Vigencia del 'raca raca' de Peridis

Ramón de España
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No envidio a los letrados del Parlament. Su oficio es, en estos momentos, uno de los más deprimentes que se pueden desempeñar en Cataluña. De hecho, para el caso que les hacen los políticos, se podría desmantelar el departamento y devolver a sus miembros a la vida real, donde encontrarían más alicientes profesionales, ya que en el Parlament se han convertido en unos peculiares convidados de piedra cuya opinión le entra al señor Torrent​ por una oreja y le sale por la otra, a no ser que coincida con la suya, lo que últimamente no sucede con mucha frecuencia.

Los letrados en cuestión no ven muy claro que un prófugo de la justicia española momentáneamente alojado en una prisión alemana pueda votar como si fuese una persona decente. Los que están en el trullo en España, vale, pues han dado la cara y han aceptado las consecuencias de sus actos, pero alguien que se da el piro, no. Eso lo entiende cualquiera menos el señor Torrent, que solo entiende lo que quiere entender, como casi todos los políticos independentistas, empeñados en que el prusés no termine nunca.

Formar gobierno y librarse del 155 es lo de menos: donde esté el raca raca de Peridis, que se quite todo

Yo creo que hay un antes y un después de la catarsis republicana, tan necesaria para unos y otros después de cinco interminables años en los que a punto estuvimos todos de que nos estallara la próstata. Aquello era un latazo inaguantable: los indepes promulgaban una ley absurda, pasándose por el forro a los pobres letrados del Parlament, y el Gobierno central los enviaba al Constitucional. Cinco años chinchándose mutuamente independentistas y constitucionalistas, pero sin llegar nunca a las manos entre el temor del provocador y el tancredismo del provocado. ¡Menuda tabarra! Por eso nos vino tan bien que Puchi se zumbara del todo, declarara instaurada la república y que fuese lo que Dios quiera. La cosa era un horror, de acuerdo, una estupidez, un remake de lo de Companys en 1934, ¡pero por lo menos había pasado algo! Una vez consumado el delirio sucedió lo habitual en estos casos: políticos cesados y detenidos, fuga rocambolesca del líder y sus leales, cabreo de la masa indepe, indignación permanente de Pilar Rahola, prodigiosas jeremiadas a cargo de Ramón Cotarelo, Òmnium y la ANC haciendo horas extras, nacimiento de los Comités de Defensa de la República, porrazos de los mossos...

Lo normal --aunque no haya nada normal en toda esta triste historia-- es que los supervivientes del naufragio se hubiesen dado prisa en formar un gobierno presidido por cualquiera que no estuviese fichado y seguir conspirando con discreción para intentar liarla de nuevo dentro de diez o quince años (y seguir viviendo del erario público mientras tanto). Lo que se ha hecho es todo lo contrario: instalarse en el procesismo y dedicarse a buscar candidatos imposibles a la presidencia de la Generalitat. ¿Qué harán cuando les tumben a Puigdemont? Pues volver a intentarlo con Sànchez o con su compañero de celda, aunque se trate de un preso común condenado por exhibirse a la entrada de un colegio de niñas. ¡El caso es alargar la tabarra y negarse a reconocer que el golpe salió mal y hay que plegar velas con los menores desperfectos posibles! Lo importante es que no decaiga la pesadez de los últimos años. Menos pasar página, cualquier cosa. Formar gobierno y librarse del 155 es lo de menos: donde esté el raca raca de Peridis, que se quite todo.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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