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La apretada agenda del cesante

Ramón de España
5 min

Quim Torra es un hombre muy ocupado. No sabemos en qué, pues resulta evidente que, en su condición de mayordomo de Puigdemont, no le hemos visto deslomarse precisamente durante el tiempo que lleva haciendo como que preside la Generalitat. Concentrado exclusivamente en el prusés, no se sabe que Torra haya abordado ningún otro aspecto de la realidad catalana, aunque hay que reconocerle que, en cuanto ha dispuesto de un minuto libre, se ha plantado en el Aplec del Cargol de Vilamerda de l´Arquebisbe o en la Festa de la Ratafía de Riupixats del Baix Ventre, pues es un hombre que distingue como nadie lo importante de lo accesorio.

Pedro Sánchez le acaba de proponer montar la primera reunión de la famosa Mesa de Trabajo entre el Estado y la Generalitat el próximo lunes, pero parece que al estajanovista que tenemos de guardés de Can Puigdemont no le viene bien. O, mejor dicho, lo que no le ha gustado nada es que le impongan la fecha del cónclave sin consultárselo previamente: primero, le dicen que se meta el mediador internacional donde le quepa; después, le informan de que esa reunión que, aparentemente, tanta ilusión le hacía es para pasado mañana, prácticamente; ¿qué será lo próximo?: ¿decirle que si insiste en reclamar amnistía para los amigotes en presidio y un nuevo referéndum de autodeterminación no hace falta que se presente a la reunión? Ya se sabe que los españoles, prepotentes de natural, son capaces de eso y de cosas peores.

Como no vive en el mundo real, Torra se ofende por cualquier cosa. Él se considera el presidente (accidental) de una nación milenaria, pero solo es un iluminado con mal café que está al frente, por cortesía de un chiflado huido de la justicia, de un gobierno regional. Ya puede esmerarse Torra en recibir a Sánchez en la Gene como si fuese el máximo mandatario de un país extranjero, que éste no se da por aludido y sigue creyendo, como la mayoría de los españoles, que el gobierno de la nación real está jerárquicamente por encima del de una nación imaginaria. Por eso lo convoca el lunes que viene sin consensuar nada, porque donde hay patrón, no manda marinero, como dice el refrán.

Alude Torra a que la premura de Sánchez puede causarle graves problemas de agenda. Yo no sé qué compromisos puede tener un muerto viviente, al borde del cese e inhabilitado para el cargo que usurpa, que puedan parecerle más importantes que reunirse con el presidente del gobierno español. Ya sé que Torra cree vivir en la república catalana y que la reunión con Sánchez es para él una clara muestra de relación bilateral entre países vecinos, pero lo cierto es que la Mesa de Trabajo de marras solo es una concesión del país real al paisito imaginario para intentar que las cosas no empeoren y, sobre todo, para que Sánchez pueda permanecer atornillado al sillón presidencial todo lo posible.

No descarto que el lunes pueda tener Torra una reunión fundamental con los fabricantes de ratafía, con la Asociación Nacional de castellers o con el Club d´Amics del Caganer Català, pero tal vez debería cancelarla en aras a la mejora de relaciones entre la Cataluña que él representa y el estado que la oprime. A no ser, claro está, que haya recibido instrucciones precisas de Puchi para entorpecer todo lo que pueda el supuesto diálogo que tanto parece motivar a esos botiflers de ERC, con el charnego Rufián a la cabeza. Lo que no sería de extrañar.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.