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Se buscan exorcistas

Ramón de España
4 min

En La última noche de Boris Grushenko hay una secuencia en la que Woody Allen, que interpreta el papel de un soldado, recibe la orden de su superior de limpiar el comedor y las letrinas. “A sus órdenes”, contesta Woody, “Pero, ¿cómo lo haré para distinguirlos?” El párroco de Roses, Josep Puig, se expresaba el otro día en TV3 en parecidos términos. Acaba de ser nombrado por el papa Francisco exorcista oficial de la diócesis y no tiene muy claro cómo distinguir a los majaretas de los poseídos por el diablo. Dice que ha solicitado una especie de manual al obispado y que ya veremos qué tal se le da lo de expulsar al maligno si algún día se ve en semejante tesitura.

Mi amigo Ignacio Vidal–Folch publicó hace un tiempo un artículo en el que clamaba por la llegada urgente a Cataluña de trenes cargados de psiquiatras que se hiciesen cargo de los independentistas. Pero yo me pregunto: ¿y si lo que necesitamos son exorcistas? ¿Y si Belcebú se las ha apañado para poseer a dos millones de nuestros conciudadanos? Afortunadamente, caso de ser así, es obvio que no se ha encargado personalmente del asunto --como en otros tiempos, cuando se metía en el cuerpo de Hitler, Stalin o Charles Manson--, sino que ha delegado en los íncubos más tontos y chapuceros que tenía a mano, como demuestran las posesiones de Torra, Puigdemont y demás lumbreras de la república catalana.

¿Dónde está aquel man of wealth and taste del que hablaban The Rolling Stones en su magnífico tema Sympathy for the devil? Yo ya entiendo que, tal como está el patio en el planeta Tierra, Satán no puede encargarse de todo personalmente. Como Mick Jagger, yo también puedo sentir compasión por el diablo. Pero una cosa es ser selectivo y otra, no dar un palo al agua. Los demonios que habitan en Donald Trump, Vladimir Putin y Kim Jong-un ya no son gran cosa, si los comparamos con los del pasado, pero es que los que nos ha enviado a Cataluña son, directamente, un espanto y la viva encarnación de la chapuza.

De todos modos, al padre Puig le ha salido trabajo a espuertas, y no parece muy preparado para la misión que le ha encomendado el Santo Padre. ¿Cómo distinguir al cebolludo --de toda la vida o sobrevenido-- de la víctima de una posesión demoníaca? De momento, podría ir visionando el documental que William Friedkin ha dedicado al exorcista italiano Gabriele Orth, décadas después de haber rodado con Max Von Sydow El exorcista. Y, sobre todo, pedir refuerzos al Vaticano. Dada la situación que vivimos desde hace años en Cataluña, no es descartable que haya fuerzas oscuras tras el prusés y que no nos basten los trenes cargados de psiquiatras que solicitaba Ignacio. Y demos gracias al cielo de que los diablejos enviados a Cataluña por Satanás sean de una torpeza inverosímil, pues en caso contrario ya estaríamos en plena guerra civil.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.