Vuelve la burra al trigo

Ramón de España
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Resumen de la situación: tras intentar investir a un prófugo de la justicia como presidente de la Generalitat (sin éxito), se opta por un presidiario; como lo del convicto Sànchez tampoco cuela, se recurre a Turull --todavía intoxicado por las flatulencias de Rull, su compañero de celda-- que no logra ser investido porque entre la primera y la segunda vuelta me lo enchironan de nuevo; acto seguido, volvemos al presidiario de la ANC, que sigue sin colar; y tras la visita a Berlín de la plana mayor del régimen, Puchi insiste en que quiere ser presidente (¡o César o nada!) y que hagan el favor de investirlo por vía telemática.

Como cantaba el llorado Luis Aguilé, "y van pasando los días, van pasando las semanas, pero yo sigo en la playa, nunca me iré de esta playa". Esa enorme playa que es Cataluña sigue sin su David Hasselhoff, mientras Pamela Anderson insiste en visitar a Assange en vez de ofrecerse como candidata a presidenta de la Generalitat, aunque tendría muchas posibilidades de hacerse con el cargo porque a estas alturas todos estamos dispuestos a aceptar pulpo como animal de compañía.

Yo mismo, hace unas semanas, proponía a Pilar Rahola para el ansiado puesto, pero ahora ya me conformo hasta con Pilarín Bayés. Lo único que quiero es que esa pandilla de vagos se ponga a trabajar y deje de tocar las narices con candidatos imposibles. Hasta Mariano Rajoy se conformaría con cualquier pedecato que no estuviese fichado. Pero no hay manera. Puchi se ha venido arriba desde que es la Pimpinela Escarlata del soberanismo y no hay quien le chiste. Bueno, sí, los hay, pero no hablan muy alto y el otro hace como que no los oye: Junqueras está harto de trullo y ruega que se monte un gobierno a la mayor brevedad posible, el oráculo del régimen Toni Soler insinúa que Puchi debería dar uno de esos pasos a un lado tan populares últimamente en la política catalana, hasta Francesc-Marc Álvaro suplica un poco de realismo para poner orden en la situación, pero Cocomocho, ni caso, tú, como el que oye llover, con los cuatro matados de la ANC de Elisenda Paluzie que lo adoran va que chuta...

¿Por qué se empeña Puigdemont en alargar hasta la náusea una situación que no lleva a ninguna parte?

A no ser que sea tonto de capirote, Puchi es el primero en saber que no va a presidir la Gene en lo que le queda de vida. ¡Pero si él mismo lo reconoció cuando dijo que su futuro consiste en años de exilio o de talego! ¿Por qué se empeña en alargar hasta la náusea una situación que no lleva a ninguna parte? Yo creo que porque está encantado con su importancia: periodista subvencionado y funcionario del régimen, nunca pensó que podría llegar a convertirse en el icono de la Cataluña irredenta; como, gracias a sus amigos millonetis, no pasa el hambre canina de la pobre Anna Gabriel, se mantiene en sus trece porque sabe que en cuanto se nombre un presidente viable de la Generalitat, su estatus heroico irá disminuyendo hasta desaparecer. También sabe que controlar las cosas desde Bruselas no lo tiene garantizado, aunque sitúe a un mini-me en la plaza de Sant Jaume. ¿Y si coloca a Artadi y luego le sale la criada respondona y empieza a decidir por su cuenta?

A Puchi le importan un rábano los presos, los demás exiliados y hasta Cataluña entera. Aspira a un imposible ritorna vincitore que ni él mismo se cree. Pero, mientras tanto, disfruta tocando las narices urbi et orbi. Nunca había sido tan conocido. Nunca había sido tan feliz.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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