusta, que se jodan, que es lo que llevamos haciendo sus víctimas desde hace un montón de años. A continuación, mi presidente ideal reformaría la constitución para ilegalizar los partidos separatistas --así es en las cartas magnas de muchos países, algunos de los cuales tienen el morro de decirnos que somos demasiado duros con nuestros independentistas--, pues sería por su propio bien: la situación actual es como decirle a un pedófilo que puede soñar con niños adorables, pero que si se los tira se le va a caer el pelo. Y ya puestos --me temo que me estoy viniendo arriba, ¡que alguien me haga callar!--, no estaría mal sustituir el ruinoso sistema autonómico por una España federal basada en conceptos que los separatistas no saben lo que significan: la solidaridad y la lealtad. Por pedir que no quede. ¿O es que los indepes son los únicos que tienen derecho a plantear quimeras?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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