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Toni Comín es un cenizo

Ramón de España
4 min

Algunos indepes intentan hacer pasar por amor a Cataluña lo que en realidad es odio a España. El beato Junqueras es un especialista en ese asunto. Otros no se molestan ni en disimular, como el fugado Toni Comín, que practica, casi en solitario (le siguen ciertos orates del columnismo digital como Víctor Alexandre, Santiago Espot o Ramón Cotarelo, de la célebre firma Cotarelo & Talegón, Agencia de Intoxicación), un subgénero del odio a España centrado en cuestiones económicas. Lo suyo no son las grandes soflamas --aunque estuvo magnífico en el puente que le llevaba a Francia, pero que no cruzaba ni a tiros, cuando dijo aquello de ¡No tenim por!--, sino los pellizcos de monja inspirados por la pesetita (o el eurito).

No hace mucho declaró que había que hacer daño a España en la economía, mientras pedía sacrificios a los catalanes; unos sacrificios que él, que está living la vida loca en Bélgica, no parece muy dispuesto a compartir. Ahora ha recuperado su tema favorito, pero haciéndolo extensivo a toda Europa. Se trataría de joder la marrana en las finanzas de la Unión Europea hasta que le hagan caso. Para un tío al que le acaban de conceder un pase (provisional y de un día de duración) para acceder al Parlamento Europeo, no está nada mal, ¿verdad? Es como decirle al señor Sassoli: “Gracias por invitarme a su Parlamento, pero le advierto que me pienso mear en las cortinas y ciscarme en los escaños de los diputados, sean del país que sean”. ¡Justamente la clase de persona que necesita un parlamento supranacional!

Aunque no es fácil precisar el grado de vileza de fugados y presidiarios independentistas, yo diría que Comín entra en el Top Ten por la banda alta. Trepa hasta decir basta, ha pasado por varios partidos políticos hasta recalar en ERC mientras esperaba una oferta mejor. Todos coinciden en afirmar que su padre, Alfonso Carlos Comín, dirigente tiempo ha de Cristianos para el Socialismo, era una bellísima persona: tal vez por eso, el pequeño Toni no se llevó las bofetadas que se merecía en su momento. Hace unos días vi a su madre por la tele y me quedé con las ganas de que, mirando a cámara, le dijese: “Vuelve a Barcelona, que te voy a dar todos los sopapos que no te dio tu padre”. No pudo ser. La viuda del pobre Alfonso Carlos había mutado en lazi desatada y, además, todos sabemos lo que es el amor de madre.

Van Gaal le diría a Comín aquello tan bonito de: “Tú siempre negatifo, nunca positifo”. Yo opto, en la distancia, por tildarle de cenizo o más bien de malaje, que es un cenizo con mala baba. Espero por su bien que nadie en Europa haya leído su entrevista en el Ara, pues igual no me lo acreditan nunca como europarlamentario. Es lo que yo haría ante un tipo que viene a mi casa a joderme la vida y además avisa de que ésa es su intención. Recapacite, signor Sassoli, que aún está a tiempo de deshacerse de semejante perla.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.