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El cobrador de la toga

Ramón de España
6 min

El prusés fue un despilfarro, absurdo y con dinero ajeno, cuyas facturas se siguen pagando a día de hoy. De ello se encarga el Tribunal de Cuentas, que no para de recordarles a los de los bolsillos agujereados (en tiempos llenos de dinero público) que pusieron la pasta de todos en beneficio de unas inversiones ruinosas que solo les interesaban a ellos. Los afectados, a todo esto, se quejan. Como viven instalados en la cómoda falacia de que todo lo hicieron por Cataluña, se sorprenden y se indignan ante cada nueva factura del Tribunal de Cuentas, que tiene presente hasta el último euro que tiraron en su inútil desafío al estado y se ha propuesto recuperar el dinero arrojado por el retrete.

A un tal Royo, factótum de esa entelequia conspirativa que es el Diplocat, le quieren soplar casi cinco millones de euros de los que no dispone y que no van a salir de la famosa Caixa de Resistència porque está prácticamente vacía, dado que los patriotas están hartos de tirar dinero a un pozo sin fondo que solo sirve para arreglarle la vida a gente que siempre ha vivido mucho mejor que ellos. Una tal Rigau se lamenta de que el estado la quiere dejar sin patrimonio, queja muy extendida entre nuestros revolucionarios burgueses con segunda residencia. A un tal Mas, alias el Astut, le van a acabar embargando hasta el tupé. Y todos ponen cara de yo-no-fui y fingen sorpresa ante la actitud (supuestamente) vengativa del estado, al que solo le falta ponerle a cada uno un cobrador del frac (o una pantera rosa) que les siga por las calles de Barcelona como aquel sujeto del patinete seguía a un tal Pujol, del que no se ha vuelto a saber nada desde que se descubrió que tenía las manos muy largas y aspiraba a ser el Harvey Weinstein de la post Convergencia.

Enfrentarse a un estado dictatorial (cosa que no hicieron la mayoría de los morosos patrióticos cuando el franquismo) es justo y necesario, pero desafiar a un estado democrático resulta, además de mezquino, discutible moralmente (así como meter cizaña en una comunidad y dividirla entre ciudadanos de primera y de segunda). Los morosos no tuvieron en cuenta que, si al estado dictatorial se le tiene terror, el estado democrático debe inspirar algo parecido a ese temor de Dios que distingue a los creyentes. El estado democrático es tolerante y propenso al diálogo, pero no se presta al pitorreo gratuito. Aún recuerdo cuando Joaquim Forn declaró que a lo sumo pasaría dos noches en el calabozo y va ya para cuatro años de trullo. En un estado democrático, el que la hace la paga, llámese Tejero, Mas, Puigdemont, Rigau o Royo. Y si te has tirado un tiempo despilfarrando el dinero del estado para destruir a ese estado y la maniobra es detectada, tienes muchas papeletas para que se te caiga el pelo. Eres muy dueño de llamarlo venganza, castigo, represión o lo que se te ocurra, pero la verdad es que te has gastado un dinero que no era tuyo en algo que no contribuía a la armonía nacional y lo vas a tener que devolver si no quieres que te embarguen o te envíen al talego. Y las excusas de mal pagador, te las metes por donde te quepan mientras piensas que si no te hubieras apuntado tan alegremente al fregado, no tendrías nada que temer y este verano podrías ampliar la piscina de la casa del Ampurdán y hasta comprarte una estelada más grande que la del vecino.

Tras las últimas decisiones del Tribunal de Cuentas hay treinta nuevos aspirantes a ser seguidos discretamente por el Cobrador del Frac (o de la Toga, en este caso). Sus quejas y lloriqueos son muy útiles para llenar los Telenotícies, el FAQS y el Més 3/24, pero a muchos catalanes no nos conmueven. Sabemos que a estos patriotas de alto standing nada les afecta más que los ataques a su cartera, y hasta los lazis están cansados de financiarles las farras y salvarles los muebles del embargo. A ver si así les entra en la cabeza de una maldita vez que el estado democrático tiene maneras de defenderse de quienes pretenden destruirlo desde una posición social que, además, no les permite presentarse precisamente como parias de la tierra.

Chicos y chicas, apostasteis un dinero que no era vuestro a un número equivocado y lo perdisteis todo. En consecuencia, el casino agradecería que apoquinarais lo invertido de forma tan poco juiciosa. Las quejas y los llantos, para TV3. Las facturas van llegando y más vale que las paguéis si no queréis acabar entre rejas. Y parece mentira que gente de vuestra edad tenga tan poco seny, francamente.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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