¿Y si dejamos en paz a Companys?

Ramón de España
4 min

Cada año, coincidiendo con el aniversario de la ejecución de Lluís Companys, nuestros nacionalistas aprovechan para usarlo de ariete contra la democracia española. Insisten en que fue España, y no la dictadura franquista, la que asesinó al presidente de la Generalitat, una confusión muy conveniente para ir a lo suyo y mantener prietas las filas. Suele exigirse cansinamente por estas fechas que el Estado español pida disculpas a los catalanes y anule el proceso que condujo al fusilamiento. Solo falta exigir la resurrección del difunto.

De la misma manera que no creo que Felipe VI deba pedir excusas por todos los indios muertos a manos de las tropas de los Reyes Católicos, no me parece que la España democrática deba disculparse por lo que hizo la España dictatorial. ¿Y para qué tomarse la molestia de anular un proceso ya anulado de entrada por su origen viciado de justicia franquista, concepto rayano en el oxímoron? Los tiranos hacen esas cosas: fusilar al que les lleva la contraria y someter a su pueblo. Lo de Companys fue un crimen de Estado, de acuerdo, ¿pero de qué sirve seguir dándole vueltas al tema, como no sea para alimentar el mal rollo permanente hacia el país del que uno se quiere salir?

Companys se convierte en una figurita más del pesebre nacionalista, como Rafael Casanova y cualquiera que sirva para demostrar la maldad intrínseca de los españoles

Evidentemente, el hecho de que Companys fuese un gobernante desastroso, pusilánime y calzonazos --¿cómo definir a alguien que se hizo independentista de la noche a la mañana, azuzado por una amante cebolluda?--, bajo cuya administración, puesta patas arriba por los anarquistas, miles de armas fueron a parar a las peores manos, que las utilizaron para asesinar sin tasa, no justifica su ejecución, pero ésta, en cierta medida, otorga un final heroico a alguien cuya trayectoria política no fue especialmente brillante. O como dicen los italianos, un bel morir tutta una vita onora.

La República envió a Companys a la cárcel y la dictadura franquista lo ejecutó. Un hecho histórico lamentable, como tantos otros que se dieron en la convulsa España de los años treinta. Pero servirse de un muerto de antaño para mantener una agenda política de ahora mismo tampoco es muy digno de aplauso, pues suena a aprovechar todo lo que se tenga a mano para seguir yendo a lo suyo. En ese sentido, Companys se convierte en una figurita más del pesebre nacionalista, como Rafael Casanova y cualquiera que sirva para demostrar la maldad intrínseca de los españoles, entre los que no hay diferencia alguna: el fascista de los años 30, como el borbónico de 1714, es igual que el demócrata de principios del siglo XXI porque a alguien le conviene que así sea; y cuantos más se traguen la superchería, mejor que mejor, pues así se alimenta el odio al vecino, que es de lo que se trata.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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leborgne 18/10/2016 - 00:21h
Muy oportunas las reflexiones de este atinado y bienhumorado articulista.
JDuck 18/10/2016 - 13:13h
Estoy de acuerdo con Leborgne (y con Ramón de España). Y siguiendo con el buen humor, que buena falta nos hace, añado una reflexión: los devotos de “sant Companys”, que no le dejarán r.i.p. hasta que a los elefantes les crezcan alas, deberían agradecer al franquismo que convirtiera en “mártir” a un politiquero mediocre afanoso de poder que fue responsable directo o indirecto, por acción u omisión, de múltiples delitos de sangre…
JDuck 18/10/2016 - 13:14h
Todas las falsas religiones necesitan falsos mártires para lograr adeptos perversamente adoctrinados, y ni el nazionalcatolicismo ni el nazionalcatalanismo son excepciones. Después de todo, entre Pujol y Franco hay más de una semejanza…
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