Menú Buscar
Pásate al modo ahorro

Torra y Otegi, estrellas invitadas

Ramón de España
6 min

La figura de la estrella invitada (a los mítines) es muy común en las campañas electorales. En las catalanas, casi nunca falta Arnaldo Otegi, al que los lazis consideran el Gandhi de Euskadi y los demás, un indeseable que nunca ha condenado los asesinatos de sus amigos de la capucha y un oportunista que rechazó el crimen patriótico cuando se dio cuenta de que resultaba más negativo que positivo para su birria de causa. En la Cataluña indepe se le quiere con locura, y hasta los padres de familia (que se consideran) más respetables se pirran por hacerse un 'selfi' con él, como si no fuera el fanático primario y despreciable que nunca ha dejado de ser. Hace unos días, los de Junts x Puchi se lo trajeron a Girona para que insuflara moral a la tropa e impartiera uno de sus cursos acelerados de confrontación inteligente y pacifismo agresivo (Arnaldo es el rey del oxímoron).

Para no ser menos, Quim Torra también se ha prestado a decir cosas en un mitin en Granollers, dado que el hombre se resiste a su cómoda irrelevancia e insiste en hacerse notar. Puede que otro se quedara en su palacete de Girona, con sus ayudantes, su secretaria y su chófer (que le financiamos entre todos porque la actitud catalana hacia sus ex presidentes es una vergüenza absoluta), tocándose las narices a tres manos o redactando sus esperadísimas memorias mientras disfruta de la pasta gansa que le cae cada mes por haberse tirado dos años convirtiendo Cataluña en un lugar más desagradable de lo que ya era antes de que a él lo señalara el dedo de Puigdemont para hacerle de sustituto, aunque sin entrar en su despacho, que eso es territorio sagrado. Pero a en Quim nostro no le gusta pasar desapercibido y cree que aún puede, dentro de sus capacidades, seguir envenenando el ambiente de ese paisito al que tanto dice amar. Es indudable que anda sobrado de tiempo libre. De ahí su nuevo dietario, sobre la primera fase del coronavirus, que imagino tan apasionante como el que ya publicó sobre sus aventuras en Suiza como agente de seguros y que, si no ha salido ya a la venta, debe estar al caer. Y de ahí su presencia el otro día en un mitin de JxCat en Granollers, donde se presentó con lo que en su mente enferma debe considerar una idea fuerza: no ha habido unidad anti represiva frente a las, según él, injustas acusaciones de corrupción que sufre la pobre Laura Borràs, ese dechado de patriotismo, identidad y corpulencia.

A Torra no le parece bien que otros partidos indepes arruguen la nariz ante las más que sospechas que se ciernen sobre La geganta del Pi por presuntas corruptelas en beneficio de un amiguete un pelín mangante cuando estaba al frente de la ILC. Si Borràs se niega a dar explicaciones de sus trapis (término utilizado por el presunto chorizo que se benefició de su generosidad con el dinero público) para no colaborar con las cloacas del estado, Torra exige fe ciega en la número dos de la lista de JxCat (número uno en la práctica, ya que Puchi, aunque gane las elecciones, no piensa dejarse ver por Cataluña para que no lo entrullen). Albergar cualquier duda sobre la honestidad de Borràs es para en Quim nostro un delito de lesa patria: algo así solo lo pueden pensar enemigos de la república-que-no-existe-idiota como Illa, Fernández o Carrizosa. Lamentablemente, también parecen tener la mosca tras la oreja Aragonès, Sabater o Chacón, lo cual los convierte de inmediato en malos catalanes a los que no hay que votar jamás.

¿Son tan solo las ganas de figurar lo que mueve a Torra? ¿Planea algún tipo de retorno a la política activa? ¿Bastaría con subirle la pensión para que se callara la boca? Ya que no eliminamos las prebendas absurdas de nuestros ex presidentes, ¿no podríamos añadir una cláusula a su jubilación que, costara lo que costase, los obligara a mantenerse en silencio y limitarse a chupar del bote? ¿Cuánto cuesta el silencio de un inútil malintencionado y con pujos de intelectual? No tengo respuesta para todas estas preguntas, pero si todo es cuestión de pasta, me ofrezco a poner mi parte sin rechistar.

Artículos anteriores
¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.