Se apoquina, pero a regañadientes

Ramón de España
5 min

En una de sus célebres perogrulladas, Josep Pla sostenía que había grandes diferencias entre el hecho de cobrar y el de pagar, hasta el punto de que podían considerarse dos cosas absolutamente distintas. No sé si el consejero Elena tenía presente la humorada del hombre de la boina cuando el Tribunal Constitucional dijo que había que devolver el dinero recaudado con las multas del primer estado de alarma, pero lo cierto es que le ha costado un poco asumir la orden. En principio, las dudas vienen con el cargo, pues todo político lazi que se precie –aunque se trate de un converso procedente del PSC, como el señor Elena— muestra cierta tendencia a pasarse por el arco de triunfo las instrucciones de la justicia española. Y, además, Elena podía agarrarse al hecho de que el asunto en cuestión se enmarcaba en la política de transferencias y, en principio, quedaba al albur de las autoridades catalanas y vascas, únicas en España a la hora de disfrutar de semejante privilegio. Los vascos enseguida dijeron que sí, que les devolverían la pasta a los multados. Pero los catalanes, por boca del señor Elena, dijeron que se lo estaban pensando: parece que prescindir de esos cuatro milloncejos que habían recaudado durante el primer estado de alarma (un día de estos se decide qué pasa con los monises ingresados durante el segundo, que igual también resulta que es inconstitucional) se le hacía un poco cuesta arriba a nuestro hombre. Pla estaba en lo cierto: no es lo mismo cobrar que pagar. ¡De hecho, no tienen nada que ver!

Finalmente, el consejero Elena ha dicho que sí, que devolverá la pasta inconstitucionalmente recaudada, pero hacerlo arrastrando los pies, con esa actitud a lo “Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita”, ya lo ha hecho quedar como un cochero y un amarrete (que es como llaman en Argentina a los roñicas). Puede, incluso, que el gobiernillo ya les hubiese encontrado algún uso a esos cuatro millones de euros. O que ya se los hayan gastado en alguna memez de corte patriótico: personalmente, tiemblo ante el uso que haga la Generalitat de los fondos Next Generation de la Unión Europea… Aunque tampoco me fíe mucho de lo que haga con ellos la Administración Sánchez.

El gesto de Elena forma parte de la actitud general de nuestros gobernantes más cercanos ante cualquier iniciativa procedente de España, que es, por definición, sospechosa de injusticia y represión hacia la Cataluña catalana. Afortunadamente para los acreedores, quedarse el dinero para sus cosas habría dado una imagen muy mezquina del gobierno autónomo, además de constituir una ofensa para los que aforaron en su momento mientras una enorme cantidad de multados se hacían los suecos y no sacaban la cartera ni que los mataran. Permitir que la CUP vigile a los mossos (hasta van a disponer de una oficina al respecto) mientras manifiesta públicamente estar de su lado ya es de traca. Quedarse el dinero de una gente que hizo un sacrificio económico para no saltarse la ley resulta excesivo hasta para alguien como Elena, capaz de cambiar de partido como el que cambia de calcetines, en la línea de titanes del transfuguismo como Ferran Mascarell o el fugado Toni Comín. Su problema es que lo hemos pillado dudando cuando estaba legal y moralmente obligado a desprenderse de cuatro millones de euros. Que hasta los vascos nos pasen la mano por la cara a la hora de pagar las deudas da un poco de vergüenza, francamente. A no ser que consideremos las dudas de Elena una extraña forma de patriotismo consistente en reforzar el tópico del catalán tacaño, que tanta simpatía despierta en España desde hace siglos. No, no es lo mismo cobrar que pagar, pero a veces no queda más remedio que apoquinar, señor Elena.

Artículos anteriores
¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

Puede seguir todas las colaboraciones de Ramón de España en Crónica Global y Letra Global en este canal de Telegram.